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Nidar
— Glosario · Letra E

Eclampsia

Aparición de convulsiones en el contexto de una preeclampsia. Puede ocurrir antes, durante o después del parto —incluso días después y sin una preeclampsia diagnosticada—. Es una emergencia: se trata con sulfato de magnesio y, una vez estabilizada la madre, se finaliza la gestación si el bebé aún no ha nacido.

Rara, y más traicionera de lo que dice el manual

La eclampsia es la aparición de convulsiones en una mujer con preeclampsia, y en los países con buena atención prenatal es poco frecuente. El estudio que contó todos los casos del Reino Unido en 1992 encontró 4,9 por cada 10.000 partos, es decir, alrededor de una mujer de cada 2.000. La cifra es baja, pero el mismo estudio desmonta la idea de que siempre llega precedida de una preeclampsia conocida y bien vigilada. El 70 % de las convulsiones ocurrieron en mujeres que estaban haciendo sus controles prenatales, y el 85 % en la semana siguiente a su última visita con la matrona o el médico.

El dato que más importa saber es otro. De las primeras convulsiones que ocurrieron en el hospital, el 38 % aparecieron antes de que se hubieran registrado a la vez la tensión alta y las proteínas en la orina, es decir, antes de que nadie hubiera podido poner la etiqueta de preeclampsia. Cuando el mismo registro se repitió en 2005-2006, con el sulfato de magnesio ya generalizado, la frecuencia había bajado a 2,7 por cada 10.000 partos y ninguna mujer murió, pero solo el 38 % tenía hipertensión y proteinuria establecidas en la semana previa a la primera convulsión: la mayoría no llegaba con el diagnóstico hecho. En la serie de 1992, además, el 44 % de todos los casos fueron después del parto, frente a un 38 % antes y un 18 % durante. Una revisión posterior da rangos amplios según la serie —entre el 11 % y el 44 % tras el parto— y señala que ha crecido la proporción de mujeres que convulsionan pasadas 48 horas del nacimiento, cuando muchas ya están en casa. Por eso la vigilancia no termina en el paritorio.

El sulfato de magnesio, el fármaco que ganó a todos los demás

Si en un informe lees «sulfato de magnesio», no es un calmante ni un antihipertensivo: es el anticonvulsivo de elección en la eclampsia y en su prevención, y llegó ahí por ensayos grandes, no por costumbre. El más conocido es Magpie, con 10.141 mujeres con preeclampsia en 33 países asignadas al azar a magnesio o a placebo. Con magnesio, el riesgo de eclampsia fue un 58 % menor: 0,8 % frente a 1,9 %, once casos menos por cada mil mujeres tratadas. La mortalidad materna también fue más baja, aunque sin alcanzar significación estadística, y no hubo diferencia en la mortalidad de los bebés. El precio: una de cada cuatro mujeres tuvo efectos secundarios, sobre todo sofocos y calor, frente al 5 % con placebo.

Cuando la convulsión ya ha ocurrido, el magnesio también es superior a las alternativas clásicas. La revisión Cochrane que lo compara con el diazepam, con siete ensayos y casi 1.400 mujeres, encontró un 57 % menos de convulsiones repetidas y un 41 % menos de muertes maternas. Un matiz que no suele contarse: fuera de la mujer con preeclampsia grave, el beneficio preventivo es pequeño en números absolutos. En los cuatro ensayos con preeclampsia grave, hacía falta tratar a 71 mujeres para evitar una eclampsia, y la misma revisión reconoce que, en los países desarrollados, la mayoría de los casos recientes se consideran imposibles de prevenir.

Si la palabra aparece en tu informe o te han avisado de ella

Si has tenido una eclampsia, lo que viene después está bastante protocolizado. El magnesio suele mantenerse unas horas tras la última convulsión o tras el parto, con controles de reflejos, respiración y cantidad de orina, porque se elimina por el riñón. La tensión se trata con antihipertensivos, y el parto se plantea una vez estabilizada la madre, no en mitad de la crisis: en la eclampsia primero se protege a la madre y después se decide la vía y el momento. Si ocurre antes de la semana 34 y hay margen, se pueden dar corticoides para la madurez pulmonar del bebé. En la serie británica de 2005-2006, una de cada cuatro mujeres tuvo más de una convulsión y algo más de la mitad pasó por cuidados intensivos o intermedios, con una mediana de dos días de estancia allí: es un ingreso duro, pero corto. Las pruebas de imagen del cerebro no son necesarias en la mayoría de los casos; se reservan para cuadros atípicos o que no evolucionan como se espera.

Si lo que te han dicho es que tienes preeclampsia y te hablan de la eclampsia como riesgo, lo útil es no fiarse de que avisará. La misma revisión que analiza la prevención concluye que, aparte de detectar pronto la preeclampsia, no hay pruebas ni síntomas fiables que predigan quién va a convulsionar. Eso no quita valor a las señales de alarma —dolor de cabeza intenso que no cede, visión borrosa o con destellos, dolor en la boca del estómago—, sino que obliga a consultar en cuanto aparecen, también después del parto y aunque te hayan dado el alta. Y si tuviste preeclampsia o eclampsia, en el siguiente embarazo te propondrán aspirina a dosis baja desde el primer trimestre, que es la medida preventiva con más respaldo.