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Nidar
— Glosario · Letra T

Tocólisis

Tratamiento farmacológico para inhibir o retrasar las contracciones prematuras. No detiene el parto de forma definitiva, pero puede ganar tiempo suficiente para administrar corticoides que maduren los pulmones del bebé antes de nacer.

Gana días, no garantiza un bebé más sano

La tocólisis es el tratamiento que frena las contracciones cuando el parto amenaza con adelantarse, y lo más útil que se puede saber de ella es qué consigue y qué no. La revisión Cochrane más completa hasta la fecha, un metaanálisis en red de 122 ensayos con 13.697 mujeres, concluye que todas las familias de fármacos estudiadas probablemente retrasan el parto 48 horas y siete días frente a no tratar. Pero la misma revisión reconoce que su efecto sobre lo que de verdad importa —la mortalidad neonatal y perinatal, o las infecciones de madre y bebé— sigue siendo incierto. Dicho de otro modo: la tocólisis no está demostrado que salve bebés por sí sola.

Entonces, ¿para qué se usa? Porque esas 48 horas valen por lo que permiten hacer dentro de ellas. Es el tiempo que necesita un ciclo de corticoides para madurar los pulmones del bebé, que el NICE británico recomienda ofrecer entre las semanas 24 y 33+6; el que permite administrar sulfato de magnesio para proteger su cerebro; y el que hace falta para trasladar a la madre a un hospital con la unidad neonatal adecuada, porque un bebé muy prematuro viaja mejor dentro del útero. Por eso la guía pide decidir caso por caso, según la semana, si el parto está confirmado o solo es una sospecha y si hay algo que haga desaconsejable frenarlo, como un sangrado o una infección, que convierten el útero en un mal sitio donde esperar.

Nifedipino, atosiban, indometacina: por qué uno y no otro

Si en tu informe aparece un nombre, lo más probable es que sea uno de estos dos. El NICE recomienda nifedipino, un fármaco para la tensión arterial que relaja el músculo del útero y que se usa para esto fuera de su ficha técnica, algo que la propia guía señala y que es habitual en obstetricia, en mujeres con la bolsa íntegra entre las semanas 26 y 33+6, y plantearlo entre la 24 y la 25+6; si no se puede usar, un antagonista de la oxitocina, el atosiban, que se administra por vena. Y pide expresamente no usar betamiméticos como la ritodrina, que fueron el tratamiento clásico durante décadas. La revisión Cochrane explica el porqué: con los betamiméticos es muchísimo más frecuente tener que suspender el tratamiento por efectos secundarios, y probablemente causan sensación de ahogo, palpitaciones y vómitos. Con el nifedipino lo habitual es el dolor de cabeza, y esa revisión sugiere, con evidencia de baja certeza, menos problemas respiratorios y del neurodesarrollo en los bebés.

La indometacina, un antiinflamatorio, es muy eficaz frenando contracciones, pero tiene un límite que no es arbitrario. Atraviesa la placenta y puede cerrar antes de tiempo el ductus arterioso, un vaso que el feto necesita abierto. En un estudio con ecocardiografías seriadas en fetos expuestos, la constricción del ductus apareció en la mitad de ellos, en el 70 % de los casos afectados antes de la semana 31, y fue reversible al retirar el fármaco en todos; los autores describen un aumento brusco de ese efecto precisamente alrededor de la semana 31. De ahí que se reserve para gestaciones más tempranas, en tandas cortas y con vigilancia, y que no se use a partir de la semana 32.

Si te la ponen: lo que no es tocólisis y lo que viene después

Una idea intuitiva que la evidencia descartó es mantener el tratamiento después de las primeras 48 horas para que el embarazo aguante más. El ensayo APOSTEL-II lo probó en 406 mujeres entre las semanas 26 y 32 que no habían dado a luz tras la tocólisis inicial y los corticoides: 12 días más de nifedipino oral no redujeron las complicaciones perinatales frente a placebo. Por eso, si las contracciones ceden, lo normal es retirar el fármaco y vigilar, no seguir tomándolo en casa. Y si te hablan de sulfato de magnesio, conviene saber que casi nunca se pone para frenar el parto, sino para proteger el cerebro del bebé cuando el nacimiento es inminente.

Esa distinción importa porque el magnesio sí tiene un beneficio demostrado en el bebé. La revisión Cochrane actualizada en 2024, con seis ensayos y 5.917 mujeres con riesgo de parto antes de la semana 34, encontró que reduce la parálisis cerebral en torno a un 29 %: hace falta tratar a unas 60 mujeres para evitar un caso. También redujo probablemente las hemorragias cerebrales graves del recién nacido, aunque no cambió la mortalidad, y en el seguimiento hasta la edad escolar, con muchos menos niños, la diferencia ya no se aprecia con claridad. El NICE lo recomienda por vena entre las semanas 24 y 29+6 si el parto está establecido o programado en las siguientes 24 horas, lo plantea entre la 30 y la 33+6, y no aconseja mantenerlo más de 24 horas. Produce calor y sofocos mientras pasa, y por eso se vigilan los reflejos y la respiración. Si te lo ponen, no significa que el parto se haya detenido: significa que el equipo se está preparando para que el bebé nazca en las mejores condiciones posibles.