Trofoblasto
Capa externa de células del embrión que lo implanta en el útero y construye la placenta. Fabrica la hCG que detectan los tests y remodela las arterias del útero para que llegue sangre al bebé. Si ese trabajo falla se asocia a preeclampsia o crecimiento restringido; si crece de forma anómala, a la enfermedad trofoblástica.
El tejido que no será el bebé, pero sin el que no hay embarazo
En el blastocisto de cinco días ya hay dos tipos de células: un grupo interno que formará el embrión y una capa externa, el trofoblasto, que formará la placenta y parte de las membranas. Es el trofoblasto el que se pega al endometrio y se abre paso en él durante la implantación. A partir de ahí se diferencia en varios tipos. El citotrofoblasto está formado por células individuales que se dividen y funcionan como reserva. Cuando esas células se fusionan entre sí dan lugar al sincitiotrofoblasto, una capa continua con muchos núcleos que recubre las vellosidades de la placenta y está en contacto directo con la sangre materna. Y una tercera población, el trofoblasto extravelloso, sale de las vellosidades y se adentra en la pared del útero.
El sincitiotrofoblasto es la parte que trabaja como glándula: produce la hCG, la hormona que detectan los tests de embarazo y que mantiene activo el cuerpo lúteo en las primeras semanas. También es la superficie por la que pasan oxígeno y nutrientes de la madre al bebé. Por eso la hCG sirve para seguir cualquier situación en la que haya trofoblasto vivo, esté donde esté: un embarazo normal, un ectópico, o restos de tejido tras un aborto o una mola.
Las arterias que el trofoblasto transforma, y lo que pasa si no lo consigue
La tarea más sorprendente del trofoblasto extravelloso es rehacer los vasos de la madre. Las arterias espirales del útero son estrechas y musculares; el trofoblasto invade su pared y las convierte en conductos anchos y flácidos, que dejan llegar mucha sangre a baja presión. En una placentación normal se transforman, casi por completo, unas 100 de estas arterias, y lo hacen en toda su longitud, incluido el tramo que atraviesa el músculo uterino. Esa transformación verdadera solo se produce donde hay trofoblasto. Durante las primeras semanas, además, el trofoblasto tapona esas arterias y la placenta vive con poco oxígeno a propósito: en un estudio con mediciones directas, la presión de oxígeno dentro de la placenta pasaba de menos de 20 mmHg a las 8 semanas a más de 50 mmHg a las 12, cuando la sangre materna empieza a entrar libremente. Ese ambiente pobre en oxígeno al principio no es un fallo, sino lo esperado.
Cuando la remodelación se queda a medias, sobre todo en el tramo profundo de las arterias, la placenta recibe un flujo más escaso y a más presión. Ese defecto de la placentación profunda se describió primero en la preeclampsia y en el crecimiento fetal restringido, y la investigación posterior lo ha encontrado también en abortos tardíos, en partos prematuros con la bolsa íntegra, en la rotura prematura de membranas y en el desprendimiento de placenta. Es decir, no es una firma exclusiva de la preeclampsia, sino un terreno común a varias complicaciones, lo que ayuda a entender por qué comparten factores de riesgo y por qué quien ha tenido una tiene más probabilidad de otra. El problema contrario, un trofoblasto que penetra demasiado, está detrás del acretismo placentario.
Si «trofoblasto» aparece en tu informe
La palabra aparece sobre todo en tres sitios. En el informe de anatomía patológica tras un legrado o un aborto, «se observan vellosidades coriales y trofoblasto» confirma que el tejido analizado era de un embarazo dentro del útero, que es justo lo que se buscaba saber. En un informe de reproducción asistida, la «biopsia de trofoectodermo» es la toma de unas pocas células de esa capa externa del blastocisto para el estudio genético, sin tocar las que formarán al bebé. Y en el contexto de la mola aparece como «proliferación trofoblástica» o «enfermedad trofoblástica gestacional», que agrupa la mola y otros procesos mucho más raros en los que este tejido crece sin control.
Si te han diagnosticado una enfermedad trofoblástica, la herramienta de seguimiento es la misma hormona que el trofoblasto fabrica: la hCG se mide de forma seriada hasta que se negativiza, porque su descenso demuestra que no queda tejido activo, y una meseta o una subida es lo que obliga a actuar. En la ficha de la mola hidatiforme están los detalles de ese seguimiento. Fuera de esos casos, que se nombre el trofoblasto en un informe no indica ningún problema: es simplemente el nombre técnico de la parte de tu embarazo que se convierte en placenta.
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