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Nidar
— Glosario · Letra S

Sepsis neonatal

Infección generalizada del recién nacido, con bacterias en la sangre. La precoz aparece en las primeras 72 horas y suele contagiarse en el parto (estreptococo del grupo B, E. coli); la tardía, después. Es rara, pero grave, y por eso se vigila a los bebés con factores de riesgo.

Precoz o tardía: la frontera de las 72 horas

La sepsis neonatal se divide en dos según cuándo aparece, porque cambian el origen y los gérmenes. La precoz es la que se manifiesta en las primeras 72 horas de vida, y casi siempre viene del parto: bacterias de la vagina o del líquido amniótico que el bebé traga o aspira. Los dos gérmenes más frecuentes son el estreptococo del grupo B y la Escherichia coli. La tardía aparece después de ese plazo, y en ella predominan los estafilococos coagulasa negativos, gérmenes de la piel típicos de los bebés que pasan días ingresados con vías y catéteres. Para el diagnóstico definitivo sigue mandando el hemocultivo: que crezca la bacteria en la sangre.

Es una infección poco frecuente: la sepsis precoz afecta a entre 0,2 y 2 de cada 1.000 recién nacidos vivos, según las cifras que recoge el ensayo holandés publicado en eClinicalMedicine en 2025. Ha bajado mucho en las últimas dos décadas gracias al antibiótico que se pone a la madre durante el parto cuando es portadora del estreptococo B, pero sigue siendo una enfermedad grave. El problema práctico es el contrario: con las guías clásicas, que dan antibiótico a cualquier bebé con un factor de riesgo, entre un 5 % y un 15 % de los recién nacidos acaban recibiendo antibióticos por sospecha de sepsis, cuando la infección real es de uno o dos por mil.

La calculadora que ha quitado antibióticos, y su letra pequeña

Para afinar esa decisión, el servicio de salud Kaiser Permanente de California desarrolló una calculadora de riesgo de sepsis precoz. En lugar de actuar ante cualquier factor de riesgo, combina varios datos del parto (semana de gestación, la temperatura más alta de la madre, horas de bolsa rota, si era portadora del estreptococo B y qué antibiótico recibió y cuándo) con cómo está el bebé en la exploración, y da una probabilidad concreta. El primer ensayo aleatorizado que la ha comparado con las guías clásicas, en 10 hospitales de Países Bajos y 1.830 recién nacidos con algún factor de riesgo, encontró que con la calculadora se empezaron antibióticos en el 7,2 % de los bebés frente al 26,6 % con la guía clásica, sin que empeorara la seguridad: los bebés con algún criterio de daño (necesidad de ayuda respiratoria o circulatoria, ingreso en cuidados intensivos o sepsis confirmada) fueron incluso menos en el grupo de la calculadora, un 7,0 % frente a un 14,6 %.

La letra pequeña: un metaanálisis de 2020 en eClinicalMedicine revisó once estudios con 75 casos de sepsis confirmada y estimó que, si se hubiera seguido solo la calculadora, entre el 19 % y el 31 % de esos casos habrían recibido el antibiótico más tarde o no lo habrían recibido cuando la guía británica sí lo indicaba, sobre todo en hijos de madres con fiebre o corioamnionitis. Por eso la calculadora no sustituye a la vigilancia: los bebés con riesgo intermedio se quedan en observación con controles de temperatura, respiración y color durante sus primeras horas, y si algo cambia, se actúa aunque el número fuera bajo. Si en tu hospital la usan, es normal que al bebé le tomen constantes cada pocas horas aunque esté perfecto.

Si os vais a casa y algo no te cuadra

Si te han dicho en el alta que tu bebé tenía «riesgo de infección» (por bolsa rota muchas horas, fiebre en el parto o estreptococo B sin antibiótico a tiempo) y le han vigilado sin tratar, lo más probable, con mucho, es que no pase nada: la vigilancia está precisamente para no dar antibiótico a los que no lo necesitan. Lo que conviene es saber qué mirar las primeras semanas, porque en un recién nacido la infección se nota más por cómo está que por la fiebre, y un bebé muy pequeño puede tener la temperatura baja en vez de alta.

El NHS resume las señales que obligan a ir a urgencias sin esperar: respiración muy rápida o con dificultad, con quejido o hundiendo la tripa bajo las costillas; piel, labios o lengua azulados, grises, muy pálidos o con manchas; una erupción que no desaparece al apretarla; 38 °C o más en un bebé de menos de tres meses, o menos de 36 °C y frío al tacto; llanto débil, agudo o continuo; un bebé que no responde como siempre, no come, cuesta despertarlo o está más dormido de lo normal; o que lleva 12 horas sin mojar el pañal. Con una sola de estas cosas no hace falta pedir cita: se va a urgencias. Y en un bebé de menos de tres meses, cualquier fiebre se consulta el mismo día aunque parezca estar bien.