Desprendimiento de placenta
Separación de la placenta de la pared del útero, total o parcial, antes de que nazca el bebé. Complica alrededor del 1 % de los embarazos y es una de las principales causas de sangrado en la segunda mitad de la gestación. Suele dar dolor y un útero duro; el sangrado puede quedar oculto. También se llama abruptio placentae.
Cuánto pasa y a quién
El desprendimiento de placenta complica en torno al 1 % de los embarazos, según la revisión de Oyelese y Ananth en Obstetrics & Gynecology. Otra revisión, de Tikkanen en Acta Obstetricia et Gynecologica Scandinavica, afina la horquilla entre el 0,4 y el 1 %: más baja en los países nórdicos (0,38-0,51 %) que en Estados Unidos (0,6-1 %), y con tendencia a aumentar en muchos países. Es poco frecuente, pero pesa mucho en las estadísticas: en los países desarrollados explica alrededor del 10 % de los partos prematuros y entre el 10 y el 20 % de las muertes perinatales. Para la madre, los riesgos son la hemorragia, las transfusiones, los trastornos de la coagulación y, en los casos más graves, una histerectomía de urgencia o un fallo renal.
La lista de factores de riesgo es larga, y conviene leerla bien. Encabeza la lista haber tenido ya un desprendimiento. Después vienen los que dependen de hábitos o de la salud de la madre, como el tabaco, la cocaína, la hipertensión y la preeclampsia, y los que tienen que ver con el embarazo: gemelos, exceso de líquido amniótico, rotura prematura de la bolsa antes de término, infección dentro del útero, trombofilias y edad materna avanzada. Y está el traumatismo: un golpe en la barriga, una caída o un accidente de tráfico, aunque no parezca importante, es motivo para que te valoren en el hospital. Aun así, la misma revisión insiste en que la mayoría de los desprendimientos no se pueden predecir ni prevenir.
Por qué una ecografía normal no lo descarta
Es la idea que más conviene corregir, porque se da por hecho lo contrario: si la ecografía no ve nada, no hay desprendimiento. No es así. En el estudio de Glantz y Purnell, que revisó a 149 mujeres a las que se hizo una ecografía por sangrado o sospecha de desprendimiento a partir de la semana 24, entre las que dieron a luz en las dos semanas siguientes la ecografía tuvo una sensibilidad de solo el 24 %: detectó uno de cada cuatro desprendimientos que luego se confirmaron en el parto. Su especificidad, en cambio, fue del 96 %. Traducido: cuando la ecografía ve un hematoma detrás de la placenta, casi siempre es real; cuando no ve nada, no descarta el problema.
La razón es que la sangre recién salida tiene un aspecto muy parecido al de la propia placenta en la imagen, y a veces se escapa por el cuello sin acumularse. Por eso la revisión de Oyelese y Ananth es tajante: el diagnóstico del desprendimiento es clínico, y la ecografía y la prueba de Kleihauer-Betke tienen un valor limitado. Lo que decide es el conjunto: el dolor, un útero que se queda duro entre contracciones o no se relaja, el sangrado si lo hay, la tensión y el pulso de la madre, la analítica de coagulación y, sobre todo, el registro del latido del bebé. La ecografía sigue siendo útil, pero para otra cosa: comprobar dónde está la placenta y descartar una placenta previa, que se maneja de forma distinta.
Si lo pone en tu informe: lo que decide qué pasa ahora
«Desprendimiento» puede describir situaciones muy distintas, desde un pequeño hematoma en el borde de la placenta en una mujer estable hasta una emergencia. Lo que marca el camino son dos cosas: cuánta placenta se ha separado y en qué semana ocurre. Cuando se separa más de la mitad de la placenta, el riesgo de muerte fetal es alto y hace falta actuar de inmediato; si la madre o el bebé muestran signos de compromiso, lo habitual es una cesárea urgente. En cambio, cuando ocurre cerca del término con madre y bebé estables, puede intentarse un parto vaginal con vigilancia estrecha, y en semanas muy prematuras, un desprendimiento pequeño en una mujer estable puede manejarse de forma conservadora, ingresada y lista para un parto rápido si algo cambia.
Si te han dado de alta tras un desprendimiento leve, las señales para volver sin esperar son un dolor abdominal que no cede o aumenta, un útero que se nota duro de forma continua, cualquier sangrado nuevo y, sobre todo, notar que el bebé se mueve menos, aunque no sangres. Si has sufrido un golpe en la barriga, ve a valorarte aunque te encuentres bien. Y de cara a otro embarazo, el antecedente de desprendimiento es el primer factor de riesgo de la lista, así que conviene contarlo desde la primera consulta y, si fumas, dejarlo es lo que más está en tu mano.
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