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Nidar
— Glosario · Letra C

Crisis genital del recién nacido

Conjunto de cambios pasajeros que aparecen en los primeros días de vida por las hormonas que la madre pasó al bebé durante el embarazo: pechos hinchados, a veces con unas gotas de leche, genitales abultados y, en las niñas, flujo blanco o un pequeño sangrado vaginal. Es normal y desaparece solo.

Lo que ves y por qué pasa

Durante el embarazo, el bebé recibe a través de la placenta los estrógenos de su madre, que están muy altos al final de la gestación. Al nacer, ese aporte se corta de golpe, y el cuerpo del recién nacido reacciona como reacciona el de un adulto cuando cae una hormona: los tejidos que habían crecido con ella se notan durante unos días y después se retiran. El nombre «crisis genital» asusta más de lo que describe; no es una crisis de nada, sino el rastro hormonal del embarazo, y la mayoría de los manuales la tratan como un hallazgo normal de la exploración del recién nacido.

Se manifiesta de tres formas, que pueden ir juntas o por separado. La primera, los pechos: un bultito firme bajo el pezón, en niños y en niñas por igual. Una revisión en el Journal of Neonatal Surgery calcula que algún grado de agrandamiento mamario aparece en aproximadamente el 70 % de los recién nacidos, con un botón que suele medir 1 o 2 centímetros. La segunda, los genitales: la vulva o el escroto se ven hinchados y desproporcionados, algo que según el NHS se normaliza en pocas semanas. La tercera, solo en las niñas: un flujo vaginal blanco y espeso o un pequeño sangrado, la llamada pseudomenstruación, que el NHS describe también como efecto de las hormonas maternas y sin motivo de preocupación.

La «leche de brujas» y por qué no hay que exprimirla

En algunos bebés el pecho no solo se hincha, sino que suelta unas gotas de un líquido blanquecino. Es leche de verdad, con una composición parecida a la materna, y la tradición popular la llamó «leche de brujas». La revisión citada la sitúa entre el 5 y el 20 % de los recién nacidos, aunque un estudio clásico de Archives of Disease in Childhood, que exploró sistemáticamente a bebés a término, encontró que la mayoría había secretado algo de leche hacia el séptimo día. Ese mismo estudio aporta un matiz que conviene conocer: el bultito no desaparece deprisa, y en muchos bebés sigue palpándose hasta la segunda mitad del primer año. Que el pecho del bebé siga abultado a los tres meses, por tanto, no significa que algo vaya mal.

El consejo clásico es no apretar ni exprimir el pecho para «sacar la leche», una costumbre que todavía se transmite en algunas familias. Aquí la evidencia es más interesante que el consejo. Un estudio con 106 bebés en los que se vaciaba la glándula repetidamente comprobó que exprimirla alarga la secreción, hasta 24 semanas, y multiplica la cantidad de leche; en cambio, ninguno de esos bebés desarrolló una infección. Pero en la práctica real la asociación aparece: en una serie de 34 bebés ingresados por mastitis o absceso de mama en Burkina Faso, los padres habían masajeado el pecho en el 79,4 % de los casos, y los autores concluyen que evitar ese masaje reduciría su frecuencia. La conclusión práctica es la misma que la tradicional, con mejores motivos: tocarlo no aporta nada, lo prolonga y, manipulado a menudo, puede acabar infectándose.

Si lo pone en el informe, o lo ves en el pañal

Si en el informe del alta o de la primera revisión aparece «crisis genital», «hipertrofia mamaria fisiológica» o «tumefacción mamaria», no hay nada que hacer salvo lavar con normalidad durante el baño y dejar el pecho tranquilo. En las niñas, el flujo o el manchado se limpian de delante hacia atrás con agua, como el resto del pañal, sin frotar dentro de los labios. No hace falta ninguna crema, ni análisis, ni ecografía: la ecografía se reserva para cuando el pediatra duda entre un pecho hormonal y una infección, algo que la exploración suele resolver sola.

Lo que sí hay que vigilar es que el pecho se infecte, lo que se llama mastitis neonatal. La revisión del Journal of Neonatal Surgery la describe como más frecuente en niñas nacidas a término durante la tercera y la cuarta semana de vida, casi siempre de un solo lado y causada por estafilococo en más del 60 % de los casos. Las señales son distintas del abultamiento normal: la piel se pone roja, caliente y dura, el bebé llora al tocarle la zona, puede aparecer pus o fiebre. Eso no es crisis genital, necesita valoración médica en el día y, en muchos casos, antibiótico. Tampoco entra en la crisis genital un sangrado vaginal abundante, que no cede o que aparece cuando las hormonas ya se han retirado, pasadas las primeras semanas: en ese caso, consulta con el pediatra.