Efacement (borramiento)
El acortamiento y adelgazamiento del cuello uterino que ocurre antes y durante el parto. Se expresa en porcentaje: al 100% el cérvix está completamente borrado. Va de la mano de la dilatación, aunque no siempre al mismo ritmo.
Qué mide ese porcentaje que te cantan en el tacto
Borramiento y dilatación son dos cosas distintas que se exploran en el mismo tacto y que se confunden constantemente. La dilatación es la apertura del orificio del cuello, y se estima en centímetros separando los dedos en uve dentro de ese orificio. El borramiento es el acortamiento y el adelgazamiento de todo el cuello, y se expresa como el porcentaje que se ha acortado respecto a un cuello sin borrar, que mide alrededor de 4 cm. Es decir: uno es un diámetro y el otro es una longitud. Un 0 % significa que el cuello no se ha acortado nada y conserva su longitud habitual; un 50 %, que mide la mitad de lo esperado; y un 100 %, un cuello adelgazado a menos de un centímetro. Cuando te dicen «borrado al 50 %», lo que te están diciendo es que ese cuello mide unos 2 cm.
Y aquí está el detalle que casi nunca se explica: ese porcentaje es una estimación, no una medida. Quien explora compara con la longitud de un cuello promedio que lleva en la cabeza y traduce la diferencia a un porcentaje redondeado. StatPearls lo dice sin rodeos al describir el índice de Bishop: se trata de un método subjetivo y, aun así, sigue siendo el estándar para valorar el cuello antes de una inducción. No es raro, por eso, que dos profesionales que te exploran con una hora de diferencia canten cifras distintas sin que tu cuello haya cambiado nada. La versión modificada del índice de Bishop resuelve el problema por la vía práctica: permite sustituir el porcentaje por la longitud del cuello medida en centímetros, en cuatro tramos —más de 2,5 cm, de 1,5 a 2,5, de 0,5 a 1,5 y 0,5 o menos—, que es un dato que no depende de quién explora. La palabra «efacement» es simplemente el término inglés, el que aparece en las apps y en las traducciones automáticas; en España se dice borramiento.
Borramiento y dilatación no van al mismo ritmo
La enseñanza clásica dice que en las primerizas el cuello primero se borra y luego dilata, y que en las mujeres que ya han parido pasa al revés: dilatan antes de acabar de borrarse. Es una regla útil como orientación, pero conviene distinguir qué parte está documentada. Lo que sí recoge la literatura es que en las nulíparas el borramiento suele empezar antes de que arranque el parto de verdad —de hecho, la pérdida del tapón mucoso y el sangrado escaso que la acompaña ocurren mientras el cuello se está borrando, con frecuencia antes del inicio del parto y sobre todo en las primerizas— y que en la fase activa las multíparas dilatan más rápido que las nulíparas. En la práctica esto explica algo muy común: un cuello borrado al 60 % con 1 cm de dilatación en la semana 38 de un primer embarazo es normal y no significa nada malo.
El borramiento también entra en la definición de parto establecido y en los criterios de ingreso, y ahí sí es un dato con consecuencias. Se considera parto verdadero cuando hay contracciones regulares acompañadas de un cambio objetivo en la dilatación o en el borramiento. Y para ingresar a una mujer en trabajo de parto suele pedirse, además de contracciones regulares y fuertes, una dilatación de 4 a 5 cm con cambio documentado y un borramiento importante, del orden del 80 % o más. Ese es el motivo por el que a veces te mandan a casa con «3 cm y borrado al 50 %»: no es un capricho del protocolo, es que ese cuello todavía puede tardar. La primera fase del parto termina precisamente cuando la dilatación y el borramiento son completos.
Lo que el borramiento no te va a decir: cuándo será el parto
Esta es la pregunta que trae a casi todo el mundo hasta aquí, y la respuesta honesta es que un cuello borrado no pone fecha. Lo mejor que hay para demostrarlo es lo que ocurre con la versión objetiva de la medida. En un estudio en el que se midió la longitud cervical por ecografía transvaginal cada semana desde la semana 36 en 104 nulíparas que después se pusieron de parto de forma espontánea, la variación de unas mujeres a otras fue tan grande que los autores concluyeron que medir la longitud del cuello cerca del término no es práctico para predecir cuándo empezará el parto. Solo una de cada tres acortó el cuello más de 5 mm por semana en las tres últimas semanas, y la correlación entre la última longitud medida y la semana en la que parieron fue mala. Si la medida objetiva no lo predice, el porcentaje estimado con los dedos tampoco.
Donde el borramiento sí pesa es en la decisión de inducir. El índice de Bishop, descrito por Edward Bishop en 1964, puntúa cinco cosas: dilatación, borramiento, altura de la cabeza fetal, consistencia y posición del cuello. Las tres primeras valen de 0 a 3 puntos cada una y las dos últimas de 0 a 2, con un total que va de 0 a 13; muchos estudios consideran favorable una puntuación mayor de 8. Con un cuello desfavorable se madura primero, con prostaglandinas o con métodos mecánicos —la iniciativa californiana CMQCC propone seguir madurando hasta un Bishop de 6 o más en multíparas y de 8 o más en primerizas—, y solo después se pasa a la oxitocina. También aquí hay un matiz de evidencia que vale la pena conocer: algunos estudios sugieren que el índice de Bishop predice peor el fracaso de la inducción con los métodos de maduración actuales, y las comparaciones entre el tacto y la longitud cervical por ecografía dan resultados mixtos, sin que ninguna de las dos se haya impuesto claramente sobre la otra.