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Nidar
— Glosario · Letra C

Caput succedaneum

Inflamación blanda del cuero cabelludo del recién nacido producida por la presión durante el expulsivo. Es benigna y desaparece sola en los primeros días.

El bulto que ya estaba ahí al salir

El caput succedaneum es un edema del cuero cabelludo: líquido, a veces con algo de sangre, acumulado por encima del periostio y por debajo de la piel. Aparece porque durante el descenso la cabeza del bebé empuja contra el cuello del útero y las paredes de la vagina, y la zona que soporta la presión se congestiona y se hincha. Al tacto es blando, esponjoso y deja fóvea: si aprietas con el dedo queda un hoyuelo un momento. Puede notarse ya con un tacto vaginal durante la dilatación, antes de que el bebé nazca, y está presente en el momento de nacer: no es algo que aparezca después. Alrededor de la hinchazón puede haber petequias, un moratón o alguna erosión de la piel.

Los factores de riesgo son todos variantes de lo mismo: más presión o más tiempo. Una dilatación lenta, un expulsivo largo, un primer embarazo, poco líquido amniótico, la bolsa rota antes de que arranquen las contracciones, un bebé grande. Y por encima de todos, la ventosa: StatPearls la señala como el factor de riesgo más importante para el caput y para las lesiones del cuero cabelludo, por delante de los fórceps, porque la copa hace vacío justo sobre la piel. El parto vaginal instrumental es en torno al 5 % de los partos. Hay un detalle que explica la forma del bulto: cuando la causa es la compresión del parto, el edema se coloca en el lado opuesto al del contacto y sigue el camino de menos resistencia; cuando la causa es el instrumento, aparece de inmediato y exactamente donde se apoyó la copa.

Las tres cosas que se confunden, y solo una es peligrosa

La pregunta que resuelve casi todo es una: ¿el bulto cruza las suturas del cráneo y la línea media? El caput está por encima del periostio, así que cruza las dos y no respeta el mapa de los huesos; ese es el hallazgo que lo identifica. El cefalohematoma es sangre por debajo del periostio, que está pegado al hueso, así que queda encerrado en un solo hueso y no cruza ni la línea media ni las suturas. El tiempo también los separa. El caput está al nacer y la mayoría se resuelve en unas 48 horas; el cefalohematoma casi nunca se ve al nacer, se hace evidente entre el primer y el tercer día y tarda semanas —el 80 % se reabsorbe en el primer mes, y algunos llegan a los seis—. Aparece en el 0,4 % al 2,5 % de los nacidos vivos, y el instrumento vuelve a marcar la diferencia: 1,67 % en parto vaginal sin ayuda, 6,35 % con fórceps, 11,17 % con ventosa. En un 5 % a 20 % de los cefalohematomas hay una fractura lineal de cráneo por debajo, que también se cura sola.

El tercero es el que hay que conocer. La hemorragia subgaleal es sangre por debajo de la aponeurosis epicraneal, en un espacio que recorre todo el cráneo desde la frente hasta la nuca. Como el caput, cruza las suturas, pero es mucho más difusa: puede extenderse por detrás de las órbitas y bajar hacia el cuello. Y como ese espacio admite mucha sangre, la revisión de 2025 en Journal of Perinatology resume el problema en una frase: la acumulación rápida de sangre ahí es la responsable de la gravedad clínica, y el bebé puede presentar hipovolemia aguda, shock y fallo multiorgánico. Se asocia sobre todo al parto instrumental y en especial a la ventosa, puede aparecer al nacer o unas horas después, y se acompaña de convulsiones, hipotonía o fracturas de cráneo. No es lo mismo que un caput, y es la razón de que un bulto que crece merezca una llamada y no una espera.

Si lo has leído en el informe del alta: qué vigilar y qué no tocar

Que en el informe ponga «caput succedaneum» no describe una complicación: describe un parto vaginal con presión sobre la cabeza. El tratamiento es observar, y nada más. No hay nada que masajear —el edema se reabsorbe por su cuenta— y sobre todo no se pincha. En el cefalohematoma la recomendación es explícita: no aspirar ni drenar salvo sospecha de infección, porque la sangre está coagulada y la punción no la saca, y meter una aguja añade riesgo de infección y de absceso. El único hilo que conviene seguir de cerca es la ictericia: al reabsorberse esa sangre la bilirrubina vuelve a la circulación, y tanto el caput como el cefalohematoma pueden empeorar la ictericia de los primeros días. Por eso la vigilancia habitual con el bilirrubinómetro transcutáneo se mantiene igual, y si el bebé se pone amarillo se pide una bilirrubina en sangre.

Lo que hay que vigilar en casa está bastante definido. Que el bulto crezca durante la primera semana en lugar de bajar. Que la hinchazón se extienda de forma difusa hacia la nuca, la frente o alrededor de los ojos. Palidez, un bebé demasiado dormido o demasiado irritable, un llanto distinto del habitual, que rechace las tomas. Y la ictericia que avanza: piel o blanco del ojo amarillos, sobre todo si el parto fue con ventosa. Cualquiera de esas cosas es motivo para llamar al pediatra el mismo día. Un caput sin nada de eso, en un bebé que come y está espabilado, es exactamente lo que dice el informe: benigno, y el pronóstico con solo observarlo es excelente.