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Nidar
— Glosario · Letra T

Tortícolis congénita

Inclinación de la cabeza del bebé hacia un lado, con la barbilla girada hacia el contrario, por acortamiento de uno de los músculos del cuello, el esternocleidomastoideo. A veces se palpa en ese músculo un bulto duro, la «oliva». Se nota en las primeras semanas y casi siempre se corrige con estiramientos y fisioterapia si se empieza pronto.

El músculo acortado y la «oliva» que asusta

El esternocleidomastoideo es el músculo que va desde detrás de la oreja hasta el esternón y la clavícula, uno a cada lado del cuello. Cuando uno de los dos está acortado, tira de la cabeza: el bebé la inclina hacia ese lado y gira la barbilla hacia el contrario. Si el músculo derecho es el corto, la oreja derecha tiende a acercarse al hombro derecho y la cara mira hacia la izquierda. Lo que suelen notar los padres es que el bebé mira siempre hacia el mismo lado, que le cuesta girar la cabeza hacia el otro o que coge un pecho mucho mejor que el otro.

En algunos bebés se palpa además un bulto duro y alargado dentro del propio músculo: es la «oliva» o pseudotumor del esternocleidomastoideo. Se nota sobre todo en las primeras semanas y asusta porque parece una masa, pero es tejido del músculo engrosado y fibroso, no un tumor. En la serie de Cheng, 510 bebés con ese bulto seguidos durante una media de tres años y medio, la edad media a la que se detectó fue el día 24 de vida y el 92,7 % se diagnosticó antes de los tres meses. La tortícolis se asoció con más frecuencia a los partos de nalgas y a los partos instrumentales, lo que apoya que tiene que ver con la postura dentro del útero y con el propio parto.

Estirar funciona, y cuanto antes, mejor

El tratamiento de base no es una operación sino un programa de estiramientos pasivos del cuello que hacen los padres en casa, enseñados y revisados por un fisioterapeuta, junto con cambios de postura para que el bebé gire hacia el lado que le cuesta. La guía de fisioterapia americana, actualizada en 2024, pide identificar y derivar pronto a estos bebés, y la revisión sistemática que la preparó considera que los estiramientos pasivos del cuello tienen evidencia suficiente para recomendarse con fuerza como primera opción.

Los resultados son buenos. En la serie de 510 bebés con oliva, el 90,7 % tuvo un resultado excelente o bueno con estiramientos precoces y mantenidos, y solo el 6,7 % acabó necesitando cirugía, todos en el grupo con más limitación para girar el cuello. En otro estudio del mismo equipo con 821 bebés tratados antes del año, el pronóstico dependió sobre todo de tres cosas: del tipo de tortícolis, de cuánto le costaba girar el cuello al empezar y de la edad a la que se empezó. Necesitaron cirugía el 8 % de los que tenían oliva, el 3 % de los que tenían el músculo tenso sin bulto y ninguno de los que tenían una tortícolis solo postural.

Si el pediatra lo ha anotado: la cabeza plana y la cadera

Una tortícolis suele venir con otras dos cosas que conviene mirar. La primera es la cabeza plana: un bebé que apoya siempre el mismo lado de la nuca acaba aplanándolo, y la tortícolis es una de las causas más frecuentes de plagiocefalia postural, que tiene su propia ficha. Tratar el cuello es parte del tratamiento de la cabeza. La segunda es la cadera: en esa misma serie de 510 bebés, la displasia de cadera apareció hasta en el 11,6 % de los bebés, más cuanto más limitado estaba el cuello. Por eso a un bebé con tortícolis se le exploran las caderas con especial cuidado, y es razonable preguntar si necesita ecografía.

En casa, lo que más ayuda es lo cotidiano: ofrecerle los juguetes, la voz y la luz por el lado hacia el que le cuesta girar, alternar el brazo con el que lo coges y el lado de la cuna por el que te acercas, y ponerlo boca abajo, despierto y vigilado, varias veces al día. Los estiramientos se hacen con suavidad, nunca forzando ni cuando llora, tal y como os los haya enseñado el fisioterapeuta. Consulta de nuevo si no mejora en las revisiones, si el bulto crece en vez de reducirse, o si la inclinación de la cabeza aparece de golpe en un bebé mayor, con fiebre, vómitos o un ojo desviado: eso ya no es una tortícolis congénita y se mira ese día.