Hemorragia posparto
Sangrado excesivo después del parto: más de 500 ml tras un parto vaginal o más de 1.000 ml tras una cesárea. Es primaria si ocurre en las primeras 24 horas y secundaria o tardía si aparece entre las 24 horas y las 12 semanas. La causa más frecuente es que el útero no se contrae bien.
Medio litro, un litro, y por qué la cifra se calcula mal
La definición clásica es sencilla: hemorragia posparto es perder más de 500 ml de sangre por vía genital tras el parto, y en la cesárea, donde siempre se sangra más, el umbral que se usa para hablar de pérdida importante es de 1.000 ml. Se llama masiva cuando se pierde entre el 30 % y el 40 % del volumen de sangre. Se distingue además por el momento: primaria si ocurre en las primeras 24 horas, que es lo habitual, y secundaria si aparece entre las 24 horas y las 12 semanas, ya muchas veces en casa. Estas cifras las recoge una revisión de 2017 sobre hemorragia obstétrica, que añade una advertencia clave: una mujer anémica o de poco peso puede ponerse grave perdiendo menos sangre.
El problema es que en el paritorio la sangre se ha calculado durante décadas a ojo, mirando empapadores y gasas, y esa estimación se equivoca mucho, casi siempre por defecto. El ensayo E-MOTIVE, publicado en 2023 con más de 210.000 partos vaginales en 80 hospitales de Kenia, Nigeria, Sudáfrica y Tanzania, lo cambió con algo muy simple: una bolsa graduada colocada bajo la mujer que recoge y mide la sangre, más un protocolo de tratamiento que se aplica en bloque en cuanto se supera el umbral. La hemorragia se detectó en el 93 % de los casos frente al 51 % con la práctica habitual, y el resultado combinado de hemorragia grave, cirugía por sangrado o muerte bajó del 4,3 % al 1,6 %. La lección sirve también aquí: medir en lugar de estimar.
Las cuatro T y lo que se hace en los primeros minutos
Las causas se resumen con una regla nemotécnica, las cuatro T. Tono: el útero no se contrae lo suficiente para cerrar los vasos donde estaba la placenta; es la causa de alrededor del 80 % de los casos. Trauma: desgarros del periné, la vagina o el cuello del útero, en torno al 13 %. Tejido: restos de placenta que se quedan dentro o una placenta que invade la pared, un 5 %. Y trombina: problemas de coagulación, un 2 %. La guía NICE enumera los factores que aumentan el riesgo, entre otros una hemorragia previa de más de un litro, la preeclampsia, la anemia al empezar el parto, un índice de masa corporal mayor de 35, haber tenido cuatro partos o más, la inducción, un parto muy largo o muy rápido, y hasta tomar antidepresivos ISRS o IRSN el mes anterior al parto, con un aumento pequeño.
Si ocurre, NICE pide pedir ayuda, vaciar la vejiga, masajear el útero a través de la barriga y dar fármacos que lo contraigan. A eso se suma el ácido tranexámico, 1 gramo por vena, que frena la destrucción de los coágulos. Su respaldo viene del ensayo WOMAN, con 20.060 mujeres en 21 países: redujo las muertes por hemorragia del 1,9 % al 1,5 %, y del 1,7 % al 1,2 % cuando se daba en las tres primeras horas, aunque no redujo las histerectomías. Por eso importa tanto la rapidez. La prevención empieza antes, con el manejo activo del alumbramiento, que la ficha de alumbramiento explica con sus pros y sus contras.
En casa, los días siguientes: la hemorragia que llega tarde
Sangrar durante semanas después del parto es normal: son los loquios, que empiezan rojos y abundantes y se van aclarando. La hemorragia secundaria es otra cosa, y según la revisión de 2017 suele deberse a restos de placenta que se quedaron dentro combinados con una infección del útero (endometritis); se trata con antibióticos y, si la ecografía o la exploración muestran restos, con una aspiración o legrado. Las señales para consultar ese mismo día son empapar una compresa en una hora o menos, expulsar coágulos grandes, que el sangrado vuelva a ser rojo intenso después de haberse aclarado, fiebre o loquios con mal olor, y sentir mareo, palpitaciones o que te vas a desmayar al ponerte de pie.
Si en tu informe de alta pone «hemorragia posparto» o «atonía uterina», quiere decir que sangraste más de lo normal y probablemente por un útero que tardó en contraerse. Lo práctico es pedir una analítica de control si no te la han hecho, porque tras una hemorragia es muy común quedarse con anemia, que explica buena parte del cansancio de las primeras semanas y se trata con hierro. Y apúntalo para un futuro embarazo: una hemorragia importante previa es uno de los factores de riesgo que NICE tiene en cuenta para recomendar parir en un hospital con todos los medios y preparar el alumbramiento con antelación.
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