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Nidar
— Glosario · Letra D

Dientes neonatales

Dientes que ya asoman al nacer (dientes natales) o salen durante el primer mes de vida (neonatales). Casi siempre son los incisivos centrales inferiores de leche que han salido antes de tiempo, no dientes de más. Solo se quitan si se mueven mucho, por riesgo de que el bebé se los trague o aspire, o si hieren la lengua.

Raros, casi siempre de leche y casi siempre abajo

La terminología distingue dos casos por el momento, aunque en la práctica se tratan igual: los dientes natales están presentes en el momento del parto y los neonatales salen en los primeros 30 días de vida. Una revisión en el Journal of the National Medical Association sitúa su frecuencia en torno a 1 de cada 2.000 a 3.000 nacidos vivos, y un estudio con los registros de 15 años de una región de Polonia encontró una prevalencia del 0,08 %, con los natales como el 93,8 % de los casos y una frecuencia que subió del 0,039 % en 2007 al 0,134 % en 2022, sin una causa clara. Suelen salir por parejas y es raro que haya más de dos.

Lo importante para los padres es qué diente es. Según la misma revisión, la mayoría son la salida adelantada de los dientes de leche normales, sobre todo los incisivos centrales inferiores, y menos del 10 % son dientes supernumerarios, es decir, de más. En un estudio prospectivo de 52 niños publicado en Scientific Reports, todos eran incisivos centrales inferiores y ninguno supernumerario. Esto importa porque cambia la decisión: si se quita uno de esos dientes, no vuelve a salir otro de leche en su lugar, y el hueco se queda hasta que asome el definitivo, varios años después: en el estudio de Scientific Reports, que siguió a los niños hasta entonces, ningún diente salió en el lugar de los extraídos antes de los permanentes. A menudo son más pequeños, amarillentos y con el esmalte poco formado (hipoplasia), y tienen poca raíz, lo que explica que muchos se muevan.

Cuándo se quitan y cuándo no

La regla es conservarlos salvo que haya un motivo para extraerlos, y los motivos son concretos. El primero y más serio es la movilidad excesiva: un diente muy flojo puede soltarse y que el bebé se lo trague o, peor, lo aspire a la vía respiratoria; los autores del estudio de Scientific Reports citan una movilidad de más de 1 milímetro como indicación de extracción, y en su serie el 49,1 % de los dientes natales se quitaron por ese motivo. Los demás son que sea un diente supernumerario, que impida la alimentación o que produzca una úlcera en la lengua. Si el diente se mueve poco, lo habitual es que se afiance: en ese mismo estudio, los dientes con movilidad moderada que se dejaron se estabilizaron en los tres primeros meses.

La úlcera de Riga-Fede es la complicación típica: el borde afilado del diente roza la cara inferior de la lengua con cada succión y acaba haciendo una llaga que duele y dificulta la toma. En la serie citada apareció en el 5,7 % de los niños. No siempre obliga a sacar el diente: una alternativa es que el odontopediatra lime o redondee el borde, aunque los autores advierten que a veces el roce sigue y la herida tarda en curar. Si se decide extraer, el mismo artículo explica que suele esperarse a los 10 días de vida por el riesgo de sangrado, y que si no se puede esperar, el neonatólogo debe valorar si hace falta vitamina K antes; es una razón más para que el bebé la haya recibido al nacer.

Si tu bebé ha nacido con un diente

Si en el informe del alta pone «diente natal» o «diente neonatal», lo razonable es que lo vea un odontopediatra en las primeras semanas para valorar cuánto se mueve y si es un diente de leche. La revisión del Journal of the National Medical Association indica una radiografía dental para distinguir un diente de leche adelantado de uno supernumerario, y que si el diente no molesta para mamar y no da problemas, no hace falta ningún tratamiento. Mientras tanto, conviene fijarse en tres cosas: si el diente se mueve cada vez más, si aparece una llaga debajo de la lengua o el bebé rechaza la toma, y si el diente desaparece de repente, que obliga a descartar que lo haya tragado o aspirado.

Un diente al nacer no obliga a dejar el pecho. La revisión recoge entre las complicaciones las molestias al mamar y las heridas en el pezón, y los autores del estudio de Scientific Reports añaden que el dolor puede llevar a la madre a dejar de dar el pecho, pero no es un desenlace obligado. En un buen agarre la lengua del bebé queda por delante de la encía inferior y se interpone entre el diente y el pezón; si aun así hay grietas o dolor que no cede, merece la pena consultar con una matrona o una asesora de lactancia antes de abandonarla. Si el diente se conserva, necesita la misma higiene que cualquier diente de leche desde el primer día, porque ese esmalte poco formado es más vulnerable a la caries.