Dilatación cervical
La apertura progresiva del cuello uterino durante el parto, medida en centímetros del 0 al 10. Se considera parto activo a partir de los 6 cm; a los 10 cm está completo y comienza el expulsivo.
Los centímetros que te cantan son una estimación, no una medida
La dilatación es la apertura del orificio del cuello del útero y se expresa en centímetros, de 0 a 10. El método para saberlo es el tacto vaginal: quien te explora introduce dos dedos por el orificio cervical, los separa en uve y calcula cuánto miden separados. No hay regla, no hay pantalla y no hay ningún número objetivo detrás; es una estimación hecha con los dedos y comparada con la experiencia de quien explora. Conviene saberlo de entrada, porque es la parte que casi nunca se explica y porque ese centímetro estimado decide cosas concretas: si te ingresan, si te ponen oxitocina o si te mandan otra vez a casa.
Hay un estudio que midió exactamente eso. En 508 mujeres en fase activa de parto se comparó la estimación del profesional de guardia con la de un obstetra experimentado que exploraba inmediatamente después, sin que ninguno de los dos supiera lo que había dicho el otro. Coincidieron exactamente en el 49,2 % de los casos y se diferenciaron en 2 cm o más en el 11 %, con un índice kappa de 0,40, que es una concordancia mediocre. Alrededor del 90 % de las estimaciones caían dentro de 1 cm de la referencia, y esa es la cifra que conviene retener: el tacto acierta el centímetro aproximado, no el centímetro exacto. La precisión era mejor en los extremos —3 a 4 cm y 8 a 10 cm— y peor cuanta menos experiencia tenía quien exploraba y más baja estaba la cabeza del bebé. Traducido a la práctica: si a las tres de la tarde te dicen 4 cm y a las seis te dicen 5, es perfectamente posible que hayas dilatado dos centímetros, uno o ninguno.
La regla del centímetro por hora describe un parto que casi nadie tiene
Durante medio siglo el ritmo normal del parto se juzgó con la curva que Emanuel Friedman dibujó en los años cincuenta, y de ahí salió la regla de oro de que en fase activa hay que dilatar más o menos un centímetro por hora. Esa regla se metió en los partogramas, en los protocolos de las plantas de paritorio y en la cabeza de todo el mundo, incluida la de quien está pariendo y mira el reloj. El problema es que los partos reales no la siguen. Para comprobarlo, el Consortium on Safe Labor revisó las historias clínicas electrónicas de 62.415 partos de feto único, a término, de inicio espontáneo, en presentación cefálica, con parto vaginal y resultado neonatal normal —es decir, partos que salieron bien— y reconstruyó a qué velocidad habían dilatado de verdad.
Los resultados desmontan la curva clásica. Pasar de 4 a 5 cm puede llevar más de 6 horas, y de 5 a 6 cm más de 3 horas, en partos que terminaron perfectamente. La dilatación no es lineal: se acelera a partir de los 6 cm, y hasta ese punto las mujeres que ya han parido progresan a un ritmo parecido al de las primerizas, de modo que la diferencia grande entre unas y otras aparece después, no antes. Los autores concluyeron que permitir más tiempo antes de los 6 cm podría reducir las cesáreas intraparto. De ahí viene el cambio que hoy está en los protocolos: la fase activa ya no empieza a los 3 o 4 cm sino a los 6, y el documento de consenso de la ACOG y la Sociedad de Medicina Materno-Fetal de 2014 sobre prevención de la primera cesárea lo dijo con todas las letras, que había que revisar la definición de distocia porque el parto contemporáneo progresa mucho más despacio de lo que se venía enseñando. Como la distocia es la indicación más frecuente de primera cesárea, la definición vieja no era un detalle académico: era la puerta de entrada a muchos quirófanos.
Si estás en el hospital y te acaban de decir un número
Lo primero, y es lo que más falta hace oír: un número bajo después de muchas horas no significa que tu parto vaya mal ni que vaya a acabar en cesárea. Con los criterios actuales, para hablar de parto estacionado hace falta estar en fase activa, es decir 6 cm o más, y no cambiar pese a contracciones adecuadas durante varias horas; por debajo de 6 cm la respuesta razonable es tiempo, no quirófano. Lo segundo: no compares tu progresión con la de tu hermana ni con la del grupo de mensajes, porque el rango normal es enorme y la media no describe a nadie. Y lo tercero: puedes preguntar cada cuánto se va a explorar y para qué, porque cada tacto da información pero también molesta y suma riesgo de infección, y en un parto que va bien no hace falta explorar cada hora. Recuerda además que el tacto no mide solo la dilatación: en el mismo gesto se valora el borramiento, que es otra cosa distinta.
«Dilatación completa» son 10 cm, y ahí termina la primera fase del parto y empieza la segunda. Lo que casi nadie explica es que llegar a 10 no es la orden de empezar a empujar. Muchos servicios practican el pujo diferido: se esperan hasta dos o tres horas con la dilatación ya completa, sobre todo si hay epidural, para que el bebé descienda solo antes de que tú empujes activamente. En una serie francesa de 10.565 partos vaginales espontáneos manejados con esa política, el pujo activo duró de media 8,8 minutos, con una mediana de 6; fue de 7,5 minutos cuando se había esperado una hora o menos con dilatación completa, de 10,9 minutos tras dos horas y de 14,2 tras tres. Las mujeres que ya habían parido empujaron 5,9 minutos de media y las primerizas 14. Los resultados maternos y neonatales de esa serie fueron tranquilizadores, con un 5,1 % de hemorragia posparto inmediata. Así que si tienes 10 cm y te dicen que esperes, no es que se hayan olvidado de ti: es exactamente lo que dice el protocolo.