Placenta
Órgano temporal que se forma durante el embarazo y actúa como interfaz entre la madre y el bebé: transfiere oxígeno y nutrientes al feto y elimina sus desechos. Se expulsa tras el parto en el alumbramiento.
Anterior, posterior o fúndica: lo que dice la localización y lo que no
Casi todos los informes de ecografía llevan una línea sobre la placenta, y lo primero que describe es dónde está: anterior si se ha insertado en la pared del útero que da a tu tripa, posterior si está en la que da a la espalda, fúndica si ocupa el techo del útero y lateral si se ha ido hacia un lado. Ninguna de esas posiciones es mejor ni peor que otra. La única localización que cambia de verdad el embarazo es la que está cerca del cuello del útero, que en el informe aparece como «placenta baja» o «placenta previa» y tiene su propia ficha. Si la tuya es anterior, posterior o fúndica y no pone nada más, esa línea es pura descripción.
Lo que sí arrastra la placenta anterior es una fama: la de que impide notar al bebé. Un estudio prospectivo británico publicado en 2026 lo puso a prueba con 61 embarazadas a las que se hizo ecografía a las 32-34 y a las 36-38 semanas mientras ellas marcaban cada movimiento que notaban. Ni los movimientos que registraba el ecógrafo ni los que percibían las madres tenían relación con la posición de la placenta; lo único que influía era el índice de masa corporal y la edad materna. Otro dato de ese estudio pone las cosas en su sitio: las madres percibían en torno al 10-11 % de los movimientos que veía la ecografía, con cualquier placenta. Es un estudio pequeño y del tercer trimestre, pero basta para una conclusión práctica: una placenta anterior nunca es motivo para quitar importancia a que el bebé se mueva menos de lo habitual.
Los grados de Grannum y las calcificaciones: cuándo importan
La otra palabra que asusta es «calcificada». Los grados de Grannum clasifican el aspecto ecográfico de la placenta de 0 a III según los depósitos de calcio y los pliegues que van apareciendo en sus caras: el grado 0 es una placenta homogénea, propia del principio del embarazo, y el grado III es la placenta con calcificaciones y tabiques bien marcados, que es lo esperable al final. Calcificarse es parte de la maduración normal del órgano, no una señal de que esté fallando. Durante años se abandonó la clasificación en la práctica diaria porque su valor clínico parecía escaso, y muchos ecografistas ya ni la anotan.
Lo que ha vuelto a ponerla en discusión es el grado III antes de tiempo. Un metaanálisis de 2025 con nueve estudios de cohortes definió la calcificación prematura como grado III antes de la semana 36+6 y encontró que se asociaba con el doble de riesgo de bebé pequeño para su edad gestacional (riesgo relativo 1,99) y con más preeclampsia (riesgo relativo 5,27). También la relacionó con más restricción del crecimiento (riesgo relativo 2,31) y más ingresos del recién nacido en la unidad neonatal (1,80). En cambio, no encontró diferencias significativas en muerte fetal o neonatal, en cesáreas ni en el peso al nacer. Son estudios observacionales: el grado III precoz no diagnostica nada por sí mismo, pero es razonable que lleve a vigilar el crecimiento y la tensión arterial con algo más de atención. Una placenta grado III a partir de la semana 37 no tiene ese significado.
Después del parto: cuándo se manda a analizar y qué hacer con tu informe
Tras el alumbramiento, la matrona revisa la placenta para comprobar que ha salido entera, y en ciertos casos se envía a anatomía patológica. No se hace con todas: se reserva para situaciones concretas, y en las guías británicas los casos prioritarios son los partos antes de la semana 32 y las muertes fetales a partir de la semana 18. El estudio sirve para entender qué pasó, orientar los cuidados del recién nacido y aconsejar de cara a otro embarazo. Aun con criterios claros se escapan casos: un proyecto de mejora publicado en 2026 en dos maternidades del Reino Unido vio que al principio solo se enviaba el 80 % de las placentas de partos prematuros que cumplían criterios, y lo subió a casi el 100 % guardándolas 48 horas en una nevera del paritorio. Si tu parto ha sido complicado y quieres que se estudie, puedes preguntarlo antes de que se deseche.
El informe de patología usa una terminología consensuada en 2016 por el grupo de Ámsterdam: malperfusión vascular materna, cuando a la placenta le llegaba poca sangre de la madre; malperfusión vascular fetal, cuando el problema estaba en la circulación del bebé; maduración vellositaria retrasada; patrones de infección ascendente, que incluyen la corioamnionitis y la funisitis; y villitis de causa desconocida, una inflamación de las vellosidades sin germen identificado. Si la ecografía dice anterior o posterior sin más, no hay nada que hacer. Si dice grado III antes de la semana 37, pregunta si se va a repetir el control de crecimiento. Y si recibes un informe de anatomía patológica, guárdalo y llévalo a la primera consulta de tu próximo embarazo, porque es justo la información que sirve para planificar su seguimiento.
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