Progesterona
Hormona fundamental para mantener el embarazo: relaja el músculo uterino, sostiene el endometrio y es la principal responsable del cansancio y la somnolencia del primer trimestre. Se usa de forma suplementaria —en óvulos vaginales o inyecciones— como soporte en los tratamientos de reproducción asistida y para prevenir el parto prematuro cuando el cuello es corto o hay antecedentes. En la amenaza de aborto su beneficio es mucho más limitado de lo que se cree.
Qué hace, y quién la fabrica en cada momento
La progesterona es la hormona que sostiene el embarazo en su sentido más literal: prepara y mantiene el endometrio para que el embrión pueda implantarse, y relaja el músculo liso del útero para que no se contraiga. También es responsable de buena parte del cansancio, la somnolencia y el estreñimiento del primer trimestre, y de que respires un poco más rápido sin darte cuenta. En una parte de estos efectos no actúa sola: el equilibrio con los estrógenos y con las prostaglandinas es lo que determina si el útero está quieto o empieza a contraerse.
El detalle que casi ninguna página explica es de dónde sale, porque cambia de fábrica a mitad de camino. Al principio la produce el cuerpo lúteo, el resto del folículo del que salió el óvulo, y lo hace porque la hCG del embrión lo mantiene vivo en lugar de dejar que se apague como haría en un ciclo sin embarazo. Después la placenta toma el relevo: es el llamado cambio luteoplacentario, que ocurre en torno a la semana 8, y en los tratamientos de reproducción asistida se traduce en una regla práctica muy concreta —el soporte hormonal se mantiene habitualmente hasta la semana 10, y a partir de ahí se retira porque ya no hace falta. Esto explica por qué suplementar progesterona más allá del primer trimestre en un embarazo normal no tiene mucho sentido: para entonces la placenta produce cantidades que ningún óvulo vaginal puede igualar.
Los tres usos y lo que dicen de verdad los ensayos
El primer uso es el soporte lúteo en fecundación in vitro, y es el más sólido: en los ciclos de reproducción asistida los niveles de progesterona son bajos porque el proceso interfiere con el cuerpo lúteo, y la revisión Cochrane concluye que el soporte de la fase lútea mejora la tasa de implantación y con ella la de embarazo, aunque no está claro cuál es el método ideal. El segundo es la amenaza de aborto, y aquí la historia es más interesante. El ensayo PRISM aleatorizó a 4.153 mujeres con sangrado en el primer trimestre en 48 hospitales del Reino Unido a recibir 400 mg de progesterona vaginal dos veces al día o placebo. El resultado global fue negativo: 75 % de recién nacidos vivos frente a 72 %, con una p de 0,08, es decir, sin diferencia estadísticamente significativa.
Lo que hizo que ese ensayo no se archivara fue el análisis por subgrupos: el beneficio se concentraba en las mujeres que ya habían tenido abortos previos, y crecía con el número de abortos. De ahí sale la recomendación que se aplica hoy en el sistema británico, y que el propio NICE resume así: hay un beneficio pequeño pero importante en la tasa de recién nacidos vivos cuando se da progesterona micronizada vaginal a mujeres con sangrado precoz y antecedente de uno o más abortos. Fíjate en la letra pequeña: sangrado y antecedente, las dos cosas. El tercer uso es la prevención del parto prematuro, y es el que tiene las cifras más redondas. En mujeres con gestación única y un cuello uterino de 25 mm o menos en la ecografía del segundo trimestre, un metaanálisis de cinco ensayos con 974 mujeres encontró que la progesterona vaginal reduce el parto antes de la semana 34 o la muerte fetal del 27,5 % al 18,1 %, un riesgo relativo de 0,66. Y reduce también el síndrome de distrés respiratorio, el peso al nacer por debajo de 1.500 g y el ingreso en neonatología, sin diferencias en el neurodesarrollo a los dos años.
Te han recetado óvulos de progesterona: qué esperar y qué no
Lo primero que conviene saber es lo que la progesterona no puede hacer, porque es donde se rompen más corazones. La mayoría de los abortos del primer trimestre se deben a alteraciones cromosómicas del embrión, y contra eso ninguna hormona sirve: el embarazo no se interrumpe por falta de progesterona, sino que la progesterona baja porque el embarazo ya no evoluciona. El orden causal importa. Por eso una amenaza de aborto tratada con progesterona puede acabar igualmente en aborto sin que nadie haya hecho nada mal, y por eso el PRISM, con más de cuatro mil mujeres, solo encontró tres puntos porcentuales de diferencia global. Si te la han recetado, lo razonable es tomarla como lo que es: una medida con un beneficio modesto y bien acotado, no un salvavidas cuyo fallo sea culpa de nadie.
En lo práctico: la vía vaginal es la habitual porque lleva la hormona directamente al útero, se suele pautar por la noche o dos veces al día, y es normal que parte del óvulo se expulse al día siguiente en forma de residuo blanquecino; eso no significa que no haya hecho efecto. Los efectos secundarios más frecuentes son somnolencia, sensación de hinchazón y tensión mamaria, y en los ensayos no se ha visto un aumento de acontecimientos adversos frente a placebo. Dos cosas que sí hay que consultar sin esperar: un sangrado que aumenta en lugar de disminuir, y dolor abdominal intenso o de un solo lado, que obliga a descartar un embarazo ectópico antes de atribuirlo a nada más. Y una última: la progesterona no se retira por tu cuenta ni se prolonga por tu cuenta. Si es soporte de una FIV, la fecha de retirada está calculada; si es por cuello corto, se mantiene según el protocolo hasta la semana que te hayan indicado.