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Nidar
— Glosario · Letra M

Milium

Quistes diminutos, blancos o nacarados, del tamaño de una cabeza de alfiler, que muchos recién nacidos tienen en la nariz, la barbilla o las mejillas (en plural, milia). Son acumulaciones de queratina bajo la piel, no granos ni acné. Su equivalente en el paladar son las perlas de Epstein. Desaparecen solos y no hay que tocarlos.

Qué son esos puntitos blancos de la nariz

Un milium es un quiste minúsculo, de uno o dos milímetros, lleno de queratina, la misma proteína que forma la capa más superficial de la piel. Se ve como un punto blanco o amarillento, liso, duro al tacto y sin rojez alrededor, justo debajo de una piel muy fina. En el recién nacido suelen salir varios a la vez, en la nariz, la barbilla, las mejillas y la frente, y ya están ahí al nacer o aparecen en los primeros días. Aunque parezcan granitos, no tienen poro abierto ni pus, no son acné y no tienen nada que ver con la higiene ni con la alimentación de la madre: es piel que todavía está terminando de madurar.

La frecuencia depende mucho de cómo se cuente. En San Diego, con dermatólogos explorando a 594 recién nacidos en sus primeras 48 horas, los tenía el 8 %. En un hospital universitario de Brasil que examinó a 341 prematuros durante su primer mes, el 32,2 %. La diferencia tiene que ver sobre todo con el momento y la minuciosidad de la exploración, porque son tan pequeños que se pasan por alto con facilidad. En cualquier caso es un hallazgo corriente, que se anota en el informe precisamente para que no se confunda con algo que haya que tratar.

Las perlas de Epstein: lo mismo, pero dentro de la boca

Si abres la boca de tu bebé y ves uno o varios puntitos blancos, duros, en la línea media del paladar, lo más probable es que sean perlas de Epstein, que son el mismo tipo de quiste de queratina. Las describió en 1880 un pediatra de Praga, Alois Epstein, y en 1967 un estudio con 1.367 recién nacidos las clasificó junto a otras dos lesiones parecidas: los nódulos de Bohn, en los laterales del paladar y las encías, y los quistes de la lámina dental, en el borde de las encías. Tienen distinto origen embrionario pero el mismo aspecto, la misma evolución y el mismo manejo, que es ninguno: desaparecen solos.

Son todavía más frecuentes que los de la piel. En un estudio de la India con 1.000 recién nacidos se vieron perlas de Epstein en el 89,1 %, y en los prematuros brasileños antes citados en el 37,2 %. No molestan para mamar ni para tomar el biberón. La revisión de StatPearls sobre estos quistes insiste en una sola cosa práctica: hay que saber reconocerlos para no confundirlos con lo poco que sí requiere actuar en la boca de un recién nacido, como un diente neonatal o un épulis congénito, un bulto carnoso de la encía que es raro.

Si lo pone en el informe del alta: no se tocan

Que el informe diga «milium», «milia» o «perlas de Epstein» significa que se han visto y se han reconocido como lo que son. No hay que hacer nada. No se aprietan ni se pinchan: el contenido es queratina compacta, no pus, así que no sale como un grano y lo único que se consigue es irritar o herir una piel muy delicada. Tampoco hacen falta cremas, aceites ni exfoliantes; el baño normal con agua basta. La piel los va eliminando sola, y los de la boca se desprenden sin que te enteres.

Lo que sí conviene distinguir. En la piel, si los puntos se rodean de rojez, supuran o forman ampollas, ya no es milium y hay que consultarlo. En la boca, la confusión habitual es con el muguet: las placas del muguet son manchas blancas, más grandes e irregulares, en la lengua, las mejillas o las encías, que no se van al limpiar y a veces sangran al frotarlas, mientras que las perlas de Epstein son puntos redondos, duros, siempre en el mismo sitio y que no cambian de un día para otro. Un bulto que crece en la encía o algo con aspecto de diente también merece que lo vea el pediatra. Y si aparecen quistes parecidos más adelante o en zonas distintas de la cara, coméntalo en la revisión, porque ya no es lo típico del recién nacido.