Granuloma umbilical
Pequeña masa de tejido rosado y húmedo que queda en el fondo del ombligo cuando la herida del cordón no termina de cicatrizar. No duele ni es peligrosa, pero mancha y retrasa el cierre. Se trata con sal de mesa en casa o con nitrato de plata en la consulta, y hay que distinguirla de una infección del ombligo.
La cicatriz que se pasa de rosca
Cuando se cae el resto del cordón, en el fondo del ombligo queda una pequeña herida que tiene que cerrarse. Para hacerlo, el cuerpo fabrica tejido de granulación, el mismo tejido rojo y blando que rellena cualquier herida antes de que la piel la cubra. A veces ese tejido crece más de la cuenta y la piel no llega a taparlo: queda una bolita rosada o roja, húmeda, del tamaño de un guisante o menor, que puede soltar un líquido claro o amarillento y manchar el body. Eso es el granuloma umbilical.
No tiene terminaciones nerviosas, así que no le duele al bebé cuando se toca o se trata, aunque puede sangrar un poco al rozarlo. Tampoco es una infección ni se debe a haber cuidado mal el ombligo. Es menos frecuente de lo que a veces se lee: una revisión sistemática publicada en 2025 sitúa su incidencia entre el 0,2 % y el 3 % de los recién nacidos vivos. Lo habitual es que se descubra en la primera o segunda semana, cuando el ombligo sigue húmedo días después de haberse caído el cordón.
Sal de mesa frente a nitrato de plata: lo que dicen los ensayos
El tratamiento clásico es tocar el granuloma con una barrita de nitrato de plata en la consulta, que lo cauteriza químicamente. Funciona: en un ensayo aleatorizado con 207 recién nacidos, el 87,5 % de los tratados con nitrato de plata estaba curado a las dos semanas, y una pomada de corticoide llegó a resultados casi idénticos a las tres semanas. Pero el nitrato puede quemar la piel sana de alrededor si se aplica mal, y exige ir a la consulta. Por eso ha ganado terreno una alternativa sorprendentemente simple: la sal de mesa, que deshidrata el tejido por ósmosis y hace que se seque y se desprenda.
La sal ha salido bien parada de los estudios. La revisión sistemática de 2025, que reunió los ensayos aleatorizados que la comparaban con otros tratamientos tópicos, concluyó que tiene una tasa de éxito similar, sin efectos adversos relevantes, y que los padres pueden aplicarla con seguridad en casa. En un ensayo piloto indio con 34 bebés, la sal aplicada en casa curó al menos tan bien como el nitrato de plata puesto por el cirujano. Y en un estudio holandés, publicado en 2026, 28 familias aplicaron sal dos veces al día durante tres días tras una sola demostración: a los 14 días el granuloma había desaparecido en el 89 % de los bebés, y en el 32 % la piel de alrededor se enrojeció de forma pasajera. La evidencia es de estudios pequeños, pero apunta toda en la misma dirección.
Si el pediatra te ha dicho que es un granuloma: cómo se hace y cuándo no lo es
Si te indican la sal, lo habitual es limpiar y secar bien el ombligo, echar una pizca de sal fina justo encima del granuloma, taparla con una gasa unos minutos y después retirarla limpiando con agua y secando, varias veces al día durante unos días, según te hayan pautado. Protege la piel de alrededor, porque la sal la puede irritar, y no tires del tejido ni lo arranques. Si en una o dos semanas no ha cambiado, vuelve a consulta: el pediatra puede repetir el tratamiento o pasar al nitrato de plata.
Lo importante es no confundir un granuloma con una onfalitis, la infección del ombligo, que en un recién nacido se trata con antibiótico y no se espera. Sospecha infección si la piel alrededor del ombligo se pone roja e hinchada y el enrojecimiento se extiende, si sale pus o hay mal olor, si le duele al tocar o si el bebé tiene fiebre, come peor o está decaído: ese mismo día se consulta. Y si el ombligo no se seca pese al tratamiento o lo que sale parece orina o heces, hay que descartar un resto del conducto que en el embarazo unía el ombligo con el intestino o con la vejiga, que se estudia con ecografía y lo valora el cirujano pediátrico.
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