Penfigoide gestacional
Enfermedad autoinmune de la piel, rara y exclusiva del embarazo, en la que el sistema inmunitario ataca la unión entre capas de la piel. Empieza con un picor intenso y ronchas alrededor del ombligo que pueden acabar en ampollas tensas. Se confirma con biopsia y se trata con corticoides.
Qué es y cómo empieza
Es una enfermedad rara: aparece en torno a uno de cada 50.000 embarazos. Es autoinmune, lo que quiere decir que el propio organismo fabrica anticuerpos contra dos proteínas, llamadas BP180 y BP230, que mantienen unida la epidermis a la capa de debajo. Cuando esa unión se daña, la piel se inflama, pica muchísimo y termina por despegarse en forma de ampollas. Se asocia de forma específica al embarazo, y en casos excepcionales a la enfermedad trofoblástica, como la mola o el coriocarcinoma, porque lo que parece desencadenarla es tejido de la placenta.
Lo típico es que empiece en el segundo o el tercer trimestre, aunque se ha descrito desde la semana 13 y también en los días siguientes al parto. Los primeros síntomas son ronchas rojas que pican mucho alrededor del ombligo; en días o semanas se extienden al tronco, las nalgas y los brazos, y al cabo de dos a cuatro semanas pueden aparecer ampollas grandes y tensas llenas de líquido amarillento. La cara, el cuero cabelludo, las palmas, las plantas y las mucosas suelen quedar a salvo. No todas las mujeres llegan a tener ampollas: algunas se quedan en la fase de placas que parecen urticaria, que es justo la fase en la que se confunde con otras erupciones del embarazo.
Por qué no es lo mismo que la erupción polimorfa, aunque al principio se parezcan
El diagnóstico que más se le parece es la erupción polimorfa del embarazo, que es muchísimo más frecuente. En una serie de 505 embarazadas con erupciones que picaban, atendidas en dos hospitales universitarios de dermatología, la erupción polimorfa supuso el 21,6 % de los diagnósticos y el penfigoide gestacional, el 4,2 %, y eso en centros de referencia, donde se concentran los casos raros. Las dos aparecen al final del embarazo y las dos afectan al abdomen, así que en las primeras fases pueden ser imposibles de distinguir a simple vista.
Hay dos pistas que orientan. La erupción polimorfa empieza dentro de las estrías y respeta el ombligo, y es típica del primer embarazo y de los gemelos; el penfigoide empieza en el ombligo mismo o a su alrededor, puede presentarse en cualquier embarazo y forma ampollas. Pero lo que zanja la duda es una biopsia de piel con inmunofluorescencia directa, en la que el penfigoide deja un depósito lineal característico a lo largo de la unión entre la epidermis y la dermis. Es una prueba sencilla y merece la pena hacerla, porque de ella depende si el embarazo pasa a vigilarse como de riesgo o no.
Si te lo han diagnosticado: qué pasa contigo, con el bebé y con el siguiente embarazo
Para ti es una enfermedad muy molesta pero rara vez grave, y se controla con corticoides: en crema cuando es leve y por boca cuando está extendida, a la dosis mínima que funcione. Si te preocupa tomar corticoides embarazada, este dato te interesa: en un estudio de 61 embarazos con penfigoide gestacional, el tratamiento con corticoides sistémicos no se asoció con peores resultados del embarazo, y sus autores concluyen que su uso está justificado. Lo que sí se asoció con parto más temprano, prematuridad y bajo peso al nacer fue la propia enfermedad cuando empezaba en el primer o segundo trimestre o cuando formaba ampollas. Por eso esos embarazos se consideran de riesgo y conviene que te sigan a la vez dermatología y obstetricia, con atención al crecimiento del bebé.
En torno a uno de cada diez bebés nace con lesiones parecidas, porque los anticuerpos de la madre cruzan la placenta; son pasajeras y desaparecen solas a medida que el bebé elimina esos anticuerpos, así que avisa al pediatra para que no le sorprendan. Tampoco te extrañe que empeore justo en el parto, cosa que pasa en tres de cada cuatro mujeres, ni que tarde en irse: la mayoría mejora en semanas o meses, y a los nueve meses el 80 % está en remisión completa, aunque la mitad todavía con algo de tratamiento. Lo habitual es que reaparezca en los embarazos siguientes, a menudo antes y con más intensidad, y puede reactivarse con la regla o con los anticonceptivos hormonales, algo que conviene hablar antes de elegir método tras el parto.