Síndrome HELLP
Complicación grave del embarazo o del posparto inmediato cuyo nombre son las siglas en inglés de sus tres hallazgos en el análisis: hemólisis (rotura de glóbulos rojos), enzimas hepáticas elevadas y plaquetas bajas. Suele considerarse una forma grave de preeclampsia, aunque puede aparecer sin tensión alta. El tratamiento definitivo es el parto.
Tres letras de un análisis, no un síntoma
HELLP no se ve ni se nota: se diagnostica en un análisis de sangre. La H es la hemólisis, la rotura de glóbulos rojos dentro de los vasos, que se detecta porque sube una enzima llamada LDH; EL son las enzimas del hígado elevadas (las transaminasas, sobre todo la AST), y LP, el recuento bajo de plaquetas. Los puntos de corte más usados son los de la clasificación de Tennessee, que recoge una revisión publicada en BMC Pregnancy and Childbirth: LDH por encima de 600 U/L, AST de 70 U/L o más y plaquetas por debajo de 100.000 por microlitro. La clasificación de Mississippi añade grados según lo bajas que lleguen las plaquetas; la clase 1, la más grave, corresponde a 50.000 o menos; la clase 2, a entre 50.000 y 100.000, y la clase 3, a entre 100.000 y 150.000, que en el embarazo ya se considera bajo. Si solo se cumplen uno o dos de los tres criterios se habla de HELLP incompleto o parcial.
Según esa misma revisión, el síndrome aparece en el 0,5-0,9 % de todos los embarazos y en el 10-20 % de las preeclampsias graves. Alrededor del 70 % de los casos se presenta antes del parto, la mayoría entre las semanas 27 y 37, y el resto en las 48 horas siguientes al nacimiento. Es decir, que el parto no cierra del todo la puerta: una mujer puede irse a planta con una analítica normal y desarrollarlo al día siguiente, por eso tras una preeclampsia grave se repiten los análisis en el posparto.
El dolor de estómago que se confunde con otra cosa
Lo que hace peligroso al HELLP es que a menudo no se parece a lo que se espera de una preeclampsia. La tensión alta y la proteína en la orina, que son las pistas clásicas, faltan en el 10-20 % de los casos. El síntoma típico es un dolor en la boca del estómago o bajo las costillas del lado derecho, a veces cólico y fluctuante, con náuseas y vómitos; muchas mujeres cuentan además que llevaban unos días con malestar general. Hasta un 30-60 % tiene dolor de cabeza y alrededor de un 20 %, alteraciones de la vista. En más de la mitad de los casos, antes del síndrome hay un aumento de peso excesivo y una hinchazón generalizada, que en el tercer trimestre es fácil atribuir al propio embarazo. Con todo ese cuadro, el dolor puede tomarse por un problema digestivo cualquiera, y la revisión citada recoge que el síndrome se ha confundido con hepatitis víricas y con colangitis, una infección de las vías biliares.
De ahí la regla práctica: en la segunda mitad del embarazo o en los primeros días tras el parto, un dolor intenso en la parte alta del abdomen, con o sin vómitos, no se trata como una indigestión en casa. Se consulta, y lo que lo aclara es una tensión arterial y un análisis con plaquetas, transaminasas y LDH. La razón para no esperar es que el síndrome es progresivo y sus complicaciones son serias: desprendimiento de placenta, coagulación intravascular diseminada, hemorragia posparto y, en torno al 1-2 % de los casos, un hematoma bajo la cápsula del hígado que puede romperse.
Si te lo han diagnosticado: qué pasa ahora y qué no sirve
El tratamiento que resuelve el HELLP es el nacimiento, y la semana marca el ritmo. A partir de la semana 34, o antes si la madre o el bebé empeoran, se indica el parto. Entre las semanas 24 y 34 se suele administrar una tanda de corticoides para madurar los pulmones del bebé antes de que nazca, y alargar el embarazo más de 48 horas solo se plantea en casos seleccionados y es controvertido. Que haya HELLP no obliga por sí mismo a una cesárea: la revisión considera preferible el parto vaginal cuando es posible, con maduración del cuello si hace falta. Mientras tanto se controlan la tensión, la analítica y el bienestar del bebé de forma estrecha.
Un dato que corrige lo que se lee en muchas páginas: durante años se dieron dosis altas de dexametasona a la madre para «tratar» el HELLP, porque sube las plaquetas. La revisión Cochrane de 2010, con 11 ensayos y 550 mujeres, confirmó que las plaquetas mejoran, pero no encontró diferencias en muerte materna, complicaciones graves ni mortalidad del bebé. El número mejora, la evolución no. Después, lo que queda es mirar al futuro: tras un HELLP, el riesgo de que vuelva algún tipo de hipertensión del embarazo en la siguiente gestación es de al menos un 20 %, con estudios que van del 5 al 52 %. Por eso el siguiente embarazo conviene planificarlo con tu equipo y controlarlo desde el principio.
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