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Nidar
— Glosario · Letra H

Hidrocele

Acumulación de líquido alrededor del testículo que hace que una o las dos mitades del escroto se vean hinchadas. Es muy frecuente en recién nacidos, no duele y no daña el testículo. En la mayoría se reabsorbe solo durante el primer año, por lo que se vigila en lugar de operar, salvo que se sospeche una hernia inguinal.

De dónde sale ese líquido y por qué es tan común al nacer

Durante el desarrollo, los testículos se forman dentro del abdomen y bajan al escroto arrastrando una prolongación del peritoneo, la membrana que tapiza la barriga, llamada conducto peritoneo-vaginal. Lo normal es que ese conducto se cierre y deje solo una bolsita fina alrededor del testículo. Si no se cierra del todo, el líquido del abdomen puede bajar y acumularse ahí: eso es un hidrocele. La guía europea de urología pediátrica recuerda que el conducto sigue abierto en el 80-94 % de los recién nacidos, frente a un 20 % de los adultos, lo que explica que el hallazgo sea tan habitual en la revisión del recién nacido.

Hay dos formas que conviene distinguir. En el hidrocele comunicante el conducto sigue abierto y el líquido va y viene, así que la hinchazón cambia de tamaño: suele verse más grande al final del día o cuando el bebé llora y hace fuerza, y más pequeña por la mañana. En el no comunicante el líquido quedó atrapado y el tamaño es estable. Puede aparecer también un hidrocele del cordón, una bolita de líquido más arriba, en el trayecto hacia la ingle. En las niñas existe un equivalente, mucho más raro, en el canal de Nuck. El diagnóstico suele hacerse en la consulta: la zona es lisa, blanda, no duele y se ilumina al acercar una linterna. Si hay dudas, o si no se palpa bien el testículo, se pide una ecografía.

Por qué se espera, y por qué con la hernia no

La recomendación europea es clara: en la mayoría de los lactantes el hidrocele se observa al menos durante los primeros doce meses, porque tiende a desaparecer solo. La tasa de resolución depende de la edad: se resuelve en el 92 % de los casos antes del año, frente al 43 % cuando persiste pasados los tres años. Esperar tiene poco riesgo, porque que un hidrocele acabe convirtiéndose en hernia es raro y no lleva a una hernia estrangulada, y no hay pruebas de que el líquido dañe el testículo. En los hidroceles no comunicantes adquiridos, que pueden aparecer tras un golpe o una inflamación, la resolución espontánea ronda el 75 % y se aconseja esperar entre seis y nueve meses.

La hernia inguinal es otra cosa, aunque nazca del mismo conducto abierto: en ella el orificio es lo bastante ancho como para que baje intestino o grasa, no solo líquido. Y ahí sí hay prisa. Un estudio canadiense con 1.065 niños menores de dos años operados de hernia inguinal encontró que el 11,9 % sufrió una incarceración, es decir, que el contenido se quedó atrapado, mientras esperaba la cirugía. Con esperas de hasta 14 días el porcentaje era del 5,2 %, frente al 10,1 % con esperas de hasta 35 días, y en los menores de un año esperar más de dos semanas duplicaba el riesgo. Los autores recomendaron operar en los 14 días siguientes al diagnóstico. Por eso la guía europea pide cirugía precoz del hidrocele cuando se sospecha una hernia asociada o un problema del propio testículo.

Si lo han anotado en el alta o en la revisión del pediatra

«Hidrocele», uni o bilateral, en el informe del recién nacido suele significar solo eso: que hay que mirarlo en las revisiones siguientes. No requiere cuidados especiales, ni punciones, ni cambiar nada al bañarlo o al ponerle el pañal. Lo útil es fijarte en si cambia de tamaño a lo largo del día, porque eso indica que es comunicante, y contárselo al pediatra, que lo irá controlando. Si sigue ahí pasado el año o si crece, se deriva a cirugía pediátrica. Si al final hay que operar, la intervención en niños consiste en cerrar el conducto abierto a través de una pequeña incisión en la ingle, y la guía europea señala que en manos expertas el daño al testículo es muy poco frecuente. Tampoco deben usarse sustancias esclerosantes, por riesgo de peritonitis.

Lo que no puede esperar es un bulto en la ingle o el escroto que de pronto se pone duro, tenso, rojo o doloroso y no vuelve a su sitio, sobre todo si el bebé llora sin consuelo, vomita o rechaza las tomas: eso hace pensar en una hernia incarcerada y es motivo de urgencias. También hay que consultar sin demora si la hinchazón aparece de repente con dolor en un niño que antes no la tenía, porque detrás de un hidrocele adquirido puede haber una torsión testicular o una inflamación. Fuera de esas situaciones, un escroto hinchado, blando y tranquilo en un recién nacido es de los hallazgos que más asustan y menos consecuencias tienen.