Neonatólogo
Pediatra especializado en recién nacidos. Se le avisa para los partos prematuros o con riesgo para el bebé, o cuando este nace con dificultades, y atiende a los bebés ingresados en la UCI neonatal. En un parto sin complicaciones, al recién nacido lo recibe la matrona.
En un parto sin complicaciones, quien recibe al bebé no es el neonatólogo
Mucha gente espera ver a un pediatra en el paritorio y se sorprende de que no aparezca. En un parto de bajo riesgo, quien atiende al bebé en sus primeros minutos es la matrona: comprueba cómo respira, su frecuencia cardiaca y su tono muscular, y con eso decide si necesita ayuda. La guía de parto de NICE lo organiza así y pone dos condiciones: que todos los profesionales que atienden partos hagan cada año un curso de reanimación neonatal, y que en cualquier lugar donde se dé a luz esté previsto cómo pedir ayuda y cómo trasladar al bebé si hace falta. El neonatólogo es esa ayuda: el pediatra especializado en recién nacidos que se llama cuando hay un problema o se espera que lo haya.
Lo habitual es avisarle antes del nacimiento cuando se prevé que el bebé pueda necesitar ayuda, y un parto prematuro es el ejemplo más claro. Otro es el meconio: NICE indica que el meconio puede requerir que estén presentes al nacer profesionales entrenados en reanimación neonatal avanzada. Y se le llama después si el bebé nace en mal estado, con la respiración, el latido o el tono alterados; en ese caso, además de reanimarle, se toman dos muestras de sangre del cordón para medir sus gases, algo que la guía pide no hacer de rutina en los bebés que nacen bien. Un detalle que ha cambiado: si hay meconio pero el bebé respira bien, tiene buen latido y buen tono, la guía pide no aspirarle la boca ni la nariz y no intubarle. Si el meconio era espeso, eso sí, se le observa en una unidad con acceso inmediato a un neonatólogo a la hora, a las dos horas y luego cada dos horas hasta las 12 horas de vida; si era poco, basta con observarle a la hora y a las dos horas.
Antes del alta: la exploración y las tres pruebas de cribado
Aunque nadie de neonatología haya estado en el parto, antes de iros a casa se explora al bebé de arriba abajo: la piel y el color, la cabeza y las fontanelas, el paladar, los ojos, el corazón y los pulsos, las caderas, los genitales, la columna y los reflejos. A la vez se hacen tres cribados que en España son universales, es decir, se ofrecen a todos los recién nacidos, también a los que nacen en casa, y que piden el consentimiento de los padres. El más conocido es la prueba del talón: unas gotas de sangre en un papel especial que buscan enfermedades congénitas tratables antes de que den síntomas.
La lista ha crecido mucho. La cartera común del Sistema Nacional de Salud incluía el hipotiroidismo congénito, la fenilcetonuria, la fibrosis quística, la anemia falciforme y varios defectos del metabolismo, y en 2026 una orden ministerial añadió, entre otras, la inmunodeficiencia combinada grave, la atrofia muscular espinal y la adrenoleucodistrofia ligada al cromosoma X, hasta superar la veintena de enfermedades; cada comunidad puede sumar otras. El segundo cribado es el de la audición. El tercero, incorporado a la cartera común en 2025, es el de cardiopatías congénitas críticas: un sensor de luz que se pega a la piel y mide sin pinchazos el oxígeno de la sangre, la pulsioximetría, para detectar malformaciones del corazón que necesitarán cirugía o cateterismo en el primer mes. Los tres persiguen lo mismo, según el Ministerio: tratar antes de que aparezcan síntomas para evitar muertes prematuras y discapacidades.
Lo que un resultado normal no garantiza, y lo que uno alterado no significa
La pulsioximetría es una buena prueba, pero no perfecta, y conviene saberlo: los autores la describen como muy específica y moderadamente sensible, es decir, casi nunca acusa sin motivo pero no encuentra todos los casos. La revisión Cochrane de 2018, con 21 estudios y más de 450.000 recién nacidos, calculó una sensibilidad del 76,3 % y una especificidad del 99,9 %. Traducido a bebés nacidos a término o casi, de cada 10.000 aparentemente sanos, unos 6 tienen una cardiopatía crítica; la prueba detecta a 5 y se le escapa 1, y además da la alarma en otros 14 que no tienen nada. Esos falsos positivos son menos frecuentes si la prueba se hace pasadas las 24 horas de vida (0,06 % frente a 0,42 %), y por eso tiene sentido hacerla pasadas las primeras horas y no nada más nacer.
De ahí salen dos consejos. Un cribado normal no descarta todo: si en las primeras semanas ves al bebé con color azulado en labios o piel, respiración muy rápida o agotamiento al comer, consulta aunque las pruebas salieran bien. Y un resultado alterado, o una llamada para repetir la prueba del talón o la de audición, tampoco es un diagnóstico: significa que hay que confirmar con otra prueba, y precisamente de eso se ocupa el cribado, de encontrar pronto a los pocos bebés que lo necesitan. Si tu bebé ingresa en neonatos, lo que te espera allí está en la ficha de UCI neonatal.