Tacto vaginal
Exploración en la que la matrona o el obstetra introduce dos dedos en la vagina para valorar el cuello del útero (dilatación, borramiento, consistencia y posición), la altura y la posición de la cabeza del bebé y si la bolsa está íntegra. Es la forma habitual de seguir el parto, y se puede rechazar o pedir que se detenga.
Seis datos en unos segundos, y cómo se escriben en el informe
Un tacto dura poco, pero de él salen varias informaciones a la vez. La guía británica NICE de atención al parto enumera lo que hay que determinar en cada uno: la altura de la parte del bebé que se presenta, su posición, si hay caput (hinchazón del cuero cabelludo) o moldeamiento de la cabeza, el borramiento del cuello, la dilatación y si la bolsa sigue íntegra. A eso se suma, sobre todo antes del parto, la consistencia del cuello (duro, medio o blando) y hacia dónde apunta (posterior, centrado o anterior), que son parte del test de Bishop con el que se decide cómo inducir.
Por eso en el partograma o en el informe aparecen líneas que parecen un código: «TV: cérvix centrado, blando, borrado 80 %, 4 cm, cefálica en I plano, bolsa íntegra». Leída en orden dice que el cuello ha ido hacia delante y se ha ablandado, está casi borrado, tiene 4 cm de dilatación, el bebé viene de cabeza y todavía alto, a la altura del primer plano de Hodge, y no se ha roto la bolsa. Si pone «OIIA» u «OIDP», es la posición de la cabeza: por dónde mira el occipucio del bebé respecto a la pelvis de la madre. Cada dato tiene su ficha en este glosario, y ninguno por separado dice cuánto falta para el parto.
Cada cuatro horas: una costumbre con poca evidencia detrás
NICE recomienda ofrecer un tacto cada 4 horas durante la primera fase del parto activo, o antes si hay dudas sobre cómo avanza o si la mujer lo pide. Antes de hacerlo, pide asegurarse de que es necesario y de que va a aportar algo a la toma de decisiones, reconocer que puede ser muy angustioso para una mujer con dolor y en un entorno extraño, explicar por qué se hace, obtener su consentimiento y advertirle de que puede rechazarlo antes de empezar o pedir que se pare en cualquier momento. Es decir: el tacto se ofrece, no se impone. Y si la bolsa se ha roto sin contracciones, NICE aconseja evitar el tacto con los dedos y comprobarlo con espéculo.
Lo que sorprende es lo poco que se ha estudiado una exploración que se hace millones de veces al año. La revisión Cochrane de 2022 solo encontró cuatro ensayos, con 755 mujeres en total y un estudio por comparación, así que no pudo sumar datos. Tacto cada 4 horas frente a cada 2 horas: sin diferencias claras en partos vaginales espontáneos ni en uso de oxitocina, con datos compatibles con beneficio y con perjuicio. Tacto rutinario cada 4 horas frente a tacto solo cuando hace falta, en primíparas inducidas: más partos acelerados con oxitocina en el grupo de rutina (riesgo relativo 2,55). Frente a la ecografía, el tacto dolía algo más. La conclusión de los autores es que no se puede saber qué método de seguir el parto es el más eficaz o aceptable. El intervalo de 4 horas es una convención razonable, no un dato demostrado.
Al final del embarazo: el despegamiento de membranas
En las últimas consultas del embarazo a veces se ofrece un tacto con otra intención: el despegamiento o barrido de membranas, también llamado maniobra de Hamilton. La matrona introduce uno o dos dedos en el cuello del útero y, con un movimiento circular, separa la bolsa de la pared uterina, lo que libera prostaglandinas que ayudan a madurar el cuello y pueden desencadenar el parto. Solo se puede hacer si el cuello ya permite pasar el dedo, y en el Reino Unido se ofrece normalmente a partir de la semana 39. El NHS avisa de que a algunas mujeres les resulta incómodo o doloroso y de que después puede haber calambres y algo de sangrado.
¿Funciona? La revisión Cochrane de 2020, con 44 estudios y 6.940 mujeres, encontró que frente a no hacer nada aumenta la probabilidad de ponerse de parto espontáneamente (riesgo relativo 1,21) y reduce la necesidad de una inducción formal (0,73), pero sin diferencias en cesáreas ni en partos vaginales espontáneos, y con una certeza de la evidencia baja. Tampoco está claro cuántos barridos hacer ni cuándo. En un estudio, el 88 % de las mujeres dijo que lo repetiría en el siguiente embarazo. Si te lo ofrecen, es una opción razonable para evitar una inducción, no una obligación: puedes aceptarlo, pedir que te expliquen antes cómo está tu cuello o decir que prefieres esperar.
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