Microarray cromosómico
Análisis genético que rastrea todo el ADN buscando trozos que falten o sobren, incluidos los demasiado pequeños para verse en un cariotipo (microdeleciones y microduplicaciones). Se hace sobre líquido amniótico, placenta o tejido tras una pérdida, y es la prueba de elección cuando la ecografía ha visto una malformación. También se llama array-CGH o CMA.
No mira los cromosomas: cuenta el ADN
El cariotipo es una foto de los cromosomas al microscopio; el microarray no hace ninguna foto. Coge el ADN de la muestra y lo compara, punto por punto y a lo largo de todo el genoma, con un ADN de referencia, de modo que cualquier tramo del que haya una copia de menos (deleción) o de más (duplicación) sale como una desviación en la gráfica. Así ve cambios muy por debajo de los 5-10 millones de pares de bases que alcanza el cariotipo, y ve también, por supuesto, un cromosoma entero de más, como en las trisomías. El colegio estadounidense de ginecólogos (ACOG) recomienda el microarray prenatal cuando la ecografía ha encontrado una o más malformaciones importantes y se va a hacer una prueba invasiva.
Cuánto añade depende de por qué se pide. En el metaanálisis de Hillman y colaboradores, publicado en Ultrasound in Obstetrics & Gynecology con 25 estudios, el microarray encontraba una alteración que el cariotipo no veía en el 10 % de los fetos con una malformación ecográfica. La otra ventaja es práctica: como trabaja con ADN y no con células vivas, no necesita cultivo. Un laboratorio holandés que validó un array de tipo SNP pudo dar resultados en solo 3 días, y en muertes fetales, donde las células ya no crecen, el estudio de la red estadounidense de mortinatos obtuvo resultado con microarray en el 87,4 % de 532 casos frente al 70,5 % con cariotipo.
Lo que no ve, y el matiz de los arrays SNP
El microarray no lo ve todo. Como mide cantidad de ADN y no posición, no detecta las translocaciones equilibradas, en las que dos cromosomas intercambian trozos sin que se pierda nada; para eso sigue haciendo falta el cariotipo. Tampoco encuentra las enfermedades causadas por el cambio de una sola letra en un gen, como la fibrosis quística, que necesitan otras técnicas, como la secuenciación. Y una pérdida o ganancia de ADN puede no tener ninguna consecuencia: todos llevamos variaciones de número de copias que no nos afectan, así que el laboratorio las filtra comparándolas con bases de datos de personas sanas.
Se suele leer que el microarray no detecta la triploidía, esa situación en la que el feto tiene un juego entero de cromosomas de más (69 en lugar de 46). Es cierto para los arrays de tipo CGH, que comparan proporciones y no notan nada si todo está triplicado por igual, pero no para los de tipo SNP, que leen además qué versión de cada gen hay. El mismo trabajo holandés comprobó que su array SNP detectaba la triploidía, las regiones de homocigosidad (que aparecen cuando los padres son consanguíneos o el feto ha heredado las dos copias de un cromosoma del mismo progenitor) y la contaminación de la muestra con células maternas. Si tu informe pone «array SNP», esas cosas también están miradas.
«Variante de significado incierto»: qué quiere decir si te sale
Es el resultado que más angustia, y conviene saber de antemano que existe. Una variante de significado incierto es un cambio real en el ADN del que la ciencia todavía no sabe si produce algún efecto. En el metaanálisis de Hillman aparecieron en el 2,1 % de los microarrays pedidos por una ecografía alterada y en el 1,4 % considerando todas las indicaciones. No es un diagnóstico ni una sospecha encubierta. Lo primero que se hace es estudiar a los padres: si uno de ellos lleva la misma variante y está sano, suele perder importancia; si ha aparecido de nuevo en el feto, se valora con un genetista a la luz de lo que muestre la ecografía.
Por eso el microarray prenatal debería ir precedido de una conversación, no solo de una firma. El grupo holandés diseñó un consentimiento que explicaba qué tipos de resultado podían salir, incluidos hallazgos que no tienen que ver con el motivo de la prueba, como el riesgo de una enfermedad que aparecería en la edad adulta. Con esa información, alrededor del 90 % de los padres eligió que le informaran de lo que afectaría a la salud del niño en la infancia, y el 55 % también de lo que se manifestaría de adulto. Antes de la prueba tienes derecho a saber qué política sigue tu laboratorio con esos hallazgos y a decidir qué quieres conocer.
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