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Nidar
— Glosario · Letra C

Cérvix

El cuello del útero, la parte inferior y estrecha que conecta el útero con la vagina. Durante el embarazo permanece cerrado y rígido; al acercarse el parto se ablanda, se borra y se dilata para permitir el paso del bebé.

Cuánto mide un cuello normal, y de dónde sale el famoso 25

Cuando en una ecografía te dicen «el cuello mide 34 mm», se refieren a la longitud cervical: la distancia entre el orificio interno, el que da al útero, y el externo, el que da a la vagina, medida por vía transvaginal. La referencia clásica para saber qué es normal sigue siendo un estudio publicado en el New England Journal of Medicine en 1996, que midió el cuello a 2.915 embarazadas en la semana 24 y a 2.531 de ellas otra vez en la 28. La longitud media fue de 35,2 mm en la semana 24 y de 33,7 mm en la 28, con una dispersión amplia: el cuello se acorta poco a poco con las semanas, y es normal que así sea.

El mismo estudio explica de dónde sale la cifra que se repite en todas partes. En la semana 24, el percentil 10 estaba en 26 mm, el 5 en 22 mm y el 1 en 13 mm. Es decir, los famosos 25 mm son, redondeando, el 10 % de las mujeres con el cuello más corto. El riesgo de parto prematuro antes de la semana 35 subía de forma continua a medida que el cuello era más corto: frente a las mujeres con más de 40 mm, era 2,35 veces mayor por debajo de 35 mm, 6,19 veces por debajo de 26 mm y casi 14 veces por debajo de 13 mm. La lectura importante es que no hay una frontera mágica: 27 mm no es «normal» y 24 mm «anormal», es un gradiente. Qué se hace cuando el cuello es corto lo cuenta la ficha de incompetencia cervical.

Medirlo a todas o no: la guía española no lo tiene tan claro

Aquí hay un matiz que casi ninguna página cuenta. Muchos hospitales miden la longitud cervical a todas las embarazadas en la ecografía de la semana 20, pero la Guía de práctica clínica de atención en el embarazo y puerperio del Ministerio de Sanidad sugiere no hacerlo de forma rutinaria en mujeres sin síntomas ni antecedentes, y tampoco buscar la «tunelización» del cuello, es decir, que el orificio interno se abra en forma de embudo. Es una recomendación débil, lo que significa que la evidencia no es concluyente en ninguna dirección, y por eso conviven las dos prácticas. Si en tu hospital no te lo miden y no tienes antecedentes de parto prematuro, no te están dejando nada importante sin hacer.

Con la citología pasa algo parecido. Hacerla en el embarazo es posible, y en algunos países se hace en la primera visita prenatal aprovechando la consulta. La guía española sugiere no hacerla de rutina en esa primera visita y, si tus citologías previas han sido normales y te toca repetirla, esperar a las 6-8 semanas tras el parto, salvo que hayan pasado más de cinco años desde la última o haya dudas de que vayas a hacer el seguimiento. El cáncer de cuello de útero durante el embarazo es poco frecuente, del orden de 1,2 casos por cada 10.000 embarazos según los datos estadounidenses que recoge la guía. Si ya te la han hecho, no pasa nada: es normal manchar un poco después, porque el cuello en el embarazo está más vascularizado.

El tapón mucoso y lo que el cuello cuenta al tacto

Durante el embarazo el canal del cuello se sella con el tapón mucoso, un gel espeso fabricado por las glándulas del propio cuello. No es solo un tapón mecánico: las revisiones sobre su función lo describen como una barrera activa que interactúa con la flora vaginal y frena las infecciones que podrían subir hacia el útero. Su pérdida hacia el final del embarazo, a veces con algo de sangre, forma parte de los cambios previos al parto, y perder un trocito no es peligroso: el cuello lo sigue fabricando. Lo que no es normal es perder líquido de forma continua, que puede ser rotura de la bolsa, ni sangrar como una regla.

El cuello también cambia de textura mucho antes del parto. Pasa de tener la consistencia de la punta de la nariz a la de los labios, y a esos cambios los manuales les ponen nombre propio: el reblandecimiento del cuello se conoce como signo de Goodell y el del istmo, justo por encima, como signo de Hegar; los dos tienen su ficha. Lo que se valora en la recta final ya es otra cosa: si el cuello se borra, si se dilata, su posición y su consistencia, que juntos forman el índice de Bishop. Si en un informe lees «cérvix formado, posterior, cerrado», significa que el cuello todavía no ha empezado a prepararse, algo completamente normal hasta que el parto está cerca.