IUGR (restricción del crecimiento)
Siglas del inglés Intrauterine Growth Restriction. Situación en la que el bebé crece menos de lo esperado para su edad gestacional, generalmente porque la placenta no funciona bien. Requiere controles frecuentes y puede adelantar el parto.
IUGR, FGR, CIR, PEG, SGA: no son sinónimos
La primera confusión de este término es de vocabulario, y no es menor, porque en un mismo informe pueden aparecer dos siglas que significan cosas distintas. IUGR es el inglés «intrauterine growth restriction»; FGR, «fetal growth restriction», es la forma que ha ido sustituyendo a la anterior en la literatura reciente; y CIR, «crecimiento intrauterino restringido», es como se dice habitualmente en España. Esas tres son la misma cosa. PEG —pequeño para la edad gestacional— y su equivalente inglés SGA son otra cosa: describen únicamente un tamaño por debajo de un percentil, normalmente el 10, sin decir nada sobre por qué. El percentil 3 se usa como corte de PEG grave.
La distinción importa porque los dos grupos no se solapan del todo, en ninguna de las dos direcciones. Hay fetos pequeños y perfectamente sanos, constitucionalmente pequeños, que con cualquier punto de corte y cualquier tabla van a quedar clasificados como restringidos y acabarán sometidos a controles e intervenciones que no necesitaban. Y hay fetos por encima del percentil 10, con un peso que en la ecografía parece normal, que sí tienen un problema de función placentaria y a los que la etiqueta de PEG no va a pescar. Por eso las revisiones actuales insisten en lo mismo: el tamaño, como único marcador, no distingue bien al pequeño sano del restringido. Restricción quiere decir que el feto no alcanza el crecimiento que le tocaba por su potencial, que es un concepto distinto de ser pequeño.
Los criterios de consenso, y la frontera de la semana 32
Para salir de ese lío, en 2016 un panel internacional de 45 expertos acordó por procedimiento Delphi una definición que hoy usa la gran mayoría de los servicios: en una encuesta internacional a 275 obstetras, el 81 % declaró emplear los criterios Delphi para el diagnóstico. La definición separa dos entidades. En la restricción precoz, antes de la semana 32, bastan por sí solos tres parámetros: circunferencia abdominal por debajo del percentil 3, peso fetal estimado por debajo del percentil 3, o flujo diastólico ausente en la arteria umbilical. Y hay criterios contributivos, que necesitan combinarse: circunferencia abdominal o peso por debajo del percentil 10 junto con un índice de pulsatilidad por encima del percentil 95 en la arteria umbilical o en las uterinas. En la tardía, a partir de la semana 32, los parámetros solitarios son solo dos —circunferencia abdominal o peso por debajo del percentil 3— y los contributivos incluyen el peso o la circunferencia por debajo del percentil 10, la caída de más de dos cuartiles en la curva de crecimiento entre dos ecografías, y el cociente cerebroplacentario por debajo del percentil 5 o el índice de pulsatilidad umbilical por encima del 95.
Esa frontera de la semana 32 no es burocrática: las dos formas se comportan de manera distinta y se vigilan distinto. La precoz suele tener una insuficiencia placentaria más evidente, se asocia con más frecuencia a preeclampsia y da tiempo a que el deterioro siga una secuencia reconocible, desde el aumento de resistencia en la umbilical hasta el flujo diastólico ausente y después invertido. En ella se añade el ductus venoso, que solo se altera en fases avanzadas y por eso sirve para decidir el momento del parto: un flujo reverso o ausente en la onda a del ductus se asocia a un riesgo de mortalidad perinatal descrito entre el 40 % y el 100 %, con independencia de la edad gestacional. En la tardía el ductus venoso no se usa; lo que se mira es la redistribución del flujo cerebral, y el cociente cerebroplacentario es el índice más habitual para ello. El manejo se organiza por estadios de gravedad, con controles que van desde cada dos semanas en el feto pequeño sin Doppler alterado hasta la finalización del embarazo cuando el registro y el Doppler venoso se deterioran.
Te han dicho que el bebé viene pequeño: qué significa y qué toca
Lo primero que conviene entender es qué te han dicho exactamente, porque «viene por debajo del percentil 10» y «hay restricción del crecimiento» no son la misma frase. Pregunta tres cosas concretas y quedarás situada: en qué percentil está el peso estimado, cómo está el Doppler de la arteria umbilical, y si ha cambiado de percentil respecto a la ecografía anterior. Con esas tres respuestas sabes si estás en el escenario de un feto probablemente pequeño y sano, que se controla y poco más, o en el de una restricción, que implica un seguimiento estrecho. Recuerda además que el peso ecográfico es una estimación con un margen de error considerable, así que un percentil aislado nunca es un veredicto: lo que informa de verdad es la tendencia entre dos ecografías separadas, y por eso no se repiten cada semana.
Lo segundo, y hay que decirlo sin adornos: hoy no existe ningún tratamiento que haga crecer a un feto restringido. Se han probado la aspirina, la heparina y el sildenafilo, y ninguno ha demostrado mejorar el crecimiento una vez que la restricción está diagnosticada. Lo que sí cambia el pronóstico es la vigilancia y elegir bien el momento del parto, equilibrando el riesgo de seguir dentro de una placenta que no rinde contra el riesgo de la prematuridad. De ahí que el plan consista en más ecografías, Doppler seriado, registros cardiotocográficos y, llegado el caso, una inducción o una cesárea antes de la fecha prevista. Por tu parte, lo útil es concreto: acudir a todos los controles sin saltarte ninguno, dejar de fumar si fumas —es el factor evitable con más peso—, y consultar el mismo día si notas que el bebé se mueve menos, sin esperar a la cita siguiente. El reposo absoluto en cama no forma parte del tratamiento.
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