Cariotipo
Estudio de los cromosomas de una persona o de un feto vistos al microscopio, para saber si falta, sobra o está cambiado de sitio alguno o un trozo grande. En el embarazo se hace sobre células del líquido amniótico o de la placenta, y en sangre de los padres tras varios abortos. El resultado normal se escribe 46,XX o 46,XY.
Lo que se mira de verdad: 46 piezas con un código de barras
Para hacer un cariotipo hay que conseguir células que se estén dividiendo, porque solo en ese momento los cromosomas se condensan lo bastante para verse. Por eso las células del líquido amniótico o de la placenta se cultivan primero en el laboratorio, se detienen en plena división y se tiñen con una técnica que dibuja en cada cromosoma un patrón de bandas claras y oscuras, como un código de barras. El citogenetista ordena los 46 cromosomas por parejas, del 1 al 22 más los sexuales, y compara cada banda con la referencia. Ese paso de cultivo es lo que lo hace lento: el tiempo medio de informe de un cariotipo prenatal ronda los 14 días, frente a las 48 horas de la QF-PCR, que no necesita cultivo.
El cariotipo es muy bueno para lo que ve y ciego para lo que no. Con la resolución habitual, de unas 550 bandas, detecta alteraciones de más de 5 a 10 millones de pares de bases: cromosomas enteros de más o de menos y trozos grandes perdidos, duplicados o intercambiados. Por debajo de ese tamaño no ve nada, y ahí entra el microarray. Hay un matiz menos conocido: incluso cambios grandes pueden pasar por un cariotipo normal si el trozo que se ha movido tiene un patrón de bandas parecido al original. Un estudio italiano con 700 pacientes encontró siete con cariotipo aparentemente normal y reordenamientos de entre 6 y 18 millones de pares de bases, cinco de ellos heredados de un padre o una madre portador de una translocación equilibrada.
Cómo leer la fórmula cuando no pone solo 46,XX
La fórmula sigue un orden fijo: primero el número total de cromosomas, luego los sexuales y después, separadas por comas, las anomalías. «47,XY,+21» es un varón con un cromosoma 21 de más, es decir, síndrome de Down. «45,X» indica que falta un cromosoma sexual (síndrome de Turner) y «47,XXY» que sobra uno (Klinefelter). «mos» delante y dos fórmulas separadas por una barra, como «mos 45,X/46,XX», significa mosaico: conviven dos líneas celulares, y el porcentaje de cada una importa. La letra t con dos números entre paréntesis, «46,XX,t(11;22)», señala una translocación: dos cromosomas han intercambiado trozos. Si el total sigue siendo 46 y no falta ni sobra material, se llama equilibrada.
Hay una anotación que asusta mucho y casi nunca significa nada: «inv(9)», una inversión de un trozo del cromosoma 9 alrededor de su centro. Se considera una variante de la normalidad. En una serie japonesa de 2.006 parejas estudiadas por abortos de repetición apareció en el 2,6 %, y de las mujeres con inv(9) en la pareja que volvieron a quedarse embarazadas, el 84,4 % acabó teniendo un hijo; los autores concluyen que no afecta al pronóstico. Si la ves en tu informe o en el de tu pareja, pregunta, pero no la cuentes como una anomalía.
El cariotipo de los padres después de varios abortos
El otro contexto en el que se pide un cariotipo es en sangre de la pareja tras pérdidas repetidas, porque una persona sana puede ser portadora de una translocación equilibrada: tiene todo su material genético, pero repartido de forma que parte de sus óvulos o espermatozoides llevan de más o de menos. En la misma serie japonesa, el 9,3 % de las parejas tenía alguna alteración cromosómica, y la más frecuente era la translocación equilibrada, presente en 107 de las 2.006 parejas, algo más del 5 %. Aun así, la guía europea de la ESHRE no recomienda pedirlo de rutina a todas las parejas con abortos de repetición, sino después de valorar el riesgo de cada una, y recomienda consejo genético para toda pareja con un cariotipo alterado.
Si te han dado un cariotipo fetal normal, recuerda lo que responde y lo que no. Descarta las alteraciones cromosómicas grandes, incluidas las trisomías y los cambios de los cromosomas sexuales, pero no las microdeleciones ni las enfermedades de un solo gen, como la fibrosis quística, ni las malformaciones que no tienen origen cromosómico. Por eso, cuando el motivo del estudio es una malformación vista en la ecografía, suele pedirse además un microarray. Y si el resultado muestra algo, no tomes decisiones con la fórmula en la mano: una misma anotación puede ser grave, leve o una simple variante según qué cromosoma, qué trozo y si viene heredada de un padre sano.
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