Fimosis
Estrechez del prepucio que impide bajarlo por completo y dejar al descubierto el glande. En el recién nacido y el niño pequeño es lo normal, no una enfermedad: se llama fimosis fisiológica y se resuelve sola con los años. No hay que retraerlo a la fuerza; solo se trata si da síntomas o persiste con cicatriz.
En un recién nacido, la fimosis es lo esperable
Al nacer, el prepucio y el glande están unidos por una capa de piel que se va separando poco a poco durante la infancia. Por eso casi ningún bebé puede bajar la piel: según la guía de urología pediátrica de la Asociación Europea de Urología (EAU), al nacer el prepucio solo se retrae en el 4 % de los niños y en el 42 % ni siquiera se ve la punta del glande. Hacia el final del primer año se puede retraer detrás de la corona del glande en aproximadamente la mitad, y a los tres años en el 89 %. La propia guía lo dice sin rodeos: que el prepucio no baje puede ser una fase normal del desarrollo que no necesita tratamiento si no hay síntomas.
Los estudios clásicos que siguieron a escolares daneses, los de Øster, recogidos por la EAU, muestran lo lento que es el proceso y lo bien que acaba: la fimosis aparece en el 9-20 % de los niños de 5 a 13 años y solo en el 1 % de los chicos de 16 a 18. Las adherencias entre prepucio y glande, que son otra causa de que la piel no baje y no son fimosis, están presentes en el 63 % de los niños de 6-7 años y en el 3 % de los de 16-17. Dos cosas que alarman a muchas familias forman parte de ese proceso: las bolitas blancas bajo la piel, que son esmegma acumulado mientras el prepucio se despega y no quistes ni pus, y el prepucio que se hincha como un globo al hacer pis, que la guía considera una fase fisiológica con flujo de orina normal.
No forzar, y la pomada antes que el quirófano
El consejo que más daño evita es el que durante décadas se dio al revés: no bajar la piel del bebé para limpiarla. La EAU pide no retraer el prepucio para la higiene hasta que se haga con facilidad, porque forzar un anillo estrecho produce pequeñas fisuras que cicatrizan y pueden convertir una fimosis fisiológica en una patológica, que ya no se resuelve sola. Hasta entonces basta con lavar por fuera durante el baño. Si alguna vez el prepucio se queda retraído y no vuelve a su sitio, se llama parafimosis: el glande se hincha y la guía lo trata como una urgencia médica. Es poco frecuente, alrededor del 0,2 %, y casi siempre se debe a una manipulación.
Cuando la fimosis sí necesita tratamiento, el primer paso no es operar. La EAU recomienda como primera línea una pomada o crema de corticoide aplicada dos veces al día sobre el anillo estrecho, con una retracción suave, durante cuatro a ocho semanas, con éxitos por encima del 80 % y recaídas de hasta el 17 %; no tiene efectos sistémicos. La revisión Cochrane de 2024, con 14 ensayos y 1.459 niños, es más prudente con la cifra pero apunta en la misma dirección: el corticoide aumenta la resolución completa frente a placebo o no tratar, en torno a 436 niños más por cada 1.000, con evidencia de certeza baja porque los ensayos son muy distintos entre sí. La cirugía, circuncisión o una plastia que conserva el prepucio, queda para la fimosis con síntomas que no responde o con liquen escleroso.
Si lo ves escrito en la revisión del bebé
Si en el informe de una revisión del recién nacido o del lactante pone «fimosis», lo más probable es que describa lo que tiene casi cualquier bebé de su edad y no haya que hacer nada más que lavar por fuera y no forzar. Lo que convierte una fimosis en algo que tratar son los síntomas, no la edad: infecciones repetidas del glande y el prepucio (balanopostitis, con enrojecimiento, hinchazón y pus, que se da en torno al 6 % de los niños no circuncidados), dolor, un chorro de orina muy fino con dificultad para orinar, o un anillo blanco, duro y cicatricial, señal de fimosis patológica o de liquen escleroso. En los bebés con malformaciones del riñón o reflujo que les hacen propensos a infecciones de orina, la EAU sí recomienda tratar la fimosis aunque no dé síntomas.
Conviene saber también lo que no justifica una circuncisión en un bebé sano: la guía de la EAU dice que la circuncisión neonatal rutinaria para prevenir el cáncer de pene no está indicada y que el globo al orinar no es, por sí solo, motivo para operar. Y si además de la fimosis hay otra alteración del pene, como un hipospadias, un pene incurvado o un pene oculto por la grasa del pubis, la circuncisión simple está contraindicada, porque el prepucio puede hacer falta para la reconstrucción. En ese caso lo decide el urólogo o cirujano pediátrico, no una intervención rápida.