Pielonefritis
Infección del riñón, casi siempre por bacterias que suben desde la vejiga. En el embarazo da fiebre, escalofríos y dolor en la zona lumbar o en un costado, y suele tratarse con ingreso y antibiótico intravenoso. Es la infección grave más frecuente de la gestación y la razón por la que se trata la bacteriuria aunque no dé síntomas.
Por qué en el embarazo una infección de orina llega al riñón
La pielonefritis empieza casi siempre como una infección de la vejiga, a veces sin síntomas, que sube por los uréteres hasta el riñón. En el embarazo ese camino es más fácil: la progesterona relaja el músculo de las vías urinarias y el útero en crecimiento las comprime, de modo que la orina circula más despacio y las bacterias tienen tiempo de subir. Es una complicación poco frecuente pero no rara. En un estudio de Kaiser Permanente con más de 543.000 embarazos, en un sistema que hace urocultivo a todas las embarazadas, apareció en el 0,5 %. En otro de un hospital de Dallas fue el 1,4 %, más de la mitad de los casos en el segundo trimestre y más de uno de cada cinco en el primero.
La bacteria responsable fue Escherichia coli en el 70 % de los casos de esa serie de Dallas, y hasta un 10 % se debieron al estreptococo del grupo B, que tiene consecuencias propias para el parto. Los síntomas se distinguen bien de una cistitis: fiebre, a menudo alta, escalofríos, dolor en la zona lumbar o en un costado que puede irradiarse hacia la ingle, y muchas veces náuseas y vómitos. Puede haber o no escozor al orinar. Si tienes fiebre y dolor de riñones, no es algo que se deba esperar a ver si se pasa ni tratar por tu cuenta: se consulta el mismo día en urgencias.
El ingreso, el antibiótico y lo que de verdad preocupa
Lo habitual es ingresar, poner antibiótico por vena hasta que la fiebre desaparece y pasar después a pastillas hasta completar el tratamiento, elegido según el urocultivo. El ingreso no es una exageración: en el estudio de Kaiser Permanente, las embarazadas con pielonefritis tuvieron sepsis en el 1,9 % de los casos frente al 0,03 % del resto, dificultad respiratoria aguda en el 0,5 % y fallo renal transitorio en el 0,4 %, además de anemia en una de cada cuatro. No son cifras para asustarse, pero explican por qué se vigila de cerca las primeras 24-48 horas. ¿Se puede tratar en casa? Un ensayo con 92 embarazadas de más de 24 semanas comparó el tratamiento ambulatorio con el ingreso y los resultados fueron parecidos, pero un 30 % de las que se iban a casa no pudieron completar el plan, y los autores concluyeron que la mayoría de las mujeres del tercer trimestre no son candidatas.
La otra preocupación es el bebé. En el estudio de Kaiser Permanente el parto prematuro espontáneo fue algo más frecuente con pielonefritis (10,3 % frente a 7,9 %), y la mayoría de esos partos ocurrieron entre las semanas 33 y 36, no en las muy prematuras. La serie de Dallas concluyó que las complicaciones maternas siguen existiendo pero que los malos resultados obstétricos son raros. Traducido: la pielonefritis se trata en serio por ti, por el riesgo de sepsis y de afectación de los pulmones y el riñón, y el efecto sobre el bebé, cuando lo hay, es sobre todo un adelanto moderado del parto.
Después del alta: el urocultivo de control y si vuelve a pasar
Si en tu informe de alta pone pielonefritis aguda, lo normal es que te pauten antibiótico oral durante unos días más y un urocultivo de control una o dos semanas después de acabarlo, porque la infección puede reaparecer. En el ensayo de tratamiento ambulatorio, el 8,6 % de las mujeres tenía de nuevo bacterias en la orina en las dos semanas siguientes. Termina la pauta aunque te encuentres bien, y a partir de ahí es probable que te repitan urocultivos en las siguientes revisiones. Vuelve a urgencias si reaparece la fiebre, el dolor lumbar o los vómitos que no te dejan retener líquidos, o si notas contracciones regulares.
Sobre la profilaxis, es decir, tomar una dosis diaria de antibiótico hasta el parto para que no se repita, hay mucha menos evidencia de lo que parece. La revisión Cochrane de 2015 solo encontró un ensayo, con 200 mujeres y riesgo de sesgo de moderado a alto, que comparaba nitrofurantoína diaria más vigilancia con vigilancia sola: no hubo diferencias significativas en nuevas pielonefritis, en infecciones de repetición ni en parto prematuro, y la calidad de la evidencia se calificó de muy baja. Por eso unos hospitales la indican tras una pielonefritis o infecciones repetidas y otros prefieren urocultivos periódicos y tratar lo que aparezca. Las dos opciones son razonables; lo que no es razonable es dejar de vigilar.
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