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Nidar
— Glosario · Letra C

Cordón umbilical

Estructura que conecta al bebé con la placenta y a través de la cual recibe oxígeno y nutrientes. Contiene dos arterias y una vena. Tras el parto se pinza y corta —en el bebé sano se recomienda esperar al menos un minuto antes de pinzarlo— y el muñón se cae en los primeros días.

Dos arterias, una vena y lo que pasa cuando falta una

El cordón lleva tres vasos: una vena, que trae al bebé la sangre oxigenada desde la placenta, y dos arterias, que devuelven la sangre usada. Los tres van enrollados en espiral y envueltos en la gelatina de Wharton, un tejido blando y elástico que hace de amortiguador: es lo que permite que el cordón se doble, se estire y hasta se anude sin que los vasos se aplasten. En la ecografía morfológica se cuentan los vasos, y por eso en algunos informes aparece la frase «cordón con tres vasos» o, cuando no es así, «arteria umbilical única».

La arteria umbilical única es una de las variantes congénitas más frecuentes que se diagnostican antes del parto: afecta a alrededor del 1 % de los embarazos de un solo bebé, y en aproximadamente el 80 % de los casos aparece sola, sin ninguna otra alteración. Cuando se encuentra, lo que se hace es mirar con más detalle el resto de la anatomía, sobre todo el corazón y los riñones, porque la probabilidad de alteraciones cromosómicas sube cuanto más malformaciones la acompañan; aislada, esa probabilidad es baja, aunque no nula. Si todo lo demás es normal, lo habitual es añadir controles del crecimiento en el tercer trimestre, porque la arteria única aislada se asocia con algo más de riesgo de que el bebé crezca menos y con una mortalidad perinatal más alta que la de la población general, aunque en términos absolutos la gran mayoría de estos bebés nacen sanos.

La vuelta de cordón, el nudo y la inserción: qué preocupa y qué no

La circular de cordón, una vuelta completa alrededor del cuello, es con diferencia lo que más miedo da y lo que menos debería darlo. Aparece en entre el 20 % y el 35 % de los partos a término de un solo bebé. Es dinámica, aparece y desaparece a lo largo del embarazo, y la mayoría de los bebés que nacen con una vuelta lo hacen sin acidosis ni ningún problema. Un metaanálisis reciente no encontró relación entre la circular de cordón y la muerte fetal. Las vueltas múltiples y apretadas son otra historia, más rara, y justifican vigilar más; una vuelta simple no requiere hacer nada y no es motivo de cesárea.

El nudo verdadero, que se forma cuando el bebé pasa a través de un bucle del propio cordón, aparece en entre el 0,3 % y el 2 % de los embarazos. Suelto, la gelatina de Wharton protege los vasos y casi siempre se descubre al nacer sin consecuencias; apretado, sí multiplica el riesgo de muerte fetal, y el problema es que ninguna vigilancia prenatal predice bien cuándo se va a apretar. La inserción velamentosa, cuando el cordón no llega a la placenta sino a las membranas y sus vasos recorren un tramo sin gelatina que los proteja, ocurre en torno al 1,5 % de los embarazos únicos y en el 6 % de los gemelares, según un registro noruego de más de 600.000 embarazos. Se asocia con más riesgo de restricción del crecimiento y de muerte fetal, y la ACOG propone vigilancia semanal desde la semana 36. La inserción marginal, en el borde del disco placentario, es distinta: los vasos siguen protegidos por la gelatina hasta entrar en la placenta.

Si lo has leído en el informe, y el pinzamiento del final

Qué hacer depende de la palabra. «Circular de cordón» en una ecografía o en el informe del parto no cambia nada: no hay que moverse de ninguna manera ni pedir una cesárea, y en el parto la matrona la desliza por encima de la cabeza o deja que el bebé salga con ella. «Arteria umbilical única» significa una ecografía anatómica detallada y controles de crecimiento, no un diagnóstico de enfermedad. «Inserción velamentosa» es el hallazgo que más cambia el plan: hay que comprobar que ningún vaso cruce por delante del cuello del útero, lo que se llama vasa previa, porque un vaso sin protección delante de la salida puede romperse al dilatar, y eso cambiaría por completo la forma de planificar el parto. Y un «nudo verdadero» sospechado en la ecografía suele acabar en más controles y en conversación sobre el momento del parto, porque no hay guías basadas en evidencia para manejarlo.

Al nacer, el cordón se pinza y se corta, y el cuándo tiene evidencia detrás. La revisión Cochrane sobre bebés a término, con 15 ensayos y 3.911 parejas de madre e hijo, comparó pinzar en el primer minuto con esperar más. Esperar no aumentó la hemorragia posparto de la madre. Los bebés con pinzamiento tardío pesaron de media 101 g más, tuvieron más hemoglobina a las 24-48 horas y, a los tres a seis meses, los de pinzamiento precoz tenían más del doble de probabilidad de déficit de hierro. La contrapartida es una pequeña subida de la ictericia que necesita fototerapia. Los autores concluyen que en bebés sanos a término está justificado retrasar el pinzamiento de forma más generosa; puedes pedirlo en tu plan de parto.