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Nidar
— Glosario · Letra M

Mola hidatiforme

Embarazo anómalo en el que la placenta crece de forma desordenada, llena de pequeñas vesículas, y no hay embrión (mola completa) o hay uno que no es viable (mola parcial). También se llama embarazo molar. Se trata vaciando el útero y vigilando la hCG en sangre hasta que se negativiza.

Completa o parcial: un error de cromosomas en la fecundación

Una mola no es algo que la madre haga mal ni algo que se herede de forma habitual: es un error que ocurre en el momento de la fecundación. En la mola completa, el tejido lleva solo cromosomas del padre y ninguno de la madre, suele tener un número normal de cromosomas (diploide) y no se forma embrión. En la parcial, en cambio, hay un juego de cromosomas de la madre y dos del padre, 69 en total (triploide); puede verse un saco o incluso tejido fetal, pero ese embarazo no puede salir adelante. La guía de la Federación Internacional de Ginecología y Obstetricia (FIGO), actualizada en 2025, recoge que el estudio genético del tejido permite distinguirlas con precisión.

Es poco frecuente, con grandes diferencias entre países: desde 11,5 casos por cada 1.000 partos en Indonesia hasta menos de 1 por cada 1.000 en Estados Unidos, con cifras más bajas en Europa que en Asia, África o Centroamérica. La edad influye en los dos extremos: las adolescentes y las mujeres de más de 35 años tienen el doble de riesgo que las de 20 a 35, y por encima de los 40 el riesgo se multiplica por cinco a siete. Hoy casi siempre se sospecha en la ecografía del primer trimestre, antes de que aparezcan síntomas; por eso las complicaciones que describen los libros antiguos —vómitos intensos, preeclampsia precoz, hipertiroidismo— se ven mucho menos, y la imagen clásica en «panal» o «copos de nieve» rara vez se aprecia tan pronto.

Por qué la hCG manda durante meses

El tratamiento de la mola es vaciar el útero, y la FIGO considera la aspiración, guiada por ecografía, el método de elección. Después, el diagnóstico definitivo lo da el análisis del tejido, y por eso la guía insiste en estudiar al microscopio el tejido de cualquier aborto evacuado: algunas molas se descubren ahí, sin haberse sospechado. Lo que viene luego es lo que más desconcierta, porque dura mucho más que la intervención: análisis de hCG en sangre cada una o dos semanas hasta que la cifra se normaliza. La hCG es la hormona del test de embarazo, y en este caso funciona como un marcador exacto del tejido que pueda quedar.

La razón de tanta vigilancia es que una parte del tejido molar puede seguir creciendo después del vaciado, lo que se llama neoplasia trofoblástica gestacional. Ocurre en el 13-20 % de las molas completas y en el 0,5-5 % de las parciales. Se sospecha cuando la hCG deja de bajar, con cuatro mediciones estancadas a lo largo de tres semanas, o cuando sube en tres mediciones semanales seguidas. Suena alarmante, pero tiene un matiz tranquilizador que casi nunca se cuenta: gracias a ese seguimiento se detecta pronto, y la FIGO afirma que hoy prácticamente todas las mujeres con esta complicación pueden curarse si se tratan bien, normalmente con quimioterapia de un solo fármaco en los casos de bajo riesgo.

Si te han diagnosticado una mola: el seguimiento y el siguiente embarazo

Cuánto dura el seguimiento depende del tipo. Con una mola parcial, cuando la hCG llega a valores normales basta con un análisis de confirmación un mes después. Con una mola completa, la FIGO recomienda seguir con un análisis mensual durante seis meses más desde que la hCG se normaliza. No faltar a esos controles es lo más importante que depende de ti; muchos hospitales derivan estos casos a centros de referencia, que se encargan de recordártelos. Durante ese tiempo la anticoncepción hormonal se considera segura, según la FIGO. Consulta sin esperar al siguiente análisis si vuelves a sangrar, tienes tos persistente o sangre al toser o dolores de cabeza intensos y nuevos.

La razón de posponer un nuevo embarazo hasta acabar el seguimiento es práctica: un embarazo nuevo también produce hCG y haría imposible saber si la cifra sube por él o por tejido molar. Superada esa etapa, las noticias son buenas. El riesgo de repetir una mola en el siguiente embarazo es bajo, de entre el 0,6 y el 2 % tras una sola mola, aunque aumenta si se han tenido varias seguidas; en esos casos raros, que a veces se repiten en una misma familia, se han identificado mutaciones en dos genes concretos. En el siguiente embarazo es razonable pedir una ecografía temprana para confirmar que es normal. Y según la FIGO, incluso tras tratar una neoplasia trofoblástica, la fertilidad, los embarazos futuros y los hijos no suelen verse afectados.