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Nidar
— Glosario · Letra V

Ventosa

Instrumento para ayudar a nacer al bebé en el expulsivo: una copa que se adhiere por vacío a su cabeza y permite traccionar mientras la madre empuja. Se usa cuando el expulsivo se alarga o hay que acortarlo, con la cabeza ya encajada y la dilatación completa.

Metálica, de silicona o «Kiwi»: no todas las copas son iguales

La ventosa, también llamada vacuoextractor, es una copa que se coloca sobre la cabeza del bebé, cerca de la fontanela posterior, en el llamado punto de flexión. Una bomba hace el vacío, la copa queda adherida al cuero cabelludo y quien atiende el parto tracciona durante cada contracción, acompañando el pujo de la madre, en la dirección del canal del parto. Las condiciones previas son las de cualquier parto instrumental: dilatación completa, bolsa rota, cabeza encajada y posición conocida. Además, la ventosa se considera contraindicada antes de la semana 34 por el riesgo de hemorragia intraventricular en un cráneo tan inmaduro.

Hay tres familias de copas y en el informe puede aparecer el nombre. Las rígidas, metálicas o de plástico duro, agarran mejor en las posiciones difíciles, como cuando el bebé viene mirando hacia arriba. Las blandas, de silicona, se adaptan a la cabeza y son las habituales en los partos sencillos. Y las de mano, como la Kiwi, llevan la bomba en el propio mango y son desechables. La revisión Cochrane de 2021 las compara: con copa blanda el intento falla más a menudo que con rígida (riesgo relativo 1,62), a cambio de menos lesiones en el cuero cabelludo, y la Kiwi consigue el parto con una frecuencia parecida a las demás. En desgarros graves de la madre y en hemorragia posparto no se vieron diferencias entre copas.

Cuántas tracciones son demasiadas

La ventosa tiene fama de instrumento suave, y en parte la merece: con ella el periné sufre menos que con el fórceps. Pero tiene un límite que no se negocia, y es el tiempo y el número de intentos. La idea de que la copa se suelta antes de que la tracción pueda hacer daño es una creencia antigua que la evidencia no sostiene. Las guías fijan un máximo de tracciones y de desprendimientos de la copa a partir del cual se abandona el instrumento, y cuando se exceden, el riesgo aumenta mucho.

Un estudio nacional sueco de casos y controles lo midió con bebés a término: definió la extracción prolongada como más de 15 minutos de ventosa, más de seis tracciones o más de dos desprendimientos. Un tercio de los bebés con hemorragia intracraneal habían tenido extracciones de más de 15 minutos, frente al 5 % de los controles, y la extracción prolongada multiplicaba por ocho la probabilidad de hemorragia intracraneal incluso tras ajustar por otros factores. Los autores advierten además de que los límites verdaderamente seguros no se conocen. En Canadá, un registro de más de 110.000 intentos de ventosa encontró 9,6 casos de traumatismo neonatal grave —entre ellos hemorragia subgaleal y lesión del plexo braquial— por cada 1.000 nacidos.

La marca en la cabeza, y qué vigilar las primeras horas

Casi todos los bebés nacidos con ventosa salen con una marca: un abultamiento redondeado con la forma de la copa en la coronilla, que se llama chignon (se pronuncia «chiñón»). Es edema del cuero cabelludo, parecido al caput de cualquier parto pero más marcado, y según el NHS suele desaparecer en unas 48 horas. Puede quedar un moratón o una pequeña erosión, que cura sola. Distinto es el cefalohematoma, un chichón que aparece algo más tarde, no cruza las líneas de las suturas del cráneo y tarda semanas en reabsorberse; es más frecuente con ventosa, no suele tener importancia y a veces aumenta la ictericia de los primeros días.

Lo que se vigila de verdad las primeras horas es la hemorragia subgaleal, el sangrado entre el cuero cabelludo y el hueso, que puede acumular mucha sangre porque ese espacio no tiene límites. Es rara, pero es la razón por la que el personal te pedirá mirar la cabeza del bebé y le tomará constantes. Avisa enseguida si la hinchazón no disminuye sino que crece, se vuelve blanda y se extiende hacia la frente, la nuca o detrás de las orejas, o si el bebé está pálido, muy adormilado o come mal. Pasados esos primeros días, la ventosa no deja secuelas en la gran mayoría de los niños ni condiciona el siguiente parto.