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Nidar
— Glosario · Letra V

Vernix caseosa

Capa blanquecina y grasosa que cubre la piel del bebé dentro del útero, protegiéndola del líquido amniótico. Es más abundante en el prematuro tardío; en los nacidos a término suele quedar solo en los pliegues.

De qué está hecha realmente esa capa blanca

El vérnix no es «grasa», y su composición está medida: 80,5 % de agua, 10,3 % de lípidos y 9,1 % de proteínas. Que sea agua en cuatro quintas partes y aun así tenga ese aspecto de queso se explica porque el agua va dentro de las células muertas de la capa más superficial de la piel del bebé, que todavía es inmadura y está muy hidratada; esas células se desprenden y se mezclan con el sebo de sus glándulas sebáceas. De ahí la textura. Los lípidos vienen de dos sitios: de la propia capa córnea —ceramidas, ésteres de colesterol, ésteres de ceras— y del sebo, que aporta colesterol, triglicéridos, ácidos grasos libres y fosfolípidos. Se forma sobre todo en el tercer trimestre, cuando la capa córnea sustituye al peridermo y las glándulas sebáceas ya producen sebo.

La parte interesante es la proteica. El análisis del proteoma del vérnix identificó 41 proteínas, 25 de ellas descritas por primera vez, y el dato que importa es este: el 39 % de las proteínas identificadas forman parte de la inmunidad innata del feto y el 29 % tienen actividad antimicrobiana directa. Están las defensinas del neutrófilo, la catelicidina LL-37, la lisozima, la lactoferrina, la psoriasina. Y no trabajan por separado: en un trabajo publicado en Cellular and Molecular Life Sciences los lípidos del vérnix aumentaron la actividad antimicrobiana de LL-37 in vitro, y los ácidos grasos libres mostraron actividad antimicrobiana propia. Dicho de otro modo, esa capa es a la vez una barrera física y una crema con defensas dentro.

Para qué sirve dentro, y para qué sigue sirviendo fuera

Dentro del útero hace varias cosas a la vez. Es un biofilm hidratante que va soltando su agua despacio y permite que la piel termine de madurar. Ayuda a regular la temperatura: en el prematuro, con la epidermis poco desarrollada, la pérdida de agua transepidérmica es alta y la temperatura corporal se queda por debajo de lo normal, y se ha descrito una relación inversa entre la cantidad de vérnix y esa pérdida de agua. Hace de barrera antimicrobiana mientras la piel se coloniza. Y alimenta: el vérnix está en contacto con el líquido amniótico, se desprende, el bebé lo traga, y más del 20 % de sus aminoácidos es glutamina, un factor trófico para los tejidos que se dividen rápido, como el epitelio intestinal y los linfocitos.

Nada de eso se apaga al nacer, y de ahí sale la recomendación que casi ninguna página en español cuenta. Las recomendaciones de la OMS de 2022 sobre cuidados posnatales lo dicen sin matices: el primer baño de un recién nacido a término y sano debe retrasarse al menos 24 horas. La OMS lo encuadra en la prevención de la hipotermia, que es el riesgo inmediato de bañar a un bebé cuya piel todavía no regula bien la temperatura; la misma guía tampoco recomienda aplicar emolientes de forma rutinaria a los recién nacidos sanos para prevenir problemas de piel. Traducido a la práctica: no hay que frotar para quitar el vérnix, y esa capa blanca en los pliegues del cuello, las axilas o las ingles no es suciedad que haya que limpiar. Se va sola con el manejo normal de los primeros días.

Cuánto hay según las semanas, y qué significa que no haya

La cantidad depende de la edad gestacional, porque la producción es máxima en el tercer trimestre. El prematuro tardío nace bien cubierto, con una capa espesa y blanca; el bebé a término suele traerla ya solo en los pliegues, en las orejas y en el cuero cabelludo; y el que se pasa de fecha puede no traer nada. Eso último tiene nombre. Alrededor del 20 % de los fetos postérmino presenta el síndrome de dismadurez, con piel fina, arrugada y muy descamada, cuerpo delgado, pelo y uñas largos, poco líquido amniótico y paso frecuente de meconio; el embarazo postérmino es en torno al 7 % de los embarazos. Si tu bebé ha nacido con la piel pelándose en manos y pies y sin nada de vérnix, casi siempre es esto: no una enfermedad de la piel, sino el aspecto de una piel que ha estado mucho tiempo dentro sin su capa protectora.

«Vérnix teñido de meconio» en el informe significa que el bebé ha estado en un líquido amniótico con meconio y que ese pigmento ha llegado a impregnar la capa: el vérnix aparece amarillo verdoso en lugar de blanco. El líquido con meconio se ve en el 12 % al 20 % de los partos, y la cifra sube hasta el 40 % en los que se pasan de fecha, así que no es un hallazgo raro. Lo que hace el equipo con ese dato es sencillo: observar la respiración del bebé en las primeras horas, porque el problema no es el meconio en la piel sino el que pudiera haber aspirado. Hay un caso en el que el dato pesa más: antes de la semana 32 el meconio en el líquido es infrecuente, y cuando aparece en un prematuro puede apuntar a corioamnionitis, a una infección fetal o a compresión del cordón. Fuera de ese escenario, un vérnix teñido en un bebé que respira bien y hace buenas tomas no cambia nada de lo que viene después.