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Nidar
— Glosario · Letra A

Acretismo placentario

Placenta que se adhiere anormalmente a la pared del útero, casi siempre sobre la cicatriz de una cesárea, y no se desprende sola tras el parto. Incluye la placenta acreta, increta y percreta, que hoy se agrupan como espectro de acretismo placentario. Se sospecha por ecografía y el parto se planifica en un centro especializado.

Acreta, increta, percreta: lo que dicen hoy esas palabras

Los manuales describen tres grados según lo profundo que llegue la placenta: acreta si se pega al músculo del útero sin separarse, increta si se mete entre sus fibras y percreta si atraviesa toda la pared y llega a la vejiga u otros órganos. Esas palabras siguen en los informes, pero desde 2019 la Federación Internacional de Ginecología y Obstetricia (FIGO) las agrupa bajo un nombre común, «espectro de acretismo placentario», y la guía del Real Colegio de Obstetras británico (RCOG), actualizada en 2026, explica por qué. No existe la imagen de una placenta que «invada» por sí sola un útero sano: lo que ocurre es que la placenta se implanta sobre una cicatriz donde falta la capa que normalmente la separa del músculo. Según esa guía, lo que se ha descrito como percreta es sobre todo la consecuencia de una cicatriz que se abre y adelgaza, y en una misma pieza pueden coexistir zonas acretas e incretas.

Por eso la clasificación actual pone el foco en el útero cicatrizado más que en la placenta. La frecuencia que se publica varía muchísimo, de 1 caso por cada 100 embarazos a 1 por cada 10.000, porque el diagnóstico definitivo solo se hace en el parto y cada estudio lo define a su manera. Lo que no ofrece dudas es qué lo dispara: la cesárea anterior es el único factor de riesgo que ha subido a la par que el acretismo en todas las poblaciones. Un metaanálisis con casi 30 millones de mujeres encontró que, frente a un parto vaginal, una cesárea multiplica por casi tres la probabilidad de acretismo en el embarazo siguiente, y la fecundación in vitro también aumenta las probabilidades.

La combinación que cambia el riesgo: cicatriz y placenta baja

Una cesárea previa sola deja el riesgo bajo; lo que lo dispara es que la placenta se implante encima de la cicatriz, que está en la parte baja del útero. El sistema de vigilancia obstétrica británico calculó que la incidencia pasa de 1,7 por cada 10.000 embarazos en general a 577 por cada 10.000 en mujeres con una cesárea anterior y placenta previa, y el estudio nórdico equivalente habla de un riesgo más de 600 veces mayor que con cesárea previa y placenta en su sitio. Las cifras según el número de cesáreas están en la ficha de placenta previa. Por eso la ecografía de la semana 20 busca activamente dónde está la placenta en toda mujer con cesárea anterior.

La ecografía detecta bien el acretismo cuando la hace alguien con experiencia. Una revisión sistemática de 2024 con 1.348 casos confirmados, citada por el RCOG, le atribuye en el segundo y tercer trimestre una sensibilidad del 88 % y una especificidad del 92 %; antes de la semana 14 la sensibilidad es parecida, pero da más falsos positivos. Los signos que se leen en el informe son la pérdida de la «zona clara» entre placenta y útero, el adelgazamiento del músculo, la interrupción de la pared de la vejiga, los vasos que cruzan de un lado a otro y las lagunas placentarias. Si te hablan de «sospecha de acretismo», es una probabilidad, no un diagnóstico: la confirmación llega en el parto.

Si te lo han dicho: por qué te derivan y qué opciones hay

La recomendación más firme de la guía es que el parto se haga en un centro especializado, con un equipo con experiencia en cirugía obstétrica compleja, banco de sangre inmediato, UCI de adultos y neonatología. No es una formalidad: las mujeres atendidas así necesitan menos cirugía de urgencia, menos transfusiones masivas y menos reintervenciones por sangrado. Sin síntomas, el RCOG propone programar el nacimiento entre las 36+1 y las 37+0 semanas; la guía estadounidense (ACOG) lo adelanta a las 34+0-35+6 cuando se prevé una histerectomía, porque incluso en los casos programados alrededor de un 20 % acaba en parto urgente. Durante la cesárea no se intenta despegar la placenta, que es lo que provoca las hemorragias graves.

La opción más extendida es la cesárea con histerectomía en el mismo acto: entre el 55 y el 90 % de los expertos encuestados la eligen ante una placenta previa acreta. Pero no es la única, y el RCOG pide considerar técnicas que conserven el útero cuando sea posible. Una de ellas es dejar la placenta dentro para que se reabsorba. En una serie francesa de 167 mujeres tratadas así en hospitales universitarios, el 78 % conservó el útero, la placenta se reabsorbió sola en el 75 % de los casos con una mediana de 13,5 semanas y hubo complicaciones graves en el 6 %. Tiene contrapartidas, como hemorragias tardías e infecciones, y en un embarazo posterior el acretismo vuelve en el 10-30 % de los casos, con un 3,3 % de riesgo de rotura uterina. Es una decisión para tomar con el equipo, con tiempo y con toda la información.