Preeclampsia
Complicación del embarazo caracterizada por tensión arterial elevada (≥140/90) y presencia de proteínas en orina después de la semana 20. Puede afectar a los riñones, el hígado y el cerebro. El único tratamiento definitivo es finalizar el embarazo.
Ya no hace falta proteinuria para diagnosticarla
Durante décadas la preeclampsia se definió como la suma de dos cosas: tensión alta y proteínas en la orina. Hoy los criterios son más amplios, porque se comprobó que hay preeclampsias graves que nunca llegan a dar proteinuria y que esperar a que aparezca retrasaba el diagnóstico.
El punto de partida sigue siendo la tensión: 140/90 mmHg o más, medida en dos ocasiones separadas al menos 4 horas, después de la semana 20. A partir de ahí, se confirma el diagnóstico si hay proteinuria —300 mg o más en orina de 24 horas, o un cociente proteína/creatinina de 0,3 o más— o, en su ausencia, si aparece cualquiera de estos hallazgos: plaquetas por debajo de 100.000, creatinina por encima de 1,1 mg/dL o el doble de la basal, transaminasas al doble del límite alto, edema de pulmón, o un dolor de cabeza nuevo que no cede con analgesia y no tiene otra explicación.
Qué significa «con criterios de gravedad»
Es la frase que cambia el manejo. Se aplica cuando la tensión llega a 160/110 mmHg o cuando aparece alguno de los hallazgos analíticos o clínicos de la lista anterior. No es un adjetivo: define el ritmo de las decisiones, el nivel de vigilancia y el momento del nacimiento.
En la preeclampsia sin criterios de gravedad, el objetivo suele ser llegar a la semana 37. Con criterios de gravedad, a partir de la semana 34 la indicación puede ser finalizar el embarazo desde el momento del diagnóstico, y antes de esa semana se administran corticoides para la madurez pulmonar del bebé mientras se estabiliza a la madre. El único tratamiento que resuelve la enfermedad sigue siendo el parto; todo lo demás —antihipertensivos, sulfato de magnesio— gana tiempo y previene complicaciones.
Lo que sí se puede prevenir
En las mujeres con factores de riesgo, la aspirina a dosis baja reduce la probabilidad de desarrollarla. Se inicia entre las semanas 12 y 28 —cuanto antes dentro de esa ventana, mejor— y se mantiene hasta el parto. Es una de las pocas intervenciones preventivas con respaldo sólido en obstetricia, y se prescribe en la consulta tras valorar el riesgo, nunca por cuenta propia.
Lo que no previene la preeclampsia es el reposo, ni la dieta sin sal, ni beber más agua. Lo que sí cambia el pronóstico es acudir a los controles y consultar sin esperar ante dolor de cabeza intenso que no cede, visión borrosa o con destellos, dolor en la boca del estómago o bajo las costillas del lado derecho, e hinchazón que aparece de golpe en cara y manos.
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