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Nidar
Plan de parto9 de mayo de 2026· 8 min de lectura

La placenta: el órgano que construyes tú y que lo hace todo posible.

La placenta es el único órgano que el cuerpo humano crea y elimina en nueve meses. Conoce cómo se forma, qué hace, cuándo puede dar problemas y qué ocurre con ella tras el parto.

La placenta: el órgano que construyes tú y que lo hace todo posible.

La placenta es uno de los órganos más extraordinarios de la biología humana, y también uno de los más ignorados. Se forma de la nada en las primeras semanas de embarazo, sostiene la vida de tu bebé durante nueve meses realizando funciones que ningún otro órgano puede sustituir, y luego desaparece. Se crea de tus propias células y las del embrión. Es, literalmente, el puente entre dos vidas.

Y sin embargo, la mayoría de las mujeres llegan al parto sabiendo muy poco de ella, salvo que existe. Este artículo lo cambia.

Cómo se forma la placenta

La placenta no existe desde el principio. Empieza a desarrollarse en el momento en que el embrión se implanta en la pared del útero, alrededor del día 6–10 tras la fecundación. Las células del trofoblasto —la capa exterior del blastocisto— invaden el endometrio uterino y forman las primeras estructuras placentarias.

A las semanas 8–10, la placenta ya tiene una estructura reconocible y ha establecido circulación sanguínea propia. Hacia la semana 12–14, está completamente formada y ha tomado el relevo del cuerpo lúteo en la producción de progesterona (la hormona que mantiene el embarazo). A partir de ahí, no para de crecer: una placenta a término mide entre 15 y 25 cm de diámetro, pesa entre 500 y 700 gramos y tiene una superficie de intercambio de varios metros cuadrados.

Lo que hace posible todo esto es que la sangre de la madre y la del bebé nunca se mezclan directamente. El intercambio se produce a través de membranas ultrafinas en las vellosidades coriales — una ingeniería biológica de precisión absoluta.

Las funciones de la placenta: no solo alimenta al bebé

Cuando pensamos en la placenta solemos pensar en nutrición y oxígeno, pero sus funciones son mucho más amplias:

Nutrición y oxigenación

La placenta transfiere glucosa, aminoácidos, ácidos grasos, vitaminas y minerales desde la sangre materna al feto, y elimina el dióxido de carbono y los productos de desecho del metabolismo fetal hacia la circulación materna.

Función hormonal

La placenta produce una cantidad impresionante de hormonas: la gonadotropina coriónica humana (hCG, la que detecta el test de embarazo), la progesterona (a partir del primer trimestre), los estrógenos, la hormona lactógena placentaria y muchas otras que regulan el metabolismo materno, el crecimiento fetal y los cambios en el cuerpo de la madre.

Barrera inmunológica

La placenta protege al bebé de la mayoría de agentes infecciosos de la madre, aunque no de todos (el virus de la rubéola, el citomegalovirus y el toxoplasma, entre otros, pueden atravesarla). Al mismo tiempo, permite el paso de anticuerpos maternos de tipo IgG al feto, lo que le proporciona inmunidad pasiva para las primeras semanas de vida.

Tip

Por eso la vacunación de la madre durante el embarazo —frente a la gripe, la tos ferina o el COVID— protege también al bebé: los anticuerpos que genera la madre cruzan la placenta y llegan al feto antes de que este pueda vacunarse por sí mismo.

Barrera selectiva (no perfecta)

La placenta filtra muchas sustancias, pero no todas. El alcohol, la nicotina, muchos fármacos, algunas drogas y ciertos productos químicos la atraviesan con facilidad. La placenta no es un escudo impermeable.

Problemas placentarios que debes conocer

La placenta funciona perfectamente en la gran mayoría de embarazos. Pero hay situaciones en las que puede dar problemas, y algunas de ellas son urgencias médicas.

Placenta previa

La placenta previa ocurre cuando la placenta se implanta en la parte baja del útero, cubriendo parcial o totalmente el cuello uterino. Si está en esa posición al final del embarazo, el bebé no puede pasar por el canal del parto y la placenta se interpondría físicamente en el camino.

En el segundo trimestre es relativamente frecuente encontrar la placenta en posición baja — pero en la mayoría de casos "migra" hacia arriba (en realidad, el segmento uterino inferior crece y la placenta queda más alta de forma relativa). Solo cuando persiste al final del embarazo es un problema real.

La placenta previa puede causar sangrado indoloro en el segundo o tercer trimestre, que aparece sin causa aparente y sin contracciones. Si tienes sangrado vaginal en el segundo o tercer trimestre, acude siempre a urgencias aunque no tengas dolor y parezca leve.

El manejo depende de si cubre el cuello totalmente o parcialmente, de la madurez del embarazo y de si hay sangrado activo. En la mayoría de casos, el parto será por cesárea programada.

Desprendimiento de placenta

El desprendimiento de placenta (abruptio placentae) ocurre cuando la placenta se separa de la pared uterina antes del parto. Es una emergencia obstétrica grave porque interrumpe el suministro de oxígeno al bebé de forma súbita.

Los síntomas suelen ser muy distintos a los de la placenta previa:

  • Dolor abdominal intenso y brusco, a veces continuo (no en forma de contracciones)
  • El útero puede estar muy rígido y tenso al tacto
  • Sangrado vaginal (aunque en algunas formas el sangrado queda retenido dentro del útero — "desprendimiento oculto")
  • El bebé puede dejar de moverse o el monitor mostrar signos de sufrimiento fetal
Atención

Si notas dolor abdominal brusco e intenso, especialmente acompañado de rigidez del abdomen o pérdida de movimientos del bebé, llama al 112 o ve directamente a urgencias. No conduzcas sola. El desprendimiento de placenta es una emergencia que no puede esperar.

Los factores de riesgo incluyen hipertensión arterial, preeclampsia, tabaquismo, traumatismos abdominales (una caída, un accidente de tráfico) y antecedentes de desprendimiento en embarazos anteriores.

Insuficiencia placentaria

La insuficiencia placentaria es una situación en la que la placenta no funciona con plena eficacia y no consigue suministrar al bebé los nutrientes y el oxígeno que necesita. Se manifiesta habitualmente como restricción del crecimiento intrauterino (CIR): el bebé crece por debajo de lo esperado para su edad gestacional.

Se detecta mediante ecografías de seguimiento y estudio Doppler de los flujos sanguíneos placentarios. Requiere seguimiento estrecho y, en casos graves, puede indicar la necesidad de adelantar el parto.

El alumbramiento: la tercera fase del parto

El parto no termina cuando nace el bebé. La tercera fase del parto, llamada alumbramiento, es la expulsión de la placenta — y ocurre entre 5 y 30 minutos después del nacimiento.

Existen dos formas de manejarla:

Manejo activo: se administra oxitocina sintética (habitualmente por vía intramuscular o intravenosa) en cuanto nace el bebé, junto con tracción controlada del cordón. Reduce significativamente el riesgo de hemorragia posparto. Es el protocolo estándar en la mayoría de hospitales.

Manejo fisiológico (expectante): se espera a que la placenta se expulse espontáneamente, sin medicación. Puede tardar más tiempo y tiene un mayor riesgo de hemorragia. Puede ofrecerse como opción en mujeres de bajo riesgo que lo solicitan.

Muchas mujeres no saben que pueden pedir ver su placenta después del parto. Es un órgano extraordinario y mirarla puede ser una experiencia significativa. Pídelo si sientes curiosidad.

Matrona especialista en parto respetado

Sobre comer la placenta: qué dice la ciencia

En los últimos años se ha popularizado la placentofagia — consumir la placenta después del parto, en forma de cápsulas, batidos o cocinada. Sus defensores atribuyen beneficios como la prevención del baby blues, el aumento de energía posparto y la mejora de la producción de leche.

Lo que dice la ciencia hasta ahora: no hay evidencia suficiente que respalde ninguno de estos beneficios. La revisión más completa (ACOG, 2018; actualizada con estudios posteriores) concluye que no existen ensayos clínicos de calidad que demuestren beneficios, y que existen riesgos potenciales, como la posibilidad de reactivar infecciones (un caso documentado de sepsis neonatal por estreptococo del grupo B relacionado con el consumo de cápsulas de placenta de la madre).

La mayoría de los mamíferos consumen la placenta, sí — pero desde una perspectiva evolutiva probablemente para eliminar rastros que atraigan depredadores, no por sus supuestos beneficios nutricionales.

Si estás considerando esta opción, habla con tu equipo médico antes de decidir.

Lo que debes saber sobre tu placenta antes del parto:
  • En tu ecografía morfológica (semana 20) se valorará la posición de la placenta — pregunta si está en posición normal
  • Si en algún momento del embarazo tienes sangrado vaginal sin dolor, acude siempre a urgencias
  • Si tienes dolor abdominal brusco con rigidez del abdomen, es una emergencia — llama al 112
  • Pregunta a tu equipo cómo gestionan el alumbramiento y qué opciones tienes
  • Si quieres ver la placenta tras el parto, pídelo — es completamente normal hacerlo
  • Si valoras la placentofagia, consulta primero con tu matrona o ginecóloga

La placenta es efímera, construida específicamente para este embarazo y solo para este. Cuando termina su trabajo, se va. Pero lo que hace durante nueve meses — nutrir, proteger, regular, conectar — no tiene parangón en la biología humana.

Sobre la autora
Equipo Nidar
Redacción Nidar

Redacción especializada en salud materno-infantil, revisada por matronas colegiadas.

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