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Nidar
— Glosario · Letra G

Galactagogos

Medicamentos, hierbas o alimentos que se toman para aumentar la producción de leche, como la domperidona, el fenogreco o la cerveza sin alcohol. La evidencia de todos ellos es escasa y ninguno funciona si el pecho no se vacía a menudo y bien: lo primero es revisar la técnica y la frecuencia de las tomas.

Antes de cualquier pastilla: por qué no hay leche

Un galactagogo es cualquier sustancia que se toma para producir más leche. El problema es que casi siempre se busca por una sensación, «no tengo suficiente leche», y no por un dato. El protocolo de la Academy of Breastfeeding Medicine sobre galactagogos, revisado en 2018, empieza por ahí: antes de pensar en ninguno hay que comprobar que el bebé gana poco peso por falta de leche y no por otra causa suya, y buscar causas médicas en la madre que tienen su propio tratamiento. Su lista incluye el hipotiroidismo, los restos de placenta retenidos, tomar cápsulas de placenta, la cirugía de mama previa, el síndrome de ovario poliquístico, la insuficiencia primaria del tejido glandular, la pérdida de secreción de prolactina tras una hemorragia posparto grave, un nuevo embarazo, algunos medicamentos y fumar mucho o beber alcohol.

Lo siguiente es mirar cuánto y cómo se vacía el pecho, porque ahí está el motor de la producción. Según el mismo protocolo, la baja producción suele estar relacionada con una extracción de leche insuficiente: bebés que no drenan bien el pecho, pautas de tomas inadecuadas, enfermedad u hospitalización de la madre o del bebé, o separaciones frecuentes por trabajo o estudios. Y lo dice sin rodeos: los galactagogos no aumentan la producción si el pecho se drena poco o mal. Por eso el primer paso es aumentar la frecuencia y la eficacia de las tomas o de las extracciones, con una matrona o una asesora de lactancia que vea cómo mama el bebé. La conclusión general de la ABM es que la investigación sigue sin ser concluyente, que todos los agentes tienen posibles efectos adversos y que no puede recomendar ningún galactagogo concreto.

Domperidona y metoclopramida: qué hay detrás de las recetas

Los dos fármacos que más se usan con este fin bloquean la dopamina, que es el freno natural de la prolactina, y así la elevan. De la domperidona hay algo de evidencia: una revisión Cochrane de 2012 con dos ensayos y 59 madres de prematuros encontró un aumento medio de 99 mililitros al día con 30 mg diarios durante 7 o 14 días, y otra revisión posterior de 88 mililitros. Pero el efecto no siempre se mantiene. En un ensayo con madres de prematuros, a los 14 días el 77,8 % de las que tomaban domperidona había aumentado su producción un 50 %, frente al 57,8 % de las que tomaban placebo, y a los 28 días ya no había diferencias. Con la metoclopramida, los cinco ensayos controlados con placebo publicados entre 1980 y 2011 no encontraron diferencias en el volumen de leche ni en la duración de la lactancia, y tiene efectos adversos como ansiedad, depresión y movimientos involuntarios.

El freno de la domperidona es el corazón. Puede alargar el intervalo QT del electrocardiograma y se ha relacionado con arritmias ventriculares y muerte súbita, sobre todo en personas mayores y enfermas. El protocolo de la ABM cita un estudio de más de 225.000 mujeres en el posparto en el que las únicas que tuvieron arritmias ventriculares tomando domperidona ya tenían antecedentes de ellas. En 2014, tras la revisión europea, la AEMPS restringió su uso al alivio de náuseas y vómitos, durante el menor tiempo posible y sin pasar de 10 mg tres veces al día, y la desaconsejó con otros medicamentos que alarguen el QT o que sean inhibidores potentes del CYP3A4. Es decir, en España dar domperidona para la leche es un uso fuera de ficha técnica: puede prescribirse, pero es una decisión médica individual, no algo que tomar por tu cuenta.

Fenogreco, cerveza y avena: lo que queda cuando se miran los datos

La lista de remedios tradicionales es larga: fenogreco, galega, cardo mariano, avena, hinojo, anís, moringa y muchos más. El protocolo de la ABM reconoce que se han usado durante siglos sin daños evidentes, lo que tranquiliza, pero añade que hay poca o ninguna evidencia científica de su eficacia o su seguridad, que los estudios tienen los mismos defectos que los de los fármacos y que los preparados de hierbas no están regulados. Del fenogreco, el más popular, dice que sus resultados son mixtos y de baja calidad, y advierte de reacciones alérgicas graves y de alergia cruzada con cacahuetes, garbanzos y otras legumbres, además de diarrea, un olor corporal parecido al jarabe de arce y posibles efectos sobre la glucosa. Sobre la cerveza, el ingrediente con posible efecto parece ser el lúpulo, mientras que el alcohol puede incluso reducir la producción.

El caso de la cerveza sin alcohol ilustra bien el malentendido: un componente de la cebada puede aumentar la secreción de prolactina, pero más prolactina no significa más leche una vez establecida la lactancia, porque lo que marca la cantidad es cuánto se extrae. Si tu bebé moja sus pañales, ha recuperado el peso del nacimiento y va ganando, no necesitas ningún galactagogo, aunque notes el pecho blando o te pida muy a menudo. Si de verdad gana poco, lo que funciona primero es más tomas, mejor agarre y, si el bebé no drena bien el pecho, extracción a mano o con sacaleches, con alguien que te vea dar el pecho. Si después de eso se valora un fármaco, pide que te expliquen qué se espera ganar, durante cuánto tiempo y qué riesgos tiene, y que haya seguimiento del peso del bebé.