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Nidar
— Glosario · Letra V

Varices vulvares

Dilataciones de las venas de la vulva que aparecen en algunas embarazadas por el aumento del volumen sanguíneo y la presión del útero. Suelen causar sensación de peso o presión y generalmente desaparecen después del parto.

Por qué salen justo ahora, y en quién

Las varices vulvares son venas de los labios mayores, a veces también de los menores o del pubis, que se dilatan y se retuercen hasta verse como cordones azulados bajo la piel. No son exclusivas del embarazo, pero es el momento en que aparecen con diferencia más a menudo. Se estima que las tiene alrededor del 4 % de las embarazadas, una cifra baja comparada con la de las varices de las piernas, lo que explica en parte que se hable tan poco de ellas y que quien las descubre en la ducha piense que le pasa algo raro.

El mecanismo es una suma de tres cosas. El volumen de sangre aumenta mucho durante la gestación, así que las venas trabajan con más carga. La progesterona relaja la pared de los vasos, igual que relaja la musculatura del intestino o del útero, y una vena más blanda cede antes. Y el útero, a medida que crece, comprime las venas de la pelvis y dificulta que la sangre de la vulva vuelva hacia arriba. Por eso suelen aparecer a partir del segundo trimestre: en el caso detallado que se publicó en 2025 surgieron hacia la semana 20, crecieron hasta la 28 y se mantuvieron estables hasta el parto. Tienden a acompañarse de otras varices: en una serie de 2026 de mujeres con varices vulvares que no se habían ido, 15 de 18 habían tenido más de un hijo y el 72 % tenía también varices en las piernas.

El miedo número uno: ¿obligan a una cesárea?

No. Es la pregunta que hay detrás de casi todas las búsquedas de este término y la respuesta de la literatura es clara: las varices vulvares no son, por sí mismas, una indicación de cesárea. La preocupación teórica es que una vena muy dilatada pueda romperse durante el expulsivo o que un desgarro o una episiotomía sobre ella sangre más de la cuenta. Es real, pero rara, y se maneja con atención durante el parto, no evitándolo. Una revisión sistemática de 2022 que recopiló los casos publicados de varices vulvovaginales graves encontró algo llamativo: en el 70 % de ellos las varices habían sido el motivo de la cesárea, y sin embargo las complicaciones graves fueron más frecuentes en las cesáreas (50 %) que en los partos vaginales (20 %). Los autores concluyen que el balance favorece intentar el parto vaginal.

Hay que leer esas cifras con prudencia, porque son muy pocos casos y todos extremos, precisamente los que llegan a publicarse. Lo que sí transmiten es la dirección: incluso con varices enormes, el parto vaginal es posible y razonable. En el caso de la mujer que las desarrolló en la semana 20, el parto fue vaginal. Tuvo una hemorragia posparto, pero su causa fue la atonía uterina, es decir, que el útero no se contrajo bien, no las varices. Lo que conviene es que quien te atienda en el parto sepa que las tienes, para evitar en lo posible cortar sobre esa zona y revisarla bien después.

Si te las han visto, o las has visto tú: qué alivia y qué pasa después

Lo tranquilizador es su evolución: desaparecen casi siempre por sí solas tras el parto, en cuestión de semanas o de pocos meses, sin tratamiento. En el caso de 2025 empezaron a reducirse en cuanto nació el bebé y a las cuatro semanas ya no quedaba rastro; en el de la revisión de 2022, se fueron en 40 días. Por eso durante el embarazo no se operan ni se esclerosan: lo que se busca es aliviar la sensación de peso y la molestia. Las medidas que se recomiendan son sencillas: ropa interior de compresión o un soporte perineal, frío local envuelto en un paño, no pasar muchas horas de pie seguidas, tumbarte de lado y elevar las caderas un rato con un cojín. Si notas un bulto duro, muy doloroso y enrojecido, consulta: puede ser una trombosis superficial, que es poco frecuente pero sí se trata.

Un matiz honesto: esas medidas se recomiendan porque tienen lógica y no hacen daño, no porque haya ensayos que las respalden en la vulva. La revisión Cochrane sobre varices y edema en el embarazo solo encontró siete ensayos pequeños, con 326 mujeres en total. El único que estudió varices vulvares, con 30 mujeres, no aportó datos utilizables, y el único resultado de calidad moderada, que un flebotónico llamado rutósido alivia los síntomas de las varices al final del embarazo, sale de un solo estudio de 69 mujeres sin datos suficientes para confirmar su seguridad. Si pasados unos meses del parto las varices siguen ahí, o se acompañan de dolor pélvico sordo que empeora al final del día o de pie, vale la pena comentarlo: algunas varices vulvares persistentes son la punta visible de una insuficiencia de las venas de la pelvis, el llamado síndrome de congestión pélvica, que se estudia con imagen y puede tratarse fuera del embarazo.