Displasia de cadera
Alteración del desarrollo de la cadera del bebé en la que la cabeza del fémur no encaja bien en su cavidad, desde una cadera algo inmadura hasta una luxada. Se explora al nacer con las maniobras de Ortolani y Barlow y, si hay factores de riesgo, se confirma con una ecografía a las 4-6 semanas.
Qué buscan cuando le mueven las piernas al bebé
La cadera es una bola, la cabeza del fémur, metida en una cavidad del hueso de la pelvis. En el recién nacido las dos piezas son en buena parte cartílago y el encaje todavía se está formando, así que puede quedar flojo, poco profundo o, en el extremo, con la bola fuera de su sitio. Por eso el nombre completo es displasia evolutiva (o del desarrollo) de la cadera: no es tanto algo con lo que se nace como algo que se desarrolla bien o mal en los primeros meses. Según el informe clínico de la Academia Americana de Pediatría, entre el 1 % y el 2 % de los recién nacidos a término tienen una cadera inestable en la exploración, y hasta un 15 % muestran algún grado de inestabilidad o inmadurez si se les hace una ecografía.
Las dos maniobras que aparecen en el informe del alta son Ortolani y Barlow. En la de Barlow se juntan y empujan suavemente hacia atrás las piernas del bebé, con las caderas flexionadas, para ver si la cabeza del fémur se sale de la cavidad; en la de Ortolani se separan las piernas hacia fuera para ver si una cadera que estaba fuera vuelve a entrar, lo que se nota como un resalte. «Ortolani y Barlow negativos» quiere decir que la cadera está estable. Como el problema no duele ni se ve durante el primer año, la exploración se repite en las revisiones del pediatra, y en un bebé más mayor lo que se busca es que las dos piernas se abran igual.
Ecografía a todos no, y un «clic» solo tampoco
Aquí está el matiz que casi ninguna página explica. PrevInfad, el grupo de actividades preventivas de la Asociación Española de Pediatría de Atención Primaria, recomienda no hacer ecografía de cadera a todos los bebés: la evidencia no demuestra que el cribado ecográfico universal reduzca los diagnósticos tardíos, las cirugías ni las secuelas, y en cambio aumenta los diagnósticos y los tratamientos en los primeros meses. Muchas caderas inmaduras se normalizan solas, y una ecografía hecha en los primeros días de vida puede detectar alteraciones pasajeras que habrían desaparecido sin hacer nada. Por eso, cuando se hace, el mejor momento es entre las 4 y las 6 semanas de vida.
La ecografía está indicada si hay uno de los dos factores de riesgo mayores: que el bebé haya estado de nalgas al final del embarazo (aunque luego se diera la vuelta o naciera por cesárea) o que un padre, una madre o un hermano haya tenido displasia de cadera. También se hace si la exploración sale alterada. Ser niña, el oligoamnios, la tortícolis, los pliegues de los muslos asimétricos o un «clic» aislado de la cadera aumentan algo el riesgo, pero según PrevInfad no justifican por sí solos la ecografía salvo que se sumen a otros factores o que la exploración siga siendo anormal en las revisiones siguientes. Dicho de otro modo: si oyes un chasquido al cambiarle el pañal y la exploración del pediatra es normal, eso solo no es motivo de ecografía.
Si te han dicho que su cadera «es inmadura» o que necesita arnés
Una cadera inmadura en la ecografía casi siempre se controla con otra ecografía unas semanas después, porque muchas maduran solas. Si la displasia es real, el tratamiento habitual es el arnés de Pavlik, unas correas de tela que mantienen las piernas flexionadas y abiertas para que la cabeza del fémur se asiente en su sitio mientras la cavidad se forma. Según el NHS, se lleva entre 6 y 12 semanas según la gravedad, sin quitarlo ni para cambiar el pañal ni para bañar al bebé (el hospital enseña cómo hacerlo), y la mayoría de los bebés se acostumbran en dos o tres días. Si no funciona o el diagnóstico llega tarde, se pasa a una férula rígida y, rara vez, a cirugía.
Lo que sí está en tu mano es cómo lo sujetas y lo envuelves. En un ensayo aleatorizado en Mongolia con 80 recién nacidos con caderas inmaduras, envolverlos durante un mes al modo tradicional, con las piernas estiradas y juntas y bien apretadas, hizo que el 40 % tuviera caderas anormales en los controles, frente al 7,5 % de los que no se envolvieron; hubo 8 displasias en el primer grupo y ninguna en el segundo. Si le envuelves para dormir, deja las piernas sueltas para que pueda flexionarlas y abrirlas. Con el porteo pasa lo mismo: un portabebés ergonómico que deja las rodillas por encima del culete, con las piernas en forma de M, respeta la postura natural de la cadera; uno que deja las piernas colgando rectas, no.
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