Embarazo anembrionado
Embarazo en el que se forma el saco gestacional pero no llega a verse el embrión, porque dejó de desarrollarse muy pronto. Se conoce popularmente como «huevo huero» y es una forma de aborto espontáneo del primer trimestre. No lo causa nada que haya hecho la mujer y se resuelve de forma espontánea, con medicación o con una aspiración.
Qué es, y por qué «huevo huero» no es del todo exacto
En un embarazo anembrionado la ecografía muestra un saco gestacional dentro del útero, a veces con vesícula vitelina, pero sin embrión. El nombre popular, «huevo huero», sugiere que nunca hubo embrión, y lo que se cree es otra cosa: que el embrión dejó de desarrollarse tan pronto que no llegó a ser visible, mientras el tejido que forma el saco y la futura placenta siguió creciendo un tiempo. Por eso la prueba de embarazo sigue positiva, la beta-hCG puede subir durante días y los síntomas no desaparecen. El cuerpo aún no se ha dado cuenta de que el embarazo no sigue, y esa es precisamente la razón por la que el diagnóstico llega casi siempre en una ecografía y no por un síntoma.
Se repite que es «casi siempre» una alteración cromosómica, y las cifras son algo más modestas. En un estudio con 272 legrados por aborto diferido, el cariotipo fue anómalo en el 58 % de los anembrionados y en el 68 % de los abortos con embrión visible, una diferencia que no fue estadísticamente significativa. Es decir: más de la mitad son cromosómicos, en la misma proporción que el resto de los abortos tempranos, que según la ACOG se deben en torno a un 50 % a alteraciones cromosómicas del feto. Lo que sí es igual en todos los casos es que no lo provoca el ejercicio, el trabajo, el estrés ni las relaciones sexuales, y que no hay nada que se hubiera podido tomar para evitarlo. La ACOG tampoco recomienda estudios tras un solo aborto: solo a partir del segundo consecutivo.
Por qué te repiten la ecografía antes de confirmarlo
Un saco sin embrión puede ser un embarazo anembrionado o, simplemente, un embarazo más joven de lo que dicen las fechas, sobre todo si los ciclos son largos o la ovulación fue tardía. Distinguirlos con una sola ecografía es arriesgado, y por eso las guías son tan estrictas. El NICE lo resume así: si el saco mide menos de 25 mm de diámetro medio por vía vaginal y no se ve embrión, hay que repetir la ecografía al menos 7 días después antes de dar un diagnóstico; si mide 25 mm o más, se pide una segunda opinión, se repite la ecografía a los 7 días, o ambas cosas; y si la medida es por vía abdominal, se anota y se repite a los 14 días como mínimo.
El tiempo de espera también tiene su historia. En el estudio en el que se basan los criterios actuales, un saco vacío en la primera ecografía que seguía sin vesícula ni embrión en otra hecha 7 días o más después se asoció siempre a pérdida del embarazo. Las guías de la Sociedad de Radiólogos en Ecografía alargaron ese intervalo a 14 días, algo que la ACOG señala que no tiene una base clara. La consecuencia práctica es la misma: la semana de espera entre ecografías es angustiosa, pero existe para que nadie trate un embarazo que en realidad iba bien. Si durante esa espera aparecen un sangrado abundante o dolor fuerte, no hace falta esperar a la cita.
Las tres opciones, con lo que se sabe de cada una
Una vez confirmado, hay tres caminos y los tres son razonables. El primero es esperar a que el cuerpo lo expulse solo. El NICE lo propone como primera opción durante 7 a 14 días, salvo que haya más riesgo de hemorragia o una experiencia previa traumática, y la ACOG calcula que, con tiempo suficiente, hasta 8 semanas, se completa la expulsión en torno al 80 % de las mujeres. Si el sangrado y el dolor indican que ha terminado, el NICE aconseja hacer un test de embarazo en orina en casa a las 3 semanas y volver a consulta si sigue positivo. El segundo es la medicación. La pauta del NICE para el aborto diferido son 200 mg de mifepristona por boca y, 48 horas después, 800 microgramos de misoprostol.
Con misoprostol solo, el ensayo más grande de Estados Unidos logró la expulsión completa al tercer día en el 71 % de las mujeres, y en el 84 % con una segunda dosis; añadir mifepristona antes mejora la eficacia. En ese ensayo el éxito fue algo menor en los anembrionados (81 %) que en los abortos con embrión (88 %), aunque un análisis posterior mostró que lo que de verdad predecía el resultado era estar ya sangrando y no haber tenido hijos, así que la medicación es una opción válida también aquí. El tercero es la aspiración, que resuelve cerca del 99 % de los casos en un solo procedimiento y puede hacerse con anestesia local. Las complicaciones graves son raras y parecidas con las tres opciones: elegir entre ellas es sobre todo cuestión de preferencias, tiempos y de cómo quieras vivir el proceso.
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