Braxton Hicks
Contracciones uterinas irregulares, habitualmente poco o nada dolorosas, que aparecen a partir del segundo trimestre como una especie de «entrenamiento» del útero. Se distinguen de las de parto en que no se vuelven regulares, no aumentan en frecuencia ni intensidad y no modifican el cuello del útero.
Contarlas predice mucho menos de lo que parece
La recomendación de consultar si antes de la semana 37 notas cuatro o más contracciones en una hora es sensata, pero conviene saber de dónde viene y qué no puede hacer. En 2002 se publicó en el New England Journal of Medicine un estudio que siguió a 306 embarazadas desde las semanas 22-24 con un monitor de contracciones en casa, dos veces al día, varios días por semana: en total, casi 35.000 horas de registro. Las mujeres que acabaron dando a luz antes de la semana 35 tenían, de media, más contracciones que las demás. Pero los investigadores no encontraron ningún umbral de frecuencia que separase de verdad a unas de otras.
Las cifras lo dejan claro. Tener cuatro o más contracciones en una hora, medidas por la tarde y por la noche, detectaba solo al 9 % de las mujeres que luego tuvieron un parto prematuro si se medía en las semanas 22-24, y al 28 % en las semanas 27-28. Y de las que sí superaban ese umbral, solo una de cada cuatro dio a luz antes de tiempo. Es decir, la mayoría de las que cumplen la regla no tienen un parto prematuro, y la mayoría de los partos prematuros no avisan con ese patrón. Los autores concluyeron que medir la frecuencia de contracciones no es útil para predecir el parto prematuro, lo que coincide con que los ensayos de monitorización domiciliaria tampoco redujeron los partos prematuros. La regla de las cuatro por hora es un umbral de seguridad para que consultes, no un test que diga si vas a dar a luz.
El vaso de agua: un consejo razonable con poca ciencia detrás
Casi todas las páginas, incluida la nuestra sobre el tema, repiten que la deshidratación desencadena contracciones y que beber agua las calma. La teoría existe: hidratarse aumentaría el flujo sanguíneo del útero y reduciría la secreción de hormona antidiurética y de oxitocina desde la hipófisis. Pero la única revisión Cochrane que lo ha estudiado, en mujeres con amenaza de parto prematuro, solo encontró dos ensayos pequeños, con 228 mujeres, que compararon sueros intravenosos con reposo solo. No hubo diferencias en partos antes de la semana 37 (riesgo relativo 1,09), antes de la 34 ni antes de la 32, ni en ingresos del bebé en la UCI neonatal.
La revisión no encontró ni un solo estudio sobre hidratación por boca, que es lo que se recomienda en casa. Su conclusión es que no hay datos para usar la hidratación como tratamiento específico, con una excepción razonable: las mujeres que de verdad están deshidratadas, por ejemplo tras vómitos o diarrea, sí pueden beneficiarse. Beber agua no hace ningún daño y descansar un rato para ver si las contracciones se espacian tiene lógica práctica. Lo que no conviene es que el vaso de agua se convierta en un motivo para esperar: si antes de la semana 37 las contracciones siguen siendo regulares después de beber y descansar, que no hayan cedido no significa que estés deshidratada, sino que toca llamar.
Si vas a urgencias antes de la 37 y te dicen que son de Braxton Hicks
Distinguir unas contracciones que no hacen nada de un parto prematuro que empieza no se hace solo por cómo las sientes, y por eso la guía NICE describe pruebas concretas. Si estás de 29+6 semanas o menos y la valoración clínica sugiere parto prematuro, se recomienda tratar como tal sin esperar a más pruebas. A partir de la semana 30 se puede medir la longitud del cuello del útero por ecografía vaginal: si mide más de 15 mm, es poco probable que estés de parto; si mide 15 mm o menos, se considera parto prematuro diagnosticado y se ofrece tratamiento. La alternativa, cuando la ecografía no está disponible, es la fibronectina fetal en una muestra de flujo vaginal: un resultado de 50 ng/ml o menos hace improbable el parto en las siguientes 48 horas. Un matiz importante: estas pruebas son útiles para descartar un parto inminente cuando ya tienes síntomas. Aplicadas como cribado a embarazadas sin síntomas, el mismo estudio de 2002 encontró que la exploración del cuello, por tacto o por ecografía, y la fibronectina también tenían baja sensibilidad y bajo valor predictivo, así que no tiene sentido pedirlas «por si acaso».
Eso explica lo que puedes leer en el informe de alta: «dinámica uterina irregular», «cérvix de 32 mm» o «fibronectina negativa» son la forma técnica de decir que tus contracciones eran reales pero que el cuello no está cambiando y que el riesgo de parto inminente es bajo. La NICE pide además que, si se va a tomar la muestra de fibronectina, se haga antes de cualquier tacto vaginal, porque el tacto puede alterar el resultado. Que te den el alta no quiere decir que te hayas alarmado por nada: ir era lo correcto. Y la guía recuerda que, si decides volver a casa, debes regresar si las contracciones persisten o reaparecen.
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