Hipertensión gestacional
Tensión arterial de 140/90 mmHg o más que aparece por primera vez a partir de la semana 20 de embarazo, sin proteínas en la orina ni otros signos de afectación de órganos. Suele desaparecer tras el parto, pero obliga a vigilar porque una parte evoluciona a preeclampsia.
Tensión alta y nada más: lo que la separa de la preeclampsia
La hipertensión gestacional es la tensión arterial de 140/90 mmHg o más que aparece por primera vez a partir de la semana 20, medida en más de una ocasión, en una mujer que antes la tenía normal. La clave del diagnóstico está en lo que no hay: ni proteínas en la orina ni alteraciones en los análisis de sangre, en el hígado, en el riñón o en las plaquetas. En cuanto aparece cualquiera de esas cosas, la etiqueta cambia a preeclampsia. Si la tensión alta ya estaba antes de la semana 20, tampoco es hipertensión gestacional: es una hipertensión crónica que el embarazo ha sacado a la luz, con un manejo distinto.
Por eso el diagnóstico es, en cierto modo, provisional. Nadie puede asegurar el primer día que una tensión alta sin proteinuria vaya a quedarse así hasta el parto. La guía NICE lo refleja en la forma de vigilarla: medir la tensión y hacer la tira de orina una o dos veces por semana, un análisis con hemograma, función hepática y renal al diagnóstico, y una prueba basada en el PlGF, el factor de crecimiento placentario, si en algún momento hay sospecha de preeclampsia entre las semanas 20 y 36+6. La misma guía pide tener en cuenta que el riesgo es mayor en el primer embarazo, a partir de los 40 años, con gemelos, con un IMC de 35 o más o si ya hubo preeclampsia o hipertensión en un embarazo anterior.
Cuántas acaban en preeclampsia: depende sobre todo de cuándo empezó
La cifra que suele repetirse, «una de cada cuatro», es una simplificación de un dato que varía mucho según la semana del diagnóstico. En el estudio de Saudan, con 845 mujeres de un hospital de Sídney, entre el 15 % y el 26 % de las que empezaron con hipertensión gestacional progresaron a preeclampsia, un 17 % en conjunto. Las que dieron el salto habían debutado antes, y cuando la hipertensión se diagnosticaba después de la semana 36 el riesgo de progresar era de solo un 10 % aproximadamente.
En el otro extremo está la hipertensión que aparece pronto. Barton y Sibai siguieron a 748 mujeres con hipertensión gestacional leve diagnosticada entre las semanas 24 y 35, y el 46 % acabó desarrollando preeclampsia; casi un 10 % llegó a formas graves antes del parto. Las que desarrollaron proteinuria dieron a luz antes, sus bebés pesaron de media unos 300 gramos menos y tuvieron casi el doble de bebés pequeños para su edad gestacional (24,8 % frente a 13,8 %). Así que la misma palabra en el informe no significa lo mismo en la semana 26 que en la 38: cuanto antes aparece, más estrecha tiene que ser la vigilancia, y más ecografías de crecimiento vas a tener.
Si te lo han diagnosticado: el plan, el parto y lo que viene después
El control se hace en casa y en la consulta, no en la cama. La NICE desaconseja expresamente el reposo en el hospital como tratamiento, y cuando la tensión se mantiene por encima de 140/90 propone medicación con un objetivo de 135/85 mmHg o menos; el labetalol es el fármaco de primera elección, con el nifedipino como alternativa. Mientras la tensión esté por debajo de 160/110 y no haya otras complicaciones, no se adelanta el parto antes de la semana 37. A partir de ahí la evidencia cambia: el ensayo holandés HYPITAT asignó al azar a 756 mujeres con hipertensión gestacional o preeclampsia leve entre las semanas 36 y 41 a inducción o a espera vigilada, y con la inducción hubo menos complicaciones maternas graves (31 % frente a 44 %). Por eso es probable que te propongan inducir el parto a partir de la 37.
Tras el parto, la tensión se mide a diario los dos primeros días y al menos una vez más entre el tercero y el quinto. Suele normalizarse en semanas; si tomabas medicación, lo habitual es que la necesites más o menos el mismo tiempo que antes del parto. Lo que no desaparece es la información que te ha dado el embarazo. Alrededor de una de cada cinco mujeres vuelve a tener tensión alta en el siguiente embarazo, y la NICE resume el riesgo cardiovascular a largo plazo tras una hipertensión gestacional como entre 1,5 y 3 veces mayor de sufrir un evento cardiovascular grave. No es motivo de alarma, pero sí de medirte la tensión cada cierto tiempo con tu médico de familia, no fumar y cuidar el peso. Y durante el embarazo, consulta sin esperar si aparece dolor de cabeza intenso, visión borrosa o dolor en la boca del estómago, que son las señales de que podría estar convirtiéndose en preeclampsia.
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