Placenta previa
Placenta que llega hasta el orificio interno del cuello uterino o lo cubre; si su borde queda a menos de 20 mm sin tocarlo se llama placenta baja. Se ve en la ecografía de la semana 20, pero la mayoría se aleja del cuello al crecer el útero y se reevalúa en torno a la semana 32. Si persiste, puede causar sangrado indoloro en el tercer trimestre y suele requerir cesárea.
En el informe ya solo caben dos palabras: previa o baja
Durante décadas la placenta previa se clasificó en grados —marginal, parcial, total u oclusiva—, y esos nombres siguen apareciendo en muchas páginas y en algunos informes. La guía del Real Colegio de Obstetras británico, en su versión de 2026, mantiene la clasificación que ya proponía en 2018 y que es mucho más sencilla: a partir de la semana 16, si el borde de la placenta toca o cubre, aunque sea en parte, el orificio interno del cuello uterino, se llama placenta previa; si no llega a tocarlo pero su borde está a menos de 20 mm, placenta baja; y si está a 20 mm o más, es una placenta normal. La razón del cambio es práctica: un protocolo de medida estandarizado es más reproducible que los grados, que dependían de a quién le tocara mirar.
Lo que cuenta, por tanto, es un número: la distancia en milímetros entre el borde de la placenta y el orificio interno, que conviene buscar en el informe más que el adjetivo. Esa misma guía recoge que la frecuencia de la placenta previa en la segunda mitad del embarazo oscila entre 1 de cada 50 y 1 de cada 500 embarazos, una horquilla tan amplia porque depende de la semana en la que se confirma, de si se usa ecografía vaginal y de la cantidad de cesáreas previas y de embarazos por FIV en cada población. El factor de riesgo que más pesa es la cesárea anterior, y pesa más cuantas más cesáreas: la incidencia pasa de unos 10 casos por cada 1.000 partos tras una cesárea a 28 por cada 1.000 tras más de tres.
La placenta no sube, pero casi siempre acaba lejos del cuello
El diagnóstico que más asusta en la ecografía de la semana 20 es también el que más se deshace solo. A lo largo de la segunda mitad del embarazo se forma y se estira el segmento inferior del útero, y eso aleja el borde de la placenta del cuello; es lo que se llama «migración placentaria», aunque la placenta no se mueva de sitio. Según la guía británica, más del 90 % de las placentas descritas como bajas en la ecografía abdominal del segundo trimestre ya no lo son antes de la semana 37. Una revisión sistemática de 11 estudios con 3.586 mujeres con placenta baja en el segundo trimestre encontró que en más de dos tercios la placenta estaba entera en el segmento superior en el tercer trimestre.
La distancia inicial predice bastante bien lo que va a pasar: cuando el borde estaba a más de 10 mm del orificio, la resolución es casi universal. Por eso el control clave se hace en torno a la semana 32, con ecografía vaginal si hace falta, que es más precisa que la abdominal para distinguir placenta baja de previa. Y es segura, también en mujeres que han sangrado: la sonda no entra en el cuello ni toca la placenta. Si la placenta sigue baja al final, la distancia también orienta el parto. En un metaanálisis de diez estudios, el parto vaginal salió adelante en el 43 % de las mujeres con el borde a 0-10 mm, en el 85 % a 11-20 mm y en el 82 % por encima de 20 mm. Es decir, una placenta baja al final del embarazo no obliga siempre a una cesárea, y la decisión se individualiza.
Si te lo han puesto en el informe: qué cambia y qué no
Con una placenta baja o previa sin síntomas, el seguimiento suele ser ambulatorio: no hace falta ingresar ni guardar reposo, y la guía británica recomienda ofrecer la ecografía de control de la semana 32 para planificar el parto. Lo que sí cambia es la respuesta ante un sangrado. Cualquier sangrado vaginal en la segunda mitad del embarazo con una placenta baja o previa es motivo para ir a urgencias, aunque no duela y aunque pare solo. En el hospital se valora sin hacer tacto vaginal hasta saber dónde está la placenta. Si el sangrado aparece antes de tiempo, puede plantearse una tocólisis durante 48 horas para dar margen a los corticoides que maduran los pulmones del bebé; en cambio, el cerclaje del cuello no se recomienda. Sin síntomas, la guía aconseja planificar el nacimiento como muy tarde a las 37+6 semanas, porque el riesgo de hemorragia crece al avanzar la gestación.
Si tienes una cesárea anterior, el dato de la placenta previa pesa más, porque abre la pregunta del acretismo: que la placenta se adhiera a la cicatriz más de la cuenta. En un estudio multicéntrico estadounidense con más de 30.000 cesáreas, el riesgo de placenta acreta en mujeres con placenta previa fue del 3 % con una cesárea anterior, del 11 % con dos, del 40 % con tres, del 61 % con cuatro y del 67 % con cinco o más. Por eso en ese escenario la ecografía de la semana 20 busca signos de acretismo y el caso se valora en un centro con experiencia. Un matiz frente a lo que se lee a menudo: donde hay ecografistas con experiencia, la guía británica no recomienda hacer resonancia de rutina para evaluarlo.
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