Bishop (índice de)
Escala que valora el grado de madurez del cuello uterino antes del parto puntuando la dilatación, el borramiento, la consistencia, la posición del cérvix y la altura de la cabeza fetal. Una puntuación alta indica que el cuello está preparado para la inducción.
Las cinco cosas que se puntúan para llegar a ese número
El índice de Bishop sale de un solo tacto vaginal y resume en un número lo preparado que está tu cuello del útero para ponerse de parto. Se valoran cinco cosas y cada una suma puntos: la dilatación en centímetros, el borramiento —cuánto se ha acortado y adelgazado el cuello—, la consistencia (duro, intermedio o blando), la posición del cuello respecto al eje de la vagina (posterior, intermedio o anterior) y la altura de la cabeza del bebé dentro de la pelvis. Las tres primeras puntúan de 0 a 3 y las dos últimas de 0 a 2, así que el total va de 0 a 13. Cuanto más alto, más «maduro» está el cuello: un cuello cerrado, largo, duro, mirando hacia atrás y con la cabeza alta se queda en 0 o 1; un cuello de 3 cm, blando, casi borrado, centrado y con la cabeza encajada se va por encima de 8.
La altura de la cabeza es la parte que más confunde, porque en España y en la literatura internacional se dice de dos maneras distintas. En los informes españoles suele aparecer por planos de Hodge, del I al IV, donde el I es la cabeza todavía alta y el IV es la cabeza ya en el suelo de la pelvis. En las escalas anglosajonas y en las apps se usan estaciones, de -3 a +3, tomando como cero el nivel de las espinas ciáticas: -3 es cabeza alta y no encajada, 0 es cabeza encajada a la altura de las espinas y +1 o más es cabeza que ya las ha superado y desciende. Por eso puedes leer «II plano» en un sitio y «estación -1» en otro y estar hablando de lo mismo. Existe además el índice de Bishop modificado, que sustituye el porcentaje de borramiento —el componente más subjetivo de todos— por la longitud del cuello medida en centímetros. Se puntúa igual, de 0 a 13, y en esa versión se suele considerar que 9 o más apunta a una inducción que va a funcionar y que 4 o menos es un cuello inmaduro que hay que madurar antes de tocar nada.
Para qué se inventó en 1964 y qué predice de verdad
La escala la describió Edward Bishop en 1964, en un artículo de Obstetrics & Gynecology titulado «Pelvic scoring for elective induction». El objetivo original no era el que se le da hoy: era seleccionar a qué mujeres se podía inducir electivamente con garantías, en una época en la que la maduración cervical farmacológica sencillamente no existía. Sesenta años después, la escala sigue siendo la herramienta clínica más usada para valorar el cuello antes de una inducción, pero se le pide algo que no estaba en su diseño, que es predecir si una inducción concreta va a acabar en parto vaginal o en cesárea. Y ahí es donde rinde bastante peor de lo que su fama sugiere.
Los dos problemas están bien documentados. El primero es la subjetividad: los cinco componentes se estiman con los dedos, y la variabilidad entre profesionales y del mismo profesional en momentos distintos es considerable; en la literatura se describe el método como subjetivo y poco reproducible, y esa es precisamente la razón de ser de la versión modificada con la longitud en centímetros. El segundo es el rendimiento predictivo, que varía mucho de una serie a otra y flojea justo donde haría falta: en las nulíparas y en las puntuaciones intermedias, que son la mayoría de los casos dudosos. En una cohorte prospectiva de 200 mujeres inducidas a partir de la semana 34, el índice de Bishop predijo el parto vaginal con un área bajo la curva de 0,784, un rendimiento aceptable pero al que superó un índice ecográfico compuesto. Y en un estudio de primíparas a término exploradas semanalmente antes de ponerse de parto, el índice de Bishop directamente no sirvió para predecir el modo de parto por debajo de las 40 semanas, de modo que sus autores concluyen que no debería usarse para aconsejar sobre la probabilidad de un parto vaginal. La longitud cervical medida por ecografía transvaginal es más objetiva y reproducible, pero en las comparaciones sale más o menos empatada con el tacto, así que no lo ha desbancado.
Te dicen «tienes un Bishop de 3» y te proponen una inducción
Lo primero que significa un Bishop bajo no es «esto va a acabar en cesárea», sino «tu cuello todavía no está listo, así que hay que madurarlo antes». Por debajo del umbral de cuello favorable —según el protocolo, 6 o más, o 8 o más— la inducción no empieza con oxitocina: empieza con maduración cervical, con prostaglandinas vaginales o con métodos mecánicos como la sonda de Foley o el doble balón, y solo cuando el cuello ha cambiado se pasa a la oxitocina y a la rotura de la bolsa. Eso explica por qué una inducción con Bishop bajo dura lo que dura: no es que vaya mal, es que tiene una fase previa entera que una inducción con Bishop alto se salta. Es normal que te ingresen por la tarde, te pongan el dispositivo de maduración y no pase nada reseñable hasta el día siguiente.
Lo segundo, y es lo que más tranquiliza: un número bajo no es un pronóstico. La misma evidencia que dice que la escala predice mal el fracaso de la inducción dice, por el otro lado, que un 3 no condena nada; muchas mujeres con un cuello desfavorable paren por vía vaginal después de madurarlo. Si te proponen inducir, las preguntas útiles no son sobre el número sino sobre el contexto: por qué se induce ahora, qué método de maduración se va a usar, cuánto tiempo se va a dar antes de considerar que no funciona y qué pasa si decides esperar. Y si te dan un Bishop alto, ocurre lo contrario de lo que mucha gente cree: no significa que vayas a ponerte de parto esta noche, solo que si se induce el cuello parte de una posición favorable. Ni el índice de Bishop ni ninguna otra escala te va a decir el día.
Seguir leyendo
La inducción del parto→