Diabetes gestacional
Diabetes que se diagnostica por primera vez en el segundo o tercer trimestre del embarazo, normalmente con una prueba de sobrecarga de glucosa entre las semanas 24 y 28. Suele desaparecer tras el parto, pero multiplica el riesgo de diabetes tipo 2 en los años siguientes. Se controla con dieta, ejercicio y, si no basta, medicación.
Por qué el mismo análisis da diabetes en un país y no en otro
La diabetes gestacional no tiene un único criterio diagnóstico, y eso sorprende a casi todo el mundo. Conviven dos sistemas. El de dos pasos, el más extendido en España: primero el test de O'Sullivan (50 g de glucosa sin ayunar y una medición a la hora) y, si sale alterado, una sobrecarga oral de 100 g con cuatro extracciones en tres horas; el diagnóstico exige que al menos dos valores superen el límite. El propio O'Sullivan tampoco tiene un corte universal: según el protocolo se considera alterado a partir de 130 o de 140 mg/dL, y con el primero se manda a la curva larga a bastantes más mujeres. Y el de un paso, que proponen la IADPSG y la OMS: una sobrecarga de 75 g en ayunas con tres extracciones, donde basta un solo valor por encima de 92 mg/dL en ayunas, 180 a la hora o 153 a las dos horas.
Incluso dentro del sistema de dos pasos hay dos tablas de cortes. Los criterios del NDDG ponen el listón en 105, 190, 165 y 145 mg/dL (ayunas, una, dos y tres horas); los de Carpenter-Coustan, más estrictos, en 95, 180, 155 y 140. Por eso dos mujeres con la misma curva pueden recibir diagnósticos distintos según el hospital, y por eso las cifras de frecuencia que se leen por ahí no cuadran entre sí. Si te dan el resultado de tu curva, pregunta con qué criterio se ha interpretado: con uno puedes estar a un valor del diagnóstico y con otro, dentro. Y si solo uno de los cuatro valores sale alto, en el sistema de dos pasos no hay diagnóstico, aunque muchos hospitales repiten la prueba o te vigilan algo más.
Diagnosticar el doble no siempre significa proteger más
El sistema de un paso nació del estudio HAPO, que siguió a unas 25.000 embarazadas de nueve países y encontró algo incómodo: el riesgo de bebé grande, cesárea o hipoglucemia neonatal sube de forma continua con la glucosa materna, sin un punto a partir del cual se dispare. No hay una frontera natural entre sano y enfermo, así que el corte se fijó por consenso. Y cambiar de corte cambia mucho las cifras: en el Hospital Clínico San Carlos de Madrid, pasar de Carpenter-Coustan a los criterios de un paso multiplicó por 3,5 los diagnósticos, del 10,6 % al 35,5 % de las embarazadas, con mejoras modestas en cesáreas, bebés grandes e ingresos neonatales en ese estudio observacional.
Los ensayos aleatorizados cuentan otra cosa. En un ensayo con 23.792 embarazadas en Estados Unidos, el cribado de un paso diagnosticó diabetes gestacional al 16,5 % frente al 8,5 % del de dos pasos, casi el doble, y sin embargo los bebés grandes para su edad (8,9 % frente a 9,2 %), las complicaciones perinatales, la preeclampsia y las cesáreas salieron prácticamente iguales. Dicho de otra forma: detectar más casos leves no mejoró el resultado de nadie de forma apreciable. Esto no significa que la diabetes gestacional no importe, sino que el debate de dónde poner el umbral sigue abierto, y que si tu diagnóstico ha sido por un valor rozando el límite, lo más probable es que se controle solo con dieta y ejercicio.
Si te lo han diagnosticado: lo que importa de verdad es después del parto
Durante el embarazo, el diagnóstico te lleva a un circuito de controles de glucemia capilar, pautas de alimentación y, solo si no basta, medicación; eso lo contamos en el artículo sobre diabetes gestacional. Lo que casi nadie explica es que la parte más importante empieza cuando el bebé ya ha nacido. En la inmensa mayoría de los casos la glucosa se normaliza en cuanto sale la placenta y se deja de controlar, pero el diagnóstico queda como una señal para el resto de tu vida. Tampoco se queda solo en ti: el seguimiento del estudio HAPO, con más de 4.000 niños evaluados en torno a los 10-14 años, encontró que la glucosa de la madre en el embarazo se relaciona con la glucosa y la resistencia a la insulina del hijo, con independencia de sus antecedentes familiares y de su peso.
Un metaanálisis de 20 estudios con más de 1,3 millones de mujeres calculó que haber tenido diabetes gestacional multiplica casi por 10 el riesgo de acabar con diabetes tipo 2 (riesgo relativo de 9,51), y que alrededor de una de cada diez mujeres de población blanca con ese antecedente la desarrolla durante el seguimiento. Por eso tras el parto se pide una prueba de glucosa unas semanas después, cuyo momento y tipo depende del protocolo de cada hospital, y después controles periódicos. Es la prueba que más se olvida, porque ya no estás embarazada y tienes un recién nacido en brazos: apúntala antes del alta, cuéntaselo a tu médico de familia y tenlo presente en un embarazo siguiente, en el que el cribado suele adelantarse al primer trimestre.
Seguir leyendo
La diabetes gestacional→