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Nidar
— Glosario · Letra E

Ecografía del tercer trimestre

Ecografía que se hace hacia el final del embarazo, habitualmente entre las semanas 32 y 36, para valorar el crecimiento del bebé, la cantidad de líquido amniótico, la posición de la placenta y la presentación. En España se ofrece a casi todas, aunque la guía del Ministerio de Sanidad no la recomienda de rutina en embarazos de bajo riesgo.

Qué mira, y qué no puede decirte

La ecografía del tercer trimestre no busca malformaciones, que es el trabajo de la de la semana 20. Su objetivo es comprobar cómo está creciendo el bebé y en qué condiciones llega al final. Se miden la cabeza, el abdomen y el fémur, y con esas medidas se calcula un peso estimado y su percentil. Se valora el líquido amniótico, porque tanto el exceso como la falta pueden cambiar el plan. Se comprueba dónde está la placenta, algo importante si en la de la semana 20 estaba baja, porque muchas veces se aleja del cuello del útero al crecer el útero. Y se anota la presentación, es decir, si el bebé está de cabeza, de nalgas o atravesado. Si algo no cuadra, se añade un Doppler para ver cómo llega la sangre al bebé.

Lo que no puede darte es un peso exacto. El peso estimado tiene un margen de error considerable, que empeora cuanto más grande o más pequeño es el bebé, y por eso un «va a ser grande» o un «viene pequeñito» a las 34 semanas se confirma o se desmiente en el paritorio. Tampoco dice cómo va a ir el parto ni si el bebé cabe por la pelvis. Y una presentación de nalgas en la semana 32 no es definitiva: a esa altura muchos bebés todavía no se han colocado, y lo que cuenta es cómo están unas semanas después.

Detecta más bebés pequeños, pero no mejora los resultados

Aquí está el matiz que casi nadie explica. Si se hace la ecografía a todas las embarazadas, se detectan muchos más bebés pequeños que midiendo solo la altura del útero y haciendo ecografía cuando hay sospecha. En el estudio POP de Cambridge, con 3.977 primerizas a las que se hizo ecografía en las semanas 28 y 36 sin que sus médicos vieran los resultados, la ecografía universal habría detectado el 57 % de los bebés pequeños para su edad, frente al 20 % de la estrategia habitual: casi el triple. La pregunta lógica es si detectar más sirve de algo, y para responderla hacen falta ensayos aleatorizados.

Los ensayos dicen que no. La revisión Cochrane de 2015 no encontró beneficio: en los ocho ensayos que medían la mortalidad perinatal, con 30.675 mujeres, la mortalidad fue la misma (riesgo relativo de 1,01), ni tampoco en partos prematuros, inducciones o cesáreas. El ensayo holandés IRIS, publicado en 2019 con 13.046 embarazadas de bajo riesgo, lo confirmó con la práctica actual: dos ecografías rutinarias, a las 28-30 y 34-36 semanas, detectaron más bebés pequeños (el 32 % frente al 19 %), pero las complicaciones graves fueron las mismas (1,7 % frente a 1,8 %) y hubo más inducciones del parto. Por eso la guía de práctica clínica del Ministerio de Sanidad sugiere no hacerla de rutina, con una recomendación débil. Que en España se siga ofreciendo a casi todas no es ilegítimo, pero conviene saber que su beneficio en un embarazo sin factores de riesgo no está demostrado.

Si en el informe pone un percentil bajo, o un bebé grande

La razón por la que detectar más no mejora los resultados es que la mayoría de los bebés que salen pequeños en una ecografía son simplemente pequeños, sanos, hijos de padres menudos, y una parte ni siquiera lo son al nacer. El estudio POP encontró que el riesgo real estaba en un subgrupo: bebés pequeños que además crecían despacio entre una ecografía y la siguiente. Por eso, si en tu informe aparece un percentil bajo, lo habitual no es actuar de inmediato, sino repetir la ecografía en unas dos semanas para ver la velocidad de crecimiento y hacer un Doppler. Si el Doppler es normal y el bebé sigue su curva, se trata como un bebé pequeño constitucional y el seguimiento se relaja; si no, se habla de restricción del crecimiento y el plan cambia.

Si el informe dice lo contrario, que el bebé es grande, recuerda que el error del peso estimado es mayor precisamente en los bebés grandes, y pregunta antes de aceptar una inducción o una cesárea solo por esa cifra. Y sea cual sea el resultado, la ecografía no sustituye lo que puedes vigilar tú: si notas que el bebé se mueve menos de lo habitual, consulta ese mismo día, aunque la última ecografía fuera perfecta. Una ecografía es una foto de un momento; los movimientos son la información del día a día.