El parto prematuro es el que ocurre antes de la semana 37 de gestación. Según la OMS, en el mundo nace prematuro algo más de 1 de cada 10 bebés (unos 13,4 millones en 2020), y las complicaciones de la prematuridad son la principal causa de muerte en menores de 5 años. En países como España la proporción es menor, pero sigue siendo frecuente. Conocer sus señales no tiene el objetivo de generar alarma — la mayoría de embarazos llegan a término sin incidencias — sino de que, si algo ocurre, no pierdas tiempo dudando si debes llamar o no.
Qué se considera prematuro
No todos los partos prematuros son iguales. Dentro del espectro se distinguen tres situaciones:
Prematuridad tardía (semanas 34-36): representa el grupo más numeroso. Los bebés nacidos en estas semanas generalmente tienen buen pronóstico, aunque pueden necesitar unos días de cuidados adicionales por inmadurez pulmonar o dificultades para alimentarse.
Prematuridad moderada (semanas 32-33) y gran prematuridad (semanas 28-31): suelen requerir ingreso en UCI neonatal, tanto más cuanto antes nace el bebé. El pronóstico ha mejorado enormemente en las últimas décadas gracias a los corticoides prenatales y a los avances en cuidados intensivos neonatales.
Prematuridad extrema (antes de semana 28): situación de alta complejidad que requiere centros de referencia con UCI neonatal de nivel III.
Factores de riesgo
Tener factores de riesgo no significa que vayas a tener un parto prematuro — la mayoría de mujeres con estos antecedentes llegan a término. Pero sí significa que el seguimiento es más estrecho:
- Parto prematuro en un embarazo anterior (es el factor de riesgo más importante)
- Gestación múltiple (gemelos, trillizos)
- Incompetencia cervical o cérvix corto detectado en ecografía
- Infecciones vaginales o urinarias no tratadas (vaginosis bacteriana, infección de orina de repetición)
- Sangrado en el segundo trimestre
- Cirugía previa del cuello del útero (por ejemplo, una conización)
- Poco tiempo entre un embarazo y el siguiente
- Estrés severo o carga física intensa mantenida
- Edad materna muy joven o avanzada
- Tabaco
Si tienes alguno de estos factores, coméntalo con tu ginecóloga o matrona: hay intervenciones preventivas, como la progesterona vaginal o el cerclaje (un punto en el cuello del útero), que en algunos casos están indicadas. El pesario cervical se usó durante años, pero un ensayo grande de 2023 no encontró que redujera los partos prematuros.
Las señales que requieren ir al hospital ahora
Estas son las señales ante las que no debes esperar a la próxima visita ni consultar por teléfono si hay dudas — hay que ir directamente a urgencias o llamar al 112 si no puedes desplazarte:
Contracciones regulares antes de la semana 37. No las de Braxton Hicks, que son irregulares y ceden con el reposo o el cambio de postura. Las contracciones de parto prematuro son regulares, se repiten cada 10 minutos o menos, duran entre 30 y 60 segundos, y no ceden al tumbarte ni al hidratarte.
Presión pélvica intensa y constante. Sensación de que el bebé está muy abajo, de que "algo baja", diferente a la presión habitual del tercer trimestre.
Flujo rosado, marrón o con sangre. Especialmente si va acompañado de contracciones. Un pequeño sangrado de tapón mucoso al final del embarazo puede ser normal, pero ante cualquier sangrado que no sea claramente un tapón mucoso, hay que consultar.
Rotura de membranas (bolsa de aguas). No siempre es el chorro de película. Puede ser un goteo continuo de líquido claro o amarillo pálido que no cesa, diferente al flujo habitual, que moja la ropa interior de forma continua. Si tienes dudas de si es líquido amniótico u orina (es más común de lo que parece confundirlos), ve al hospital: hay una prueba sencilla que lo determina en minutos.
Lo que parece preocupante pero suele ser normal
Estas señales, aunque pueden asustar, forman parte del embarazo normal en la mayoría de casos:
Contracciones de Braxton Hicks. Son irregulares, sin patrón, no duelen (o duelen levemente), y ceden al cambiar de postura o al hidratarse bien. Muy frecuentes en el tercer trimestre.
Ligera presión pélvica después de caminar mucho o estar mucho tiempo de pie. El útero pesa y tira hacia abajo. Si cede con el reposo, no es señal de alarma.
Aumento del flujo vaginal. Es normal que el flujo aumente en el tercer trimestre. La clave es el color y la consistencia: flujo blanco o transparente, sin olor fuerte, sin sangre, sin picor, es flujo normal.
Ningún profesional de urgencias va a molestarse porque vayas y resulte que no es nada. Esta frase no es un recurso retórico: es literal. Los equipos de obstetricia entienden perfectamente que estas señales generan incertidumbre, y prefieren hacer una evaluación rápida y tranquilizarte a que te quedes en casa dando vueltas. El coste de ir sin necesidad es una hora de tu tiempo. El coste de no ir puede ser muy diferente.
Qué ocurre si llegas y estás en parto prematuro
Si el diagnóstico se confirma, el equipo actúa en función de la semana gestacional y de cómo estés tú y el bebé:
Tocólisis: fármacos que intentan frenar o ralentizar las contracciones para ganar tiempo. No siempre son efectivos, pero incluso unas horas pueden marcar la diferencia para completar el tratamiento con corticoides.
Corticoides prenatales: se administran a la madre para acelerar la maduración pulmonar del bebé. Son uno de los tratamientos más eficaces de la medicina perinatal: dos dosis separadas 24 horas reducen el riesgo de distrés respiratorio y de muerte neonatal.
Sulfato de magnesio: si el parto va a producirse antes de la semana 30 (y a veces hasta la 34), se pone por vena para proteger el cerebro del bebé y reducir el riesgo de parálisis cerebral.
Traslado in utero: si el hospital donde estás no tiene UCI neonatal del nivel necesario, lo ideal es trasladarte antes del parto. Un bebé muy prematuro viaja mejor dentro de su madre que en una incubadora de transporte.
El parto prematuro no siempre se puede evitar, pero sí se puede manejar mucho mejor cuando se llega a tiempo. La información que tiene la madre sobre las señales de alerta es parte del tratamiento.
- Contracciones que se repiten cada 10 minutos o menos de forma regular
- Contracciones que no ceden con el reposo ni con hidratación
- Presión pélvica intensa, constante, diferente a la habitual
- Flujo rosado, marrón o con sangre (más allá del tapón mucoso)
- Líquido claro que gotea de forma continua y no cesa (posible rotura de membranas)
- Dolor de espalda baja constante que no has tenido antes
- Sensación de que "algo ha cambiado" que no sabes explicar bien — confía en tu cuerpo
