Meconio
Las primeras heces del bebé, de color verde oscuro o negro y textura viscosa. Que el bebé lo expulse dentro del útero —«líquido teñido de meconio»— ocurre en torno a 1 de cada 8 partos y casi nunca trae consecuencias: al recién nacido vigoroso ya no se le aspira de rutina.
La primera caca, y por qué es negra
El meconio no es caca en el sentido habitual: el bebé no ha comido nada todavía. Es lo que se ha ido acumulando en su intestino durante meses tragando líquido amniótico, y eso incluye células de la piel descamadas, lanugo, vérnix, moco, bilis, secreciones intestinales y agua. La bilis es la que da el color: verde muy oscuro, casi negro. La textura, espesa y pegajosa como el alquitrán, viene de las mucinas y del hecho de que apenas tiene bacterias, porque el intestino aún no está colonizado. No huele prácticamente a nada, que es lo que más sorprende a los padres primerizos. Y cuesta limpiarlo: se queda adherido a la piel, y la forma razonable es agua templada y algodón o una crema barrera en cada cambio, no frotar.
Lo normal es que salga pronto. En una serie prospectiva de recién nacidos con registro hospitalario de entradas y salidas, la mediana de tiempo hasta la primera deposición fue de 4 horas de vida y el 98,8 % la habían hecho antes de las 24 horas; los varones y los prematuros tardaban algo más, y el parto gemelar y la prematuridad multiplicaban la probabilidad de pasar de las 12 horas. El punto de corte clásico para preocuparse y estudiar al bebé son las 48 horas sin expulsar meconio, y ese es el que se usa en la práctica —los propios autores proponen bajarlo a 24, pero de momento es una propuesta—. Un retraso real de más de 48 horas hace pensar en obstrucción distal: enfermedad de Hirschsprung, íleo meconial y su relación con la fibrosis quística, tapón meconial. A partir del segundo o tercer día, con la lactancia establecida, las heces pasan por un color verde-marrón de transición y acaban en el amarillo mostaza con grumos de la leche materna.
«Líquido teñido de meconio»: lo que pasa en la mayoría de los casos
La otra mitad del término es la que asusta: que el bebé haga meconio dentro del útero y el líquido amniótico salga verde. Es mucho más frecuente de lo que se piensa. Un metaanálisis de 2026 sobre 44 estudios y más de 1,4 millones de nacimientos calcula una prevalencia global del 13 %, aproximadamente uno de cada ocho partos, con mucha variación entre países y una asociación estadística clara con la edad gestacional media: cuanto más avanzada la gestación, más frecuente. Esa es la clave para interpretarlo. Un intestino maduro se vacía, y a partir de la semana 41 hacerlo antes de nacer se parece más a un hito de madurez que a una señal de alarma. Sí se asocia a situaciones de estrés —registro de latido no tranquilizador, parto obstruido, bolsa rota de largo, oligoamnios—, y por eso cuando aparece se vigila con más atención el registro cardiotocográfico, pero por sí solo no es un diagnóstico de sufrimiento fetal.
El riesgo que se teme es el síndrome de aspiración meconial, un cuadro respiratorio grave que ocurre cuando el bebé inhala líquido con meconio. Es poco frecuente: en el ensayo aleatorizado multicéntrico de Vain, con 2.514 gestaciones a término y líquido meconial de cualquier consistencia, el síndrome apareció en el 4 % de los bebés, y solo el 1-2 % necesitó ventilación mecánica por ese motivo. Dicho de otro modo, con líquido teñido, en torno a 96 de cada 100 bebés a término no lo desarrollan. El riesgo se concentra en el meconio espeso y sobre todo en los bebés que nacen deprimidos, no en los que salen llorando.
Si en el informe del parto pone «líquido meconial»: lo que ya no se hace
Aquí está el cambio que casi ninguna página en español ha actualizado. Durante décadas, con líquido meconial se aspiraba la boca y la nariz del bebé en cuanto salía la cabeza, antes de los hombros, y después se le intubaba para aspirar la tráquea. Las dos cosas se han dejado de hacer de rutina. El ensayo de Vain asignó al azar a 1.263 mujeres a aspiración intraparto y a 1.251 a no aspirar, y no encontró ninguna diferencia: 4 % de síndrome de aspiración en ambos grupos (riesgo relativo 0,9), ni diferencias en ventilación mecánica, mortalidad ni días de ingreso. Su conclusión fue explícita: la aspiración orofaríngea y nasofaríngea de rutina no previene el síndrome, y había que revisar las recomendaciones. Se revisaron, y hoy al bebé vigoroso nacido con líquido meconial se le pone piel con piel con su madre, igual que a cualquier otro. Lo mismo pasó con la amnioinfusión: la revisión Cochrane concluye que en entornos con vigilancia periparto estándar no mejora los resultados de forma sustancial, y que los beneficios solo aparecen donde los medios de vigilancia son limitados.
Lo que sí sigue en pie es la observación. Con líquido meconial se vigila al bebé las primeras horas —respiración, color, saturación—, porque el síndrome se manifiesta pronto: taquipnea, quejido, tiraje, necesidad de oxígeno. Si el bebé nace deprimido, con mal tono y sin respirar, lo prioritario es ventilarlo, no aspirarlo. En casa, en los días siguientes, lo que hay que mirar es lo de siempre y nada específico del meconio: que respire tranquilo y sin quejido, que coma, que moje pañales. Y sobre el informe: que ponga «líquido teñido de meconio» describe lo que se vio en el paritorio, no lo que le pasó al bebé. Si el Apgar fue normal y el bebé está en la habitación contigo, esa línea ya se ha resuelto sola.