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Nidar
— Glosario · Letra U

Útero

Órgano muscular hueco donde se desarrolla el bebé durante el embarazo. Comienza con el tamaño de una pera y al final del embarazo alcanza el tamaño de una sandía, alojando al bebé, la placenta y el líquido amniótico.

La altura uterina: el metro de costura y lo poco que se sabe de él

A partir de la segunda mitad del embarazo, en muchas consultas te miden con una cinta métrica la distancia entre el pubis y la parte más alta del útero. Es la altura uterina, y en el informe aparece como AU o como «altura de fondo» en centímetros. La aproximación clásica dice que, en la parte central del embarazo, los centímetros se parecen a las semanas, y por eso sirve de primer aviso: un útero que se queda corto puede indicar un bebé que crece poco o poco líquido, y uno que se pasa, un bebé grande, más líquido de la cuenta o simplemente un error de fechas.

La guía NICE de control prenatal recomienda medirla en cada visita a partir de la semana 24+0, no más a menudo que cada dos semanas, y apuntarla en una curva de crecimiento en lugar de compararla a ojo con las semanas; si el valor preocupa, se pide una ecografía. Lo que casi nadie cuenta es lo poco que se ha estudiado si sirve. La revisión Cochrane sobre esta medida solo encontró un ensayo, con 1.639 mujeres, que la comparaba con palpar el abdomen: no hubo diferencias en bebés pequeños detectados ni en mortalidad perinatal, con evidencia de baja calidad. Los autores concluyen que no hay pruebas suficientes para saber si detecta bien la restricción del crecimiento. Es una herramienta barata de cribado, no un diagnóstico: una cifra fuera de lo esperado significa ecografía, no alarma. Lo que sí cambia la prisa, según NICE, es que la altura baja vaya acompañada de otras señales, como notar menos movimientos del bebé o tener la tensión alta: entonces la ecografía debe hacerse cuanto antes.

Útero en retroversión y útero con otra forma: lo que importa y lo que no

«Útero en retroversión» significa que el útero se inclina hacia atrás, hacia el sacro, en lugar de hacia delante. Es una variante anatómica normal y frecuente, no una enfermedad, y no dificulta quedarse embarazada. Entre las semanas 12 y 14, cuando el útero pasa de órgano pélvico a abdominal, lo habitual es que se enderece solo al salir el fondo de la pelvis. Solo si no lo hace puede quedar atrapado bajo el promontorio del sacro, lo que se llama útero incarcerado: ocurre en 1 de cada 3.000 a 10.000 embarazos y suele dar la cara con dificultad para orinar o retención de orina, que es el síntoma por el que conviene consultar.

Las malformaciones uterinas congénitas son otra historia, y aquí el matiz es que no todas pesan igual. Una revisión sistemática de nueve estudios con 3.805 mujeres encontró que el útero septo, el que tiene un tabique dentro de la cavidad, se asocia con menos embarazos, casi tres veces más abortos del primer trimestre y el doble de partos prematuros. Los defectos de fusión, como el útero bicorne o el didelfo, no reducen la fertilidad pero sí aumentan el parto prematuro y que el bebé no se coloque de cabeza. Incluso el útero arcuato, una muesca leve que muchos consideran una variante normal, se asoció con más abortos del segundo trimestre y más presentaciones anómalas.

Si te han dicho que tienes un tabique o miomas: qué dice la evidencia

Durante años, el tabique uterino se quitaba casi por sistema con una histeroscopia. El primer ensayo aleatorizado que lo puso a prueba, con 80 mujeres con útero septo y antecedente de esterilidad, abortos o parto prematuro, no encontró beneficio: tuvieron un hijo en los doce meses siguientes el 31 % de las operadas y el 35 % de las que no se operaron. Es un ensayo pequeño y no cierra el debate, pero sí basta para que una cirugía de rutina deje de presentarse como la solución evidente. Si te lo proponen, es razonable preguntar por qué en tu caso concreto y qué alternativas hay.

Los miomas, tumores benignos del músculo del útero, se encuentran en entre el 1,6 % y el 10,7 % de las embarazadas. La mayoría de estos embarazos transcurren sin complicaciones; entre el 10 % y el 30 % de las mujeres con miomas tiene alguna, más probable si son varios, miden más de 5 cm o están en la parte baja del útero. La más frecuente, en torno al 8 %, es la degeneración roja, en la que el mioma se queda sin riego y duele. Los miomas se asocian con más riesgo de parto prematuro (una vez y media), de que el bebé no esté de cabeza, de desprendimiento de placenta, de placenta previa y de cesárea (algo más del doble cada uno) y de hemorragia posparto (casi el triple), aunque la propia revisión advierte que los datos de buena calidad son muy escasos. Aun así, la mayoría de las mujeres con miomas da a luz por vía vaginal, y la cesárea se indica por los motivos obstétricos de siempre. Un detalle práctico: se recomienda no quitar miomas durante una cesárea salvo que no haya más remedio.