Vasa previa
Situación en la que vasos sanguíneos del bebé, sin la protección del cordón ni de la placenta, cruzan las membranas por delante del cuello del útero o muy cerca. Si se rompen al romperse la bolsa, el bebé puede desangrarse en minutos; diagnosticada antes del parto, la supervivencia supera el 95 %.
Qué es y por qué es tan peligrosa si nadie la ha visto
Normalmente los vasos del bebé viajan dentro del cordón umbilical, envueltos en la gelatina de Wharton, hasta entrar en la placenta. En la vasa previa algunos de esos vasos recorren un tramo al descubierto, solo cubiertos por las membranas de la bolsa, y ese tramo pasa por delante del orificio del cuello del útero o a pocos centímetros de él. Ocurre cuando el cordón se inserta en las membranas y no en la placenta (inserción velamentosa) o cuando la placenta tiene un lóbulo accesorio y los vasos que unen ambas partes cruzan por la zona baja del útero.
El peligro es que esos vasos quedan justo donde el parto aprieta y rompe. Cuando la bolsa se rompe, sola o en una amniotomía, o cuando la cabeza del bebé comprime la zona, un vaso puede romperse, y la sangre que se pierde es del bebé, no de la madre. Como el volumen de sangre de un feto es muy pequeño, una hemorragia que a la madre no le supondría nada puede ser mortal para él en muy poco tiempo. El signo clásico es un sangrado vaginal que aparece al romper aguas, acompañado de alteraciones bruscas del latido.
La cifra que lo cambia todo: 97 % frente a 44 %
Es una situación rara. Una revisión sistemática con más de 569.000 embarazos calculó una frecuencia media de 0,60 por cada 1.000, en torno a uno de cada 1.700. Pero no aparece al azar: el mismo trabajo identificó cinco factores de riesgo —placenta previa o baja en el segundo trimestre, embarazo por técnicas de reproducción asistida, placenta bilobulada o con lóbulo accesorio, cordón insertado en la parte baja del útero en la ecografía del primer trimestre e inserción velamentosa— y casi el 83 % de los casos tenía al menos uno. Por eso no se recomienda buscarla en todas las embarazadas, sino en las que tienen esos factores, con una ecografía transvaginal y Doppler color que muestra los vasos sobre el cuello.
El estudio multicéntrico de Oyelese, con 155 casos, es el que explica por qué merece la pena buscarla. Cuando la vasa previa se había diagnosticado antes del parto, sobrevivió el 97 % de los bebés, con Apgar medianos de 8 y 9. Cuando no se sabía, sobrevivió el 44 %, y más de la mitad de los supervivientes necesitaron transfusiones. En el análisis, lo único que predecía la supervivencia era el diagnóstico prenatal y la edad gestacional al nacer. Pocas veces en obstetricia una sola ecografía cambia tanto el pronóstico.
Si te la han diagnosticado
El plan es adelantarse al parto. La Sociedad de Medicina Materno-Fetal estadounidense recomienda, en mujeres estables, una cesárea programada entre las semanas 34 y 37, antes de que empiecen las contracciones o se rompa la bolsa, y las guías nacionales coinciden en que se haga en un hospital con experiencia y neonatología. Si el nacimiento se prevé en los siete días siguientes entre las semanas 34 y 36+6 y no se han puesto antes, la misma sociedad recomienda corticoides para madurar los pulmones del bebé. Algunas guías contemplan además un ingreso en el hospital al final del embarazo, sobre todo si hay contracciones o sangrado, para estar cerca del quirófano.
Mientras tanto, lo que no se negocia: si notas que rompes aguas, tienes contracciones regulares o sangras, ve al hospital de inmediato y di en cuanto llegues que tienes vasa previa, porque cambia la urgencia con la que te atienden. En ese caso no deben hacerte una amniotomía ni esperar a ver cómo evoluciona el parto. Y una buena noticia real: a veces, en una ecografía de control, los vasos se ven más alejados del cuello conforme el útero crece, y el diagnóstico se revisa. Si ya lo tienes confirmado, la cifra que importa es la del 97 %: la has visto a tiempo.
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