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Nidar
— Glosario · Letra A

Anemia ferropénica

Bajada del nivel de hemoglobina causada por falta de hierro, frecuente durante el embarazo porque la demanda de hierro aumenta considerablemente. Se trata con suplementos orales de hierro y, en casos graves, con hierro intravenoso.

Por qué tomar el hierro cada día no es lo mismo que absorberlo cada día

Los números del análisis (qué ferritina es baja, qué hemoglobina es anemia en cada trimestre) están en la ficha de la ferritina. Esta va de lo que pasa después, cuando te recetan hierro, y empieza por algo que casi nadie cuenta: el intestino no absorbe la misma proporción de hierro todos los días. Cada dosis oral hace subir la hepcidina, la hormona que regula la entrada de hierro en el cuerpo, y esa subida dura unas 24 horas. Mientras la hepcidina está alta, el intestino cierra parcialmente la puerta, de modo que la pastilla del día siguiente se absorbe peor que la primera.

Esto se ha medido con isótopos de hierro. En mujeres con anemia ferropénica que tomaban 100 o 200 mg de sulfato ferroso, la fracción de hierro absorbida el día en que no venía precedido de otra dosis fue un 40-50 % mayor que la del segundo día consecutivo. En otro ensayo, con 150 mujeres jóvenes con la ferritina baja, dar la misma cantidad total de hierro en días alternos dejó la ferritina igual a los tres meses que tomarlo a diario (44,8 frente a 43,8 µg/L de mediana), pero con bastantes menos molestias: en los días de toma, las molestias digestivas fueron un 56 % más frecuentes con la pauta diaria. Y como la pauta alterna reparte la misma cantidad en el doble de tiempo, a los seis meses quedaban con ferropenia el 3 % de las mujeres de ese grupo frente al 11,4 % de las que habían hecho tres meses diarios y luego nada. De ahí viene la idea, cada vez más repetida, de tomar el hierro un día sí y otro no.

Lo que pasa cuando se prueba en embarazadas, que no es lo mismo

Esos estudios se hicieron en mujeres no embarazadas, y el embarazo cambia las reglas: la necesidad de hierro se dispara y el tiempo corre. El primer ensayo en embarazadas con anemia ferropénica, con 88 mujeres de entre 12 y 34 semanas, comparó un comprimido de sulfato ferroso de 325 mg al día con dos comprimidos cada dos días. A las seis semanas, la hemoglobina había subido 0,8 g/dL con la pauta diaria y 0,5 con la alterna; la diferencia no fue significativa, y los efectos secundarios fueron parecidos en los dos grupos. Tampoco mejoró el cumplimiento, que era uno de los argumentos a favor: entre las que usaban una aplicación de recordatorio, las de pauta diaria se tomaron una mediana del 95,5 % de las dosis y las de pauta alterna, del 85 %, una diferencia que no llegó a ser significativa. Es decir, en el embarazo la pauta alterna no ha demostrado ser mejor, aunque tampoco peor, y es un estudio pequeño.

La consecuencia práctica es sensata: si toleras bien el hierro diario, no hay motivo para cambiarlo. Si te sienta mal y estás a punto de dejarlo, pasar a días alternos es una opción razonable que tiene fundamento fisiológico, y siempre será mejor que abandonar el tratamiento, que es la causa más habitual de que no funcione. No tomes el doble por tu cuenta para compensar: coméntalo con tu matrona o tu médico, que pueden ajustar la dosis o el preparado. Y ten presente que la hemoglobina sube despacio; en ese ensayo, seis semanas de tratamiento dieron menos de un punto de subida.

Si la anemia no mejora o queda poco tiempo: el hierro intravenoso

El hierro por vena se plantea cuando el oral no se tolera, no se absorbe o no ha hecho efecto, y cuando la anemia se detecta tarde y no da tiempo a que las pastillas rellenen el depósito antes del parto. Hoy se administra en una o pocas sesiones en el hospital de día, con preparados que ya no tienen nada que ver con los antiguos, que daban más reacciones. Un metaanálisis de 34 estudios con 13.909 embarazadas encontró que el hierro intravenoso sube la hemoglobina más y más deprisa que el oral, que las mujeres que lo recibieron tuvieron menos efectos adversos y algo menos de complicaciones maternas, aunque sin diferencias en los resultados del bebé y con una calidad de la evidencia entre baja y moderada.

Si te lo han propuesto, pregunta qué hemoglobina y qué ferritina tienes, qué objetivo se busca y cuándo será el control. Si te han diagnosticado anemia y llevas semanas con pastillas, lo razonable es que te repitan el análisis para comprobar que la hemoglobina sube; si no lo hace, hay que revisar si te estás tomando el hierro, si hay una pérdida de sangre o si la causa no es el hierro. Y no des el tratamiento por terminado en el parto: el sangrado del alumbramiento se suma a unas reservas que ya estaban bajas, así que conviene que te hagan un control de hemoglobina tras dar a luz, sobre todo si has sangrado más de lo normal o notas cansancio desproporcionado, mareo o palpitaciones en las primeras semanas.