Criptorquidia
Testículo que no ha bajado a la bolsa del escroto al nacer y se queda en el camino, en la ingle o dentro del abdomen. Es la alteración genital más frecuente en el recién nacido, sobre todo en prematuros. Muchos bajan solos en los primeros meses; si a los 6 meses no lo han hecho, se opera.
Un viaje que a veces se queda a medias
Los testículos se forman dentro del abdomen, cerca de los riñones, y durante el embarazo bajan por el conducto inguinal hasta el escroto; el último tramo ocurre en el tercer trimestre. Por eso la criptorquidia, que significa literalmente «testículo escondido», es mucho más frecuente en los bebés que nacen antes de tiempo. Una revisión sistemática de 46 estudios lo resume en dos rangos: en recién nacidos a término o de más de 2,5 kilos, entre el 1,0 y el 4,6 % tiene un testículo sin descender; en prematuros o de bajo peso, entre el 1,1 y el 45,3 %, según lo prematuros que sean. Puede afectar a un lado o a los dos, y el testículo puede notarse en la ingle, que es lo más habitual, o no notarse en absoluto.
Hay que distinguirla del testículo retráctil, que es otra cosa. Muchos niños tienen un reflejo muscular potente que sube el testículo hacia la ingle con el frío, al tocarlo o al llorar; pero se puede bajar con la mano hasta el escroto y se queda ahí un rato. Ese testículo ha descendido y no se opera. Eso sí, la guía de la Asociación Americana de Urología (AUA) recomienda comprobar su posición al menos una vez al año, porque algunos acaban subiendo y quedándose arriba. Es lo que se llama criptorquidia adquirida: un testículo que estaba en su sitio en las primeras revisiones y más adelante ya no lo está, y es una de las razones por las que el pediatra sigue mirando los genitales en revisiones posteriores.
Esperar seis meses, y ni ecografía ni hormonas
Buena parte de los testículos que no están al nacer bajan solos, y lo hacen pronto. Según los estudios que recoge la AUA, el descenso espontáneo ocurre en el 35-43 % de los recién nacidos con criptorquidia, casi siempre antes de los 3 meses, y en un estudio de derivaciones ninguno de los niños que llegaron a partir de los 6 meses bajó ya por sí solo. Al año de edad, la criptorquidia queda en torno al 1,0-1,5 % de los niños nacidos a término. La conclusión de la guía es clara: si a los 6 meses, corregidos por la prematuridad, el testículo no ha bajado, hay que derivar al cirujano o urólogo pediátrico, y la operación debe hacerse durante el año siguiente, es decir, dentro de los primeros 18 meses de vida. El consenso de los países nórdicos es más estricto y la sitúa entre los 6 y los 12 meses.
Dos cosas que muchas familias esperan y que las guías desaconsejan. La primera, la ecografía: la AUA dice expresamente que no debe hacerse antes de derivar, porque rara vez cambia la decisión; si el testículo no se palpa, lo que decide es la exploración del especialista y, si hace falta, una laparoscopia. La segunda, el tratamiento hormonal para hacerlo bajar: tanto la AUA como el consenso nórdico lo desaconsejan, por su baja respuesta, porque en los ensayos muchos testículos vuelven a subir y, en el caso del consenso nórdico, por un posible efecto negativo a largo plazo sobre la producción de espermatozoides. El tratamiento es la orquidopexia, una cirugía que baja el testículo y lo fija en el escroto.
Si lo pone en el informe: por qué se opera y qué cambia de verdad
Operar pronto tiene dos motivos. El primero es la fertilidad: el testículo necesita la temperatura algo más baja del escroto, y la AUA explica que en los primeros meses el número de células germinales suele ser normal, pero a partir de los 15-18 meses algunos niños con criptorquidia empiezan a perderlas. El segundo es el cáncer de testículo, algo más frecuente en quienes han tenido criptorquidia. Un estudio sueco con 16.983 hombres operados de niños lo midió: frente a la población general, el riesgo relativo fue de 2,23 si la operación se hizo antes de los 13 años y de 5,40 si se hizo después. En números absolutos siguió siendo raro: 56 casos en casi 210.000 años-persona de seguimiento.
Si en el informe del alta o de la revisión pone «criptorquidia derecha», o izquierda, lo esperable es que el pediatra lo vuelva a explorar en las revisiones de los primeros meses. Si a los 6 meses sigue sin bajar, pide la derivación sin esperar más. Si no se nota ninguno de los dos testículos al nacer, la guía de la AUA pide consultar de inmediato con el especialista, para descartar una alteración del desarrollo sexual. Y conviene saber lo que la operación hace y lo que no: coloca el testículo donde puede vigilarse y reduce los riesgos, pero no los hace desaparecer. Por eso, cuando ese niño sea adolescente, que sepa que tuvo criptorquidia y aprenda a explorarse los testículos, y que lo cuente si alguna vez hay problemas para tener hijos.